El Encuentro

 

Bajó del autobús atestado de gente, casi a empellones. Hacía demasiado calor para proseguir el trayecto. ¡Ni un minuto más!, dijo para sí. -Continuaré a pie a pesar del ruido del tráfico y mis incómodos zapatos- pensó. La tarde invitaba al paseo pero no en una ciudad tan estridente. Su semblante se hizo menos rígido, más natural. Después de detenerse un instante para llenar sus pulmones y tras tomar conciencia de su libertad, levantó la mirada y contempló las copas de los árboles. Estaban plagadas de flores y brotes nuevos. Cada primavera se producía el prodigio. Resultaba inconcebible que pudiese nacer algo tan hermoso de aquellos viejos árboles, retorcidos y llenos de bultos de savia estrangulada por la mala poda. Era como una transformación, un milagro.

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Ella era una mujer todavía joven, en su aspecto sobre todo, lo que en realidad más le importaba.Aunque estuviera cercana a la jubilación, no por ello descuidaba su imagen. Le costaba reconocerse madre de hijos independientes y por ende, abuela. Esto último aún no lo había asumido.

Telma se dejó llevar con placidez hacia un punto indefinido de su destino. Desató las ligaduras de obligaciones y deberes. No deseó pensar en nada más. Disfrutaba cuando era conducida por sus instintos. Lo mejor, el azar, la suerte que no avisa pero otorga milagros y sorpresas. La maravillosa improvisación, la inmediatez y luego, un mundo de satisfacciones. Porque lo que no está preparado de antemano y surge sin previo aviso se saborea mejor, posee la dulzura de un premio inmerecido.

Estos y otros razonamientos acompañaron su camino. La tarde se hacía más tibia y un vientecillo suave la envolvió. Su abstracción terminó con un golpe seco en su espalda. Se detuvo y comprobó que alguien llamaba su atención. Como por encanto, una figura humana se mostró ante sus ojos. Una mujer de mediana edad, corpulenta y algo ruda en sus ademanes la saludó sin demasiada cortesía. Se volvió, la miró de repente y reconoció a la que en otro tiempo hubo de ser su más encarnizada rival en aquel trabajo que ocupó casi veinte años de su vida.

Telma estaba consternada, casi petrificada por aquella aparición, agarrotados los músculos, sin saber qué decir ni cómo iniciar una conversación que ya estaba maldita antes de sus comienzos.

Aquella mujer… esforzó su memoria con intensidad. ¡Andrea se llamaba!

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Se cruzaron saludos, besos próximos aunque falsos, miradas que desnudaban a plena luz del día, que escudriñaban un todo e inventaban lo que no existía. Y Telma se sintió por ello despojada de alma y espíritu. Aquella arpía intentaba una vez más adueñarse de su esencia. No deseaba enfrentamientos, tan solo ansiaba salir de aquella situación tan indeseable como involuntaria.

Un impulso repentino, de esos que Telma valoraba por el ímpetu del momento, la casualidad o el buen acierto, la llevó a concluir ese momento amargo y terrible. Nunca supo enfrentarse a ella con valentía y ahora, ese golpe de suerte le brindaba la oportunidad de ponerlo en práctica.

Andrea Prosiguió con un bombardeo de preguntas indiscretas, frases atrevidas y comentarios que rebosaban menosprecio. Estaba claro que su intención no era otra que añadir nuevos ataques que tiempo atrás no pudo concluir. Y Telma escaparía de aquella locura consentida y aceptada o tal vez ignorada por aquellos que no supieron valorar sus méritos y la abandonaron en brazos de una mujer sin escrúpulos.

Y ahora tropezaba con ella que destilaba vileza, más años y y ninguna cortesía. Enseguida comprendió que la sorpresa no era un buen elemento a qué aferrarse. Que la inmediatez y la espontaneidad no siempre cerraban con broche de oro una página en el libro de una vida. Sin embargo, hubo algo que hizo malograr los deseos impíos de aquella desgraciada. y fue la ventura la que rescató de aquellas garras a Telma. El tiempo se detuvo y separó a las dos mujeres con un muro infranqueable. Andrea, hasta ahora en paradero desconocido, estaba siendo investigada por la policía al haber sido acusada de diversos delitos en la empresa que supuestamente dirigía. ¡Mala fortuna! La estridente sirena del coche policial apagó la sordina del tráfico y los transeúntes se arremolinaron en círculo rodeando a las dos mujeres. Momentos después, Telma vio cómo aquella que surgió de la nada pretendiendo lastimarla de nuevo, fue arrastrada hacia un coche celular hasta que desapareció sin dejar rastro. Triste destino para un alma atormentada por la codicia y el resentimiento, los celos y la envidia.

 

Aquella tarde se hizo memorable. Los recuerdos se transformaron en una mera anécdota, y la alegría volvió a reflejarse en los ojos de Telma. Después de todo, el impulso que la hizo abandonar el autobús para elegir un solitario paseo a ninguna parte, se convirtió en su mayor triunfo.

María de Fraile, Agosto 2017.-

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Martin Heidegger

Martin Heidegger, un paradigma controvertido en el presente.

 

¿Y qué pueden esperar los jóvenes de generaciones futuras?

“El nazismo es un principio bárbaro. Ese es su mayor potencial y donde reside su grandeza”. Martin Heidegger

El hombre es un ser más en la naturaleza. Más complejo y organizado que los demás seres naturales, pero está sujeto en todas sus manifestaciones a las mismas leyes. El hombre es pues, uno más entre los seres del universo. Esta filosofía gira en torno al hombre y Heidegger descubre el existencialismo como clave para definir su teoría filosófica.

El existencialismo surge en 1927 muy próximo a las filosofías de la vida de Frederick Nietzsche. En ese año Heidegger publica “El Ser y el Tiempo” y presenta El Anuario para la Filosofía y la Búsqueda Fenomenológica, dirigido por el filósofo Edmund Husserl, su maestro indiscutible.

Esa corriente filosófica que transcurrió en el período comprendido entre la segunda guerra mundial y la posguerra, fue destructor y trágico, que en nada favoreció a filósofos y pensadores para estructurar una conciencia clara sobre la existencia del hombre.

El Existencialismo se presenta como una ideología pesimista. Su conclusión es que la existencia del hombre carece de sentido, como apunta Jean Paul Sartre “El Hombre es una pasión inútil”.

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Heidegger hacia 1933

Pero Heidegger acoge a los estudiantes judíos en sus seminarios, se convierte en el amante de Hannah Arendt, filósofa judía alemana, arrestada y enviada al campo de concentración femenino de Gurs, en el sur de Francia y, sin un resquicio de escrúpulo, se gana las simpatías de otro público, contrario o entusiasta a las consignas hitlerianas de la sociedad alemana. Por un lado, Martin Heidegger no anuncia ningún lamento o remordimiento sobre su compromiso nazi, sino que trasluce un antisemitismo sin máscara y un extremismo ideológico que no ha sido enmendado, o al menos abjurado. Lo más sorprendente es que no solo no ha destruído sus notas comprometedoras, sino que ha programado su publicación póstuma como si se tratara de entregar el testigo a la humanidad para no sufrir en vida las consecuencias de sus criticas.

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Reunión de profesores de universidad en Leipzig en noviembre de 1933

Recientemente, en Octubre pasado el semanario alemán Die Zeit publicó extractos de unas cartas que Heidegger envió a su amigo Fritz: así se confirman una vez más las convicciones racistas y extremistas del pensador.

¿Qué hacer, entonces con Heidegger?

Está claro que el filósofo acepta la adhesión al partido nazi y se vincula a él el 9 de mayo de 1933 en la ciudad alemana de Friburgo, según lo atestiguan los registros legales, sin importarle en absoluto en qué medida podrían afectarle en su carrera profesional o en su vida privada.

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En su jubilación de Todtnauberg en 1968

Los “Cuadernos Negros” sin publicar aún, podrían esclarecer muchos puntos oscuros de su vida después de años de incógnitas y condicionar en gran medida su teoría filosófica sobre el ser y el yo, el mundo del hombre y el mundo que le rodea, la preocupación del propio yo. El hecho de tener conciencia, de ser un “pour-soi” para sí, como dijera Jean Paul Sartre, frente a las cosas que carecen de conciencia y forman el “en-soi” en sí mismas.

Pequeña biografía:

Martin Heidegger nace en la ciudad de Messkirch, el 26 de Septiembre de 1889. su padre fabricaba toneles y ejercía el oficio de sacristán.

Cursa estudios en la Facultad de Teología y llega a cuestionarse el ingreso en una orden religiosa.

Estudia a Pascal, así como a los alemanes Hegel, Schelling y Hölderling. Descubre la Fenomenología de Husserl.

En 1923 consigue una plaza como profesor en la Universidad de Marbourg.

Después de publicar “El Ser y el Tiempo” en el Anuario de Filosofía y la Búsqueda de la Fenomenología, imparte diversos cursos sobre la Crítica de la Razón Pura de Kant, para más tarde suceder a Husserl en su cátedra de la Universidad de Friburgo.

Continua sus trabajos durante los años siguientes que precedieron al conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. No pierde el tiempo en reflexiones políticas y celebra conferencias, cursos y seminarios sin afectarle ni pormenorizar sobre las consecuencias de la guerra. Se convierte en un intocable durante los seis años terribles de la contienda.

 

 

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En 1968, junto a su refugio de montaña

“Merece la pena cuestionar a Occidente sobre sus propias cegueras y determinismos, así como las tentaciones tiránicas de su universalismo. Heidegger encarna los excesos de nuestra tradición y nos ayuda a reflexionar sobre ello en toda su obra”.

Patrice Bollon, Periodista y Ensayista.

María de Fraile, Agosto 2017.-

Polonia, el tercer Reich y la Música

Chopin, el cine y Roman Polansky.

De la película “El Pianista” del director Roman Polansky, se pueden extraer ciertas conclusiones. Estaba por encima de toda duda la pasión, entusiasmo e incluso la veneración que manifestaba el director al recrearse en una historia tan ingenua, aún más, podría ser susceptible a los sentimientos del espectador.

Un argumento tan verosímil como real hace que se enfrenten el mundo de la guerra y la dictadura nazi en una opresión casi al límite del estrangulamiento, en una Polonia invadida, menospreciada, casi anulada por el tercer Reich alemán.

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El espíritu de la música brota entre los escombros y las ruinas de Varsovia en el gueto judío. El relato sobre un compositor y pianista polaco, Wladyslaw Szpilman, que vivió en primera persona las experiencias y situaciones más dispares de que consta el relato, toma carta de naturaleza y consigue tonalidades inesperadas en las piezas musicales escogidas para ambientar el film.

Y el dragón alemán es vencido frente a las notas sublimes de un compositor como Chopin a través de los dedos temblorosos de un judío perseguido, fugitivo sin remisión, abocado al exterminio en el Campo de Auschwitz. Extenuado por la fatiga, el frío y el hambre, encuentra refugio en una casa en ruinas. Busca protección, comida, calor humano y no lo halla. Solo hay soledad y un piano en un rincón alejado de un salón destruido por las bombas. Se acerca a él y busca apoyo para acariciarlo. Por fortuna, no ha sufrido demasiado daño. Sus manos se deslizan suaves sobre el teclado.

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Detrás de un muro resquebrajado, un oficial nazi escucha agazapado. La emoción le embarga. Entonces, se produce el milagro. La ira, el odio vuelan por encima de sus cabezas hasta convertirse en humo. Sus miradas se encuentran, primero sorprendidos, luego conscientes de una realidad se dejan llevar por el efecto embriagador que actúa sobre ellos como un bálsamo. La música se hace dueña de sus sentimientos.

El tiempo se detiene. Ya no hay persecución solo belleza. Se abre un diálogo entre lo que hubiera podido ser y la fantasía de ese momento de gloria.

El_pianista-174753064-largeDesaparecieron los rencores del perseguidor. El temor del fugitivo se transformó en bienestar.

En Cracovia, de repente el invierno desaparece y da paso a una cálida brisa mientras suena Chopin a un solo instrumento, sin orquesta ni batuta, en una pequeña estancia. Más allá, al final de la angosta calle, el horror de la guerra les desafía.

Todo se ha destruido menos el corazón de ambos. Víctima y verdugo se unen en un abrazo ante un auditorio vacío y silencioso. No hay aplausos. La música ha vuelto a obrar el gran milagro de la comunión de almas.

María de Fraile, Julio 2017.-

La Primavera en el Ártico

Nuevos momentos en la vida de una mujer viajera.

IMG_2299Tras los confines de los fríos mares árticos, la belleza de una primavera que se acaba aflora sin apenas desearlo. El mar del Norte se agita aún en esta mañana de finales de mayo. Parece como si el invierno no se hubiera marchado, pero las aves saben que es el momento de preparar el nido para incubar a sus polluelos.

Entre piedras de basalto y aguas salinas profundas, una pequeña isla emerge del fiordo. La isla solitaria de los pájaros del norte.

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Araos aliblancos incubando huevos.

Y es cuando el cielo se cubre de charranes árticos, frailecillos, araos aliblancos y patos eider. Para contemplarlos más de cerca, hay que llegar hasta la isla de Vigur, al norte de Islandia. Un pequeño barco a motor cubre la distancia de una media hora entre Akureyri y la isla, dentro del mismo fiordo de Eyjafjödur, un poco más al norte.

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Pato Eider

La lluvia me impide ver con claridad a todas las aves, camufladas sobre un lecho de tundra y piedras negras, muy cerca de la orilla. Permanecen quietas largas horas sobre los huevos y las gotas de agua se perlan entre el plumaje como si un manto de lentejuelas las cubriese.

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A un lado, cerca de la ensenada, dejamos el viejo embarcadero para admirar casi junto a la pequeña playa, el único y viejo molino de viento de Islandia, que fue construido en 1840 para moler el trigo que procedía de Dinamarca, dominadora de todo el país islandés hasta el siglo XX.

La nieve y el hielo cubren las cimas de las montañas y los glaciares dejan al descubierto sus perfiles pelados, las crestas de sus cimas y juegan con las nubes grises que, casi se diluyen en las aguas verdes del fiordo.

La calma es total. La sensación de infinitud se transforma en un espejo de cristal puro. Solo el ruido de la lluvia sobre mi cabeza logra distraer la atención en el silencio del fiordo, a mi gran espíritu de aventura.

 

 

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María de Fraile, Julio de 2017.-

Una Luz en el Horizonte

Hoy sigo en otra mesa de cualquier café. Es el lugar favorito para dar rienda suelta a mis pensamientos y llenar de elucubraciones los huecos vacíos de mi cerebro.

En mi confusión, intento racionalizar acontecimientos, emociones, pasos en falso. es todo un alarde, en el desequilibrio inesperado pero real que hace material lo estricto y etéreo.

He perdido algo de lo que hasta ahora ignoraba y que me hace estar algo hueca, menos complementada que antes. La fuerza, el dominio del que en otro tiempo había hecho alarde, se fue escapando de entre mis dedos como la espuma de jabón.

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Esta situación de amor y duelo, de alegría y desasosiego, la he sufrido tantas veces que no llego a acostumbrarme, cuando aparece ante mí sin esperarlo. Es una aceptación y negación a la vez. Las acepto resignada pero me niego a sufrirlas de nuevo.

Y continúo sola, a la espera de que algo cambie. Demasiadas veces en soledad que ya he perdido la cuenta. Esta vez no invento historias ni trato de evadirme de una realidad tan esperada como incomprendida.

El tiempo pasa y sigo buscando una consecuencia a esta locura que me ha tocado vivir. No un por qué, sino un hasta cuándo.

La soledad es como el filo de un cuchillo. Bien afilado puede acabar con la esperanza de fe. La voluntad de continuar la lucha se puede romper de repente y, entonces, puede caer en un vacío infinito. La tristeza se hará dueña de todo cuanto amas y crecerá la amargura. Ya no habrá marcha atrás porque imperará la soledad y no se encontrará una mano amiga que te ayude a levantar.

Se acabaron los ruidos y las falsas alucinaciones. Solo el canto de los pájaros se oye a lo lejos. La naturaleza bulle. Y es que, casi hemos apurado Mayo. Siempre te gustó ese mes por encima de los demás. ¿Verdad que tiene un encanto especial? Será la luz de la mañana o el retorno de las golondrinas, o quizás el verde fulgurante de los árboles, o tal vez ese calorcito repentino de un verano omnisciente.

La tarde está en el límite del fin. Sigue siendo bella a pesar de todo.

Es necesario marcarse un plan. No demasiado estricto, pero sí eficaz.

¿Quién nos lo impide? No hay peros. La vida nos ha hecho experimentar doblemente. Es la reconfirmación de lo que no pudo ser y ahora está al alcance de la mano. Es la unión del éxtasis de lo bello con la mesura que da la experiencia. Es la madurez de media vida y el despertar de sensaciones nuevas o inconfesablemente reprimidas.

Es volver a nacer. Pero esta vez con los ojos bien abiertos y los sentimientos restañados de viejas heridas. Bajo esa mirada algo oscura de gato solitario se esconde la satisfacción que da la buena labor realizada. Alguien muy sabio dijo que el hombre ha de vivir sus propias responsabilidades y deberá aprender a compartirlo todo, excepto ese otro yo que forma parte de su destino y va más allá de los límites de la cordura o la generosidad.

Ese pequeño ser invisible habrá de permanecer oculto para que no lo devoren las alimañas o lo malicien los puritanos. Ha de crecer con uno mismo para hacerse fuerte hasta llegar a convertirse en algo puro, sublime, indestructible.

María de Fraile, Mayo de 2017.-

Te voy a contar un cuento.

¡Cuando sea grande…!

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“La estrella de Laura” de Klaus Baumgart.

Mamá, cuando sea grande,
voy a hacer una escalera,
Tan alta que llegue al cielo,
para ir a coger estrellas.
Y me llenaré los bolsillos de cometas,
Y bajaré a repartirlas
a los chicos de la escuela.
Pero a ti voy a traerte,
mamita, la luna llena,
Para que alumbres la casa
sin gastar luz eléctrica.

 

Me gusta contarte cuentos.

Echo de menos tu niñez. Ahora que ya sobrepasas mi hombro, te miro y me pierdo en tu rostro.

Aún conservas rasgos infantiles pero es inevitable. Y siento envidia de tu juventud.

IMG_0311Me apasionaba observarte de soslayo, cuando tú ni siquiera sentías el pudor de una mirada indiscreta. estabas creciendo y dentro de mí aún permaneces sin pelo, el pañal empapado y la mirada tranquila de quien se siente protegido y amado.

Empezaste la escuela y ya no pude disfrutar más de tu compañía. En silencio, como cuando eras un enano y te sentaba en aquel cestillo portátil. Desde el suelo, a pocos metros de mí, manoteabas nerviosamente y me sonreías mientras fregaba los platos y levaba tu ropita.

 

 

IMG_0405Tú solo emitías ruidos. Yo, te contaba mil historias. Aquello terminaba en una algarabía general donde se unían a nuestras voces el timbre de la puerta y las canciones escolares que tu hermana había aprendido ese día en el colegio. Se rompía ese silencio encantado pero tu mirada me seguía a todas partes ávido de encontrar respuesta a cuanto sucedía a tu alrededor.

Y por las noches, junto a tu cuna, entonaba viejas canciones con voz muy queda para que entrases despacio y sin sobresaltos en el mundo de los sueños.

Cuentos fantásticos de dragones y príncipes desterrados, princesas tristes y bosques milenarios que transformaban las leyendas en realidades cercanas, donde las hadas existían en un mundo irreal pero mágico y misterioso.

Ahora, leerás tú a tus niñas esos sueños de amor y aventuras y les enseñarás a patinar y a construir historias maravillosas como yo te enseñé a sonreír y a compartir esos momentos inigualables de intimidad.

IMG_0500En un mundo difícil, de ilusiones vanas, la alegría hará que se desvanezca la desventura para que las generaciones futuras crean en la ternura, la felicidad y la generosidad, a pesar de todo.

María de Fraile, 15 de Mayo de 2017.-

Admirar un Cuadro

Tarde tranquila en un museo de la vieja Europa. Largas colas de espera y un único afán. La contemplación de bellas obras de arte.

En primera línea, provisto de unos cascos de audición, mi acompañante escucha historias sorprendentes de los secretos y tesoros guardados en este viejo Palacio. La mirada atenta, el pensamiento activo, el alma colgada del filo de un sable por la emoción.

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Lección de Anatomía del Dr. Tulp. Rembrandt

Relegada un poco más atrás, contemplo la escena en su conjunto. cámaras fotográficas, miradas que se pierden en las tres dimensiones del espacio de la gran Sala. Murmullos que se entrecortan en el aire. Expectación.

En la observación, los comentarios se desatan. Un grupo de adolescentes rodea enfervorizado a su guía. Explica con voz rotunda sin importarle la presencia del resto de los observadores de la Sala, que le desafían en silencio a que se calle.

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La habitación en Arles. Vincent Van Gogh

Hay pocas posibilidades de descansar en un banco. El único existente lo ocupan un nutrido grupo de orientales, inquietos e impacientes por solucionar la falta de visión de los cuadros que, ahora admiran los jóvenes estudiantes. Han de llenar de instantáneas las tripas de sus cámaras.

El Salón continúa absorbiendo visitantes curiosos. Ya casi no cabe un alma más. Entre el barullo y mi agotamiento, he perdido a mi acompañante que persigue y devora imágenes como si de un gran apasionado y visceral loco por la pintura se tratase.

La atmósfera se carga de un aire pesado, incómodo, irrespirable. He de acercarme un poco más a los lienzos pero una masa de cuerpos humanos me lo impide. Es la Sala de los Impresionistas. Aún no había podido distinguir en cuál de ellas me encontraba.

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La Merienda campestre. Édouard Manet

Por fin, un paisaje asombroso aparece ante mis ojos. Édouard Manet pintó “La Merienda Campestre” en 1863 a sabiendas de que iba a cautivar los ánimos de seguidores y escépticos.

Un desnudo entre hombres vestidos. Una pintura al aire libre, pletórica, con inspiración en los artistas venecianos como Giorgione.

Un cuadro que fue censurado en su época y relegado al ostracismo en el Salón de los cuadros llamados “Rechazados”. Una mujer muestra su desnudez ante la mirada de dos jóvenes estudiantes que la acompañan, durante una merienda en el campo.

Mereció la pena esta espera, ese desasosiego y el agobio de los que finalmente abandonaron la Sala para dejarme con mi bien hallado acompañante y así disfrutar en plenitud de la visión de este cuadro revolucionario.

La imagen nítida de la mujer desnuda resplandece en la semi oscuridad de un bosque sombrío, mientras que otra, otorga luz al fondo de la pintura y lo llena de libertad.

María de Fraile, Mayo de 2017.-

 

 

Reflexiones al Hilo de la Vida

Tal vez os preguntéis qué sucedió en mi vida.
Ya no lo recuerdo.
Pero una luz maravillosa iluminó el monte de espinos,
Y comenzaron a brotar hojas y tallos,
Que se convirtieron en fragantes flores.
Y ramas, que luego serían frondosos árboles.
Y entonces, contemplé el mar.
Tan azul e inmenso.
Y mis ojos reflejaron su verdor.
Y se hicieron más profundos y conocedores.
Como la luna de agosto, un poco más vieja, un poco más sabia.

 

Extrañamente, casi como un regalo, la vida me trae nuevos retos, otras responsabilidades, difíciles pruebas que superar. Y yo veo cómo pasan las horas y los días a mi alrededor, deudores de algo que les es difícil de arrebatar, y son esos momentos los que tratan de mostrarme con un sigilo contumaz, a veces hasta siniestro, el significado de sus mudas señales. Llevan carteles, máscaras pintadas con mensajes y se mueven en un círculo, al son de una música muda. Al bailar, siento cómo agitan el aire con sus ropajes. Se vuelven a mirarme pero no logro distinguir la expresión de sus rostros.

IMG_0975Están ahí cuando el reloj da las horas. Mi mente se extravía y quiere huir a lugares más placenteros pero en estos tiempos turbulentos de mi existencia, el recuerdo de la muerte echa a empujones los buenos momentos, las tiernas experiencias, para apoderarse de ella y llenarla de turbación. Y solo siento tristeza por el adiós, rabia de no haber hecho todo aquello que quedó sin terminar, o tal vez grandes proyectos sin iniciar. A pesar de ello, no siento tanto miedo como hubiera imaginado. Y mis ojos se llenan de lágrimas para lavar mis errores que pervivirán a pesar de todo. Recuerdo a mi madre, tan sabia a veces, tan obstinada otras pero siempre amorosa y fiel.

La vida se nos antoja más corta a partir de una edad. Hasta entonces, no habíamos tomado buena cuenta de los días cortos y jubilosos, o tristes, largos e inalcanzables. Ahora que la mirada languidece a través de mis gafas, reflexiono largamente sobre el misterio de mi destino.

Un día muere y otro nace, pero al comienzo de una primavera hostil y fría, todo mi cuerpo se estremece en una reflexión nada esperanzadora. No hay vuelta atrás. El corazón vibra y se conmueve. El tiempo se acorta como una vela, en silencio, no deja lugar a otras alternativas. Hay que comerse los minutos, las horas y saborear en cada pedazo su misma esencia.

Descubres la brevedad de una existencia. A solas con tu vida, se empequeñece el universo, estás fuera o dentro de él, no basta con una conciencia real de tu propia naturaleza. Es la misma vida la que te da opciones. Has de elegir cuál, tal vez.

IMG_1009Es cuando se hace necesario un punto de reflexión sobre nuestro destino final. Nos hará más libres, menos apegados a las cosas, más generosos, menos intransigentes, más temerosos de nuestra suerte, más cabales, responsables, humanos en definitiva. Aunque su fatal realidad nos acose con frecuencia y sintamos cómo nos embarga la tristeza, es una verdad incuestionable e ineludible de la que nadie podrá escapar.

María de Fraile, 1 de Mayo de 2017.-

Tarde de Soledad

Historia de un hijo fiel o el desarraigo.

De cómo la felicidad del ser humano puede pender del delgado y fino hilo de la suerte.
Aproveché una tarde ventosa de marzo en la que fui abandonada por unas horas, al amparo de mis ideas. Encontré cierta tranquilidad en una mesita alejada de mirones y corrientes de aire en una cafetería de las afueras. Lo que en otro tiempo fue campo y ahora se convirtió en suburbio urbano, mostraba su cara menos amable frente a la avalancha de zonas comerciales que asediaban con invadir definitivamente campos frondosos de vegetación, lomas y pequeños valles sombreados de frondosos árboles serpenteados por arroyos cristalinos.

En esa soledad complacida, me sentía dispuesta a aprovechar los momentos de asueto de que disponía. No siempre resulta fácil compaginar imaginación con apresuramiento, pero hice la promesa de cumplirlo.

Ordenaba mis trastos de informática y conexiones de wifi junto al cuaderno de notas, cuando la camarera de turno colocó sobre mi mesa un humeante café, al tiempo que entraron en escena dos personajes a cual de ellos más peculiar. Ocuparon una mesa no muy cercana a la mía pero sí lo suficiente como para distraer mi atención. Saltaba a la vista que se trataba de una madre anciana a la que acompañaba su hijo. Apostaría sin perder que era soltero, sin sustento a que aferrarse y muy ligado a sus faldas, no tanto por desmedida pasión filial, como por desdichada subsistencia material.

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En un Café (El Ajenjo) Edgar Degas.

La dama vestía de manera estrafalaria, aunque intentaba mostrar un cuidado especial. Era alta, muy delgada y de andares torpes e indecisos. Llevaba un pantalón de pijama de un color indefinido y que ella exhibía al pasear junto a las vitrinas que mostraban toda clase de suculentos y apetecibles manjares, a pesar de sus vanos intentos por ocultarlo bajo una falda larga hasta los tobillos, con volantes que el tiempo y la desidia transformó en deslucida apariencia. Su cuerpo se cubría con una blusa de encaje y un sombrerito ridículo y melancólico trataba de cubrir a duras penas sus cabellos enmarañados y poco limpios. El supuesto hijo la esperaba paciente, sentado mientras ella se debatía entre aperitivos calientes y fríos, zumos, copas de vino o jarras de cerveza. Una vez satisfecho su apetito y saciado su sed, volvía a pasear por el local para elegir un nuevo menú.

Comía y bebía a la par que hablaba de asuntos muy desdeñables a los oídos de su compañero, que permanecía silencioso, inmóvil, aislado del mundo y de todo, ausente de cuanto sucedía a su alrededor.

De vez cuando permitía que su mirada tropezase con la de ella, pero no se inmutaba. La misma escena se repitió una vez más y fue entonces cuando el hombre, de mediana edad, de aspecto triste, mirada esquiva, barba de varios días e indumentaria desaliñada, sacó un papel sobado y comenzó a anotar en él una lista de compra para el supermercado.

Aquellos ojos sin huella se perdían en el infinito cuando la anciana le comentaba lo que podían ser banalidades frívolas. Estaban juntos y nada les unía.

Por un momento, el hombre se encontró a sí mismo y pudo percibir con qué desprecio le trataba la vida, qué clase de destino incierto le aguardaba y se preguntó con qué armas le podría hacer frente.

Pero su gesto se apagó al comprender que esa forma de vida no tenía sentido para él y contempló cómo la luz del atardecer se apagaba en el horizonte, llevándose consigo la poca felicidad que le quedaba.

Triste alegría la de un hombre que siempre estuvo solo, a pesar de la carga que soportó a cambio de compañía, engañosa seguridad y un falso y mal aceptado bienestar.

María de Fraile, Abril 2017.-

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