Una Almohada Amiga

A solas vuelven a mí recuerdos de otros lugares, donde hube de batirme sin la protección que da la experiencia. Podría considerarse un fracaso que hasta ahora no he sabido aceptar, pero que forma parte de todo un bagaje existencial.

Aprendí a vivir conversando con el espejo de mi habitación. El escuchaba complacido, sin reproches. Fuí feliz soñando historias tiernas, haciendo de heroína, desgastando sorbo a sorbo mis alegrías y mis fracasos. Jamás me reprochó nada.

Cuando el sueño devoraba mis ideas, una compañera confidente acariciaba mi rostro y hacía volar mi imaginación. Suave y seductora la almohada, de ancestros árabes, cautivadora de conciencias, se impregnaba de dulces fragancias para luego ahuecar sus plumas y rendirse ante mis encantos.

Fue la única que soportó estoicamente los llantos de una juventud solitaria. Se empapó de mi sudor cuando temblaba de miedo en la oscuridad. Y sin embargo, nunca me abandonó.

Fuí yo la que cambié.

Harta de compañera triste, muda, ajada por el uso, elegí otra más pomposa y almibarada. Aquella, supo renunciar a tiempo con elegancia y dejó paso a la sustituta, moderna arrebatadora, suave, donde podía hundirse plácidamente la voluntad del más aguerrido luchador.

Cada noche la busco, testigo de grandes secretos. Siento cómo su dulce olor me reconforta. Es como si me encontrara a mí misma. Como si recobrara la personalidad, como si fuera yo por encima de todo, que tantas veces me he perdido.

Me enfrento a una realidad. Mi propia existencia.

Camino hacia no sé que destino.

Pero la tierra  está firme bajo mis pies.

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Oda a un escritor reencontrado

 

 

Nunca llegaste a conocerme. Mejor diría, yo sí gozo de ese privilegio. He podido observarte desde mi escondrijo en estos últimos años, con las gafas de miope en ciernes. No me gustan los gerundios, pero aún caminas sobre tus pasos desde el infinito y es en gerundio mi mejor manera de expresar los recuerdos, leyendo tu prosa.

Te leo con asiduidad, te estoy leyendo, te he leído siempre. Te he buscado en la sombra porque tu onda magnética ha chocado con la mía cientos de veces y ha producido chispas multicolores.

No importa que hayas vivido en otro tiempo y lugar. Yo admiro tu pluma y me identifico con tu angustia, con ese desafuero ingrato, con la penuria que da una mano yerta, un corazón sin llama, una mente sin ideas.

Pero ese retorno tuyo me ha inflamado el ánimo, me ha devuelto la alegría, me ha puesto en movimiento. Por eso deseo con fervor seguir tu trayectoria. Nada me detendrá.

Desde la sombra admiro tu coraje. Esa valentía que solo unos pocos poseen para llamar a las cosas por su nombre sin hacer juicios de valor. Tu pluma además de elegante es precisa, rotunda, llena de matices para los que los saben buscar, como para quienes no llegan a entender el valor de un alma pura.

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Ernest Hemingway. Portada de su libro “al romper el Alba”

¿En realidad has vuelto o soy yo la que te ha encontrado de nuevo? Un gran hallazgo ese reencuentro, esa convivialidad al despojarte de formalismos y etiquetas. Ahora eres más tú, estás más cercano, y te siento más emparentado con mis ideas. El tiempo aflojó distancias y deshizo hechizos. Tus canas se parecen a las mías e intuyo que no estás solo allá donde estés. Has triunfado ante la mediocridad de los que te ofrecían el éxito por un puñado de monedas. Y embelesaste a las gentes con esa pluma de periodista aguerrido para acabar en la más grande de las creaciones, la literatura.

Necesito seguir tus pasos para no perder la batalla sempiterna de las ideas. Me quedaré a la escucha de tu voz, con tu escritura entre las manos, a pesar del tiempo y los estrepitosos cambios de siglo, con sus vanidades y frívolas historias, a la espera de un futuro que nos acerque a las maravillas aún sin descubrir en un mundo mejor.

 

“Lo más triste de la vida no es la angustia humana, sino que haya tanta gente incapaz de percibirla”.

Ernest Hemingway

La Tinta de mi Pluma

 

Verde es el color de la tinta de mi pluma.

Como el cielo sobre un mar de olas,

como los prados que circundan la montaña picuda y el valle que los envuelve.

Como el mar en un día de tormenta, donde el gris plomizo de las nubes,

transfigura la silueta de los veleros en conchas y caracolas.

 

IMG_2617La escritura representa el alma del que la usa. Es su insignia y responde a su madurez.

Es el espejo donde queda reflejada la imagen real de quien la porta.

La mano experta que atesora secretos y los plasma en un papel.

La escritura transmite esos pensamientos, da forma al carácter y lo muestra para regocijo del mundo de las ideas.

IMG_0572La tarde aún conserva la quemazón del verano. Esta vez no hay sensaciones en el aire. No me gustan los tiempos que corren, están llenos de soledad. Cyrano cuando hablaba de ella afirmaba que podía ser uno de los grandes y más preciados valores del hombre. Si es consentida y aceptada, llegaría a ser todo un regalo para un alma inquieta.

¡Escribir! con soltura, sin titubeos, limpiamente. El momento se elige al mismo tiempo que abres y cierras la mano. De un golpe de vista sitúas tu entorno y lo analizas escrupulosamente.

Pero cada palabra se convierte en una meditación, un suspiro, tal vez una esperanza. Me cuesta creer que las frases geniales que pudieran surgir para llenar las hojas de mi cuaderno, pasaran a ser humo denso que impidiera ver la realidad de un mundo mejor.

 

Llega la noche, suena la hora.

Los días se van y me voy quedando sola.

María de Fraile, Octubre de 2017.-

Melancolías en un mes de Octubre

Melancolías en un mes que se aferra al verano que se fue.

 

 

No pudo ser un gozo esta celebración. Demasiados acontecimientos, no tantas dudas, algunos temores a la cercanía de un final nada querido, esperado ni reconocido.

Los años pasan desacompasados, unas veces la tristeza los alarga, otros vuelan porque la felicidad desea encontrar su lugar y no quiere llegar tarde a la cita. Los recuerdos afloran en una madurez pletórica a pesar del rostro que cada día se ve diferente, con algunos años de más, consciente de que no hay vuelta atrás.

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Atardecer en Reykjavik, Islandia

Es una celebración que hace tiempo buscó la mirada de las estrellas, la luminosidad de los atardeceres y la sonrisa amiga de los que aman. Ahora languidece entre canas y recuerdos. El ímpetu de la primera juventud se desvaneció y la alegría de la inexperiencia se tornó en sensatez al acompañar la madurez al conocimiento.

Un acontecimiento desde otra perspectiva más sentada, cabal, juiciosa, menos entusiasta, jovial, ilusionada, tal vez. ¿Habrá perdido autenticidad? ¿Ha sucumbido frente a una crisis de identidad o se ha dejado llevar por la apatía y el desánimo?.

A mayor conocimiento y experiencia, menor pasión y entusiasmo. El resultado de este axioma es la ilicitud frente a la verdad de las cosas, que nunca estarán por encima de lo que descubramos en ellas. Sin embargo, el fluir de los acontecimientos hace que renazcan en nosotros nuevas esperanzas. ¿Nos sometemos a las leyes divinas de la naturaleza o permanecemos a la espera de algo sobrenatural que nos haga puros?.

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Auditorio Harpa, Reykjavik

¿Por qué, entonces, dejarnos llevar por los avances tecnológicos y renunciar a los conocimientos y la sabiduría de nuestros antepasados?. El culto al hedonismo y la superficialidad nos impiden reflexionar sobre el fin último de nuestra existencia. Hoy, los extremos sobre el origen y el término de la vida humana carecen de interés.

Sin embargo, estas reflexiones al hilo de otras vacilaciones sobre el raciocinio o el vacío existencial, ponen de manifiesto que no todo se ha perdido.

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Fiordo de Hardanger, Noruega

Aún queda la esencia misma del alma, nuestro compromiso con la verdad absoluta, la eternidad de las cosas, si no puras, que hayan experimentado el cambio que las mejora, la esperanza de un mundo feliz, como el que nos enseñó Aldous Huxley, el que regenerará y limpiará nuestros corazones de toda mancha.

 

María de Fraile, Octubre de 2017.-

El Alma Escondida

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

Concierto para violín en re mayor, Opus 61

GABRIEL FAURÉ

Requiem en re menor, Opus 48

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Ludwig Van Beethoven

El concierto de violín fue compuesto probablemente entre los meses de octubre y noviembre del año 1806 y su primera audición tuvo lugar el 23 de diciembre de ese mismo año.

De una gran belleza melódica, fue dedicado a su amigo Stephan von Breuning, más concretamente a la esposa de éste, aunque sus pensamientos durante la composición, estuvieron con Teresa Brunswick. Todo apunta, según testimonios escritos, que ella representó el verdadero gran amor de su vida. Cuentan que la pasión entre ellos fue profunda y recíproca y gran parte de comentaristas e historiadores consideran a Teresa como la “Inmortal Bienamada” para la que Beethoven escribió cartas inflamadas y que, se cree, no llegaron a su destino. Estas fueron halladas, después de la muerte del compositor, escondidas con todo cuidado.

Nunca se llegó a saber el motivo de la ruptura de esa unión tan apasionada.

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Atardecer en la desembocadura del Neva (San Petersburgo)

Recuerdo una audición de este concierto en el Teatro Real, una bella mañana de domingo. Las taquillas habían colgado el cartel de “No hay entradas” por la expectación que supuso la llegada al escenario del famoso intérprete de violín Isaac Stern. Y ahora evocaba esos momentos al escuchar a Frank Peter Zimmermann. La técnica empleada es casi perfecta. Posee un marcado estilo muy personal y transmite, a través del lenguaje musical, cierta sutileza.

Durante la ejecución del movimiento final, percibí algunos adornos en los solos, finura en los sonidos del instrumento y algo nervioso con el arco. Una buena resolución en el conjunto de la obra.

Sin embargo noté que faltaba algo que complementara toda su línea instrumental, tan importante como el encuentro con Isaac Stern. Algo tan difícil de valorar, que casi pasó desapercibido ante toda la audiencia y que materialmente echó abajo la Sala de aplausos ininterrumpidos. Me sentí decepcionada por ello. No había alma en su interpretación. Se debió quedar escondida dentro de la pequeña caja del violín.

 

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Gabriel Fauré

 

El Réquiem de Gabriel Fauré presentaba formas serias de obra importante. La orquesta se acompañaba de coro, órgano y dos solistas, Soprano y barítono, que otorgaban brillantez a toda la pieza musical.

Aunque se trataba de una obra sacra, no me asustaron sus compases graves,  que por su naturaleza nos pudiera transportar a otra realidad más espiritual. el  resultado era pura armonía.

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El Agnus Dei fue realmente bello. La presencia de la muerte se hace patente en los textos, pero la música está viva. Posee mucha fuerza y llega a ser sublime.

La estrofa final “In Paradisum”, rompe con los cánones de los oratorios. Se hace vivificadora, canta liberación, alegría y felicidad. Una paz placentera nos envuelve, en donde no hay tristeza ni melancolía. Tal vez el influjo de su espíritu libre, poco religioso, casi pagano, hizo que su música sonara con un acento desmitificador, muy lejos de las estructuras cristianas de la época.

 

María de Fraile, Septiembre de 2017.-

 

 

El Amor y la Esencia del Ser

 

Robert Schumann (1810-1856)
Concierto para Piano en La menor, opus 54

 

Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía nº 5 en do sostenido menor

 

Era el primer concierto de la temporada y la crítica musical se esforzó en publicar sus comentarios con premura, no así en otras ocasiones, lentos y casi olvidados.

No construiré aquí en lenguaje musical los tecnicismos ya usados como las hemiolas encontradas en el vals del movimiento final del concierto de Robert Schumann, o la dubitativa intervención del solista de trompeta en el primer movimiento de la quinta sinfonía de Gustav Mahler. Estaba emocionada al inaugurar la temporada con un programa tan atractivo como deslumbrante.

Robert Schumann

Días atrás escuché el concierto en la versión del pianista Maurizio Pollini y, tengo que confesar, que me cautivó. Su expresividad, la finura de líneas, el sentimiento, llenó de alegría mi corazón. La expectación que suscitó la presencia de Javier Perianes no fue comparable a otros intérpretes de su talla. Recordaba al milanés y me quedé con sus notas de amor en mi pensamiento.

Clara SchumannVinieron a mí los recuerdos, las anécdotas y visiones de Schumann y su esposa Clara, el amor que se profesaban y la indiscutible calidad de sus composiciones. De cómo ella las interpretara, a pesar del reguero de sufrimientos que hubo de soportar ante la inevitable oposición de su padre a esa unión y la posterior enfermedad de Robert. Pero le quedaron sus hijos, tantos como obras orquestales. Ahí estuvo Johannes Brahms al amparo de sus necesidades. Pero Clara Schumann preservó y respetó por siempre el recuerdo de su esposo.

 

 

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Alma Mahler

Una muestra de amor más, tan auténtica y vital como la de Alma Mahler, brota de entre las notas de su sinfonía. Los comienzos son los de una marcha fúnebre, fríos y sombríos, pero el Adagietto resurge de entre las cenizas. Mahler sufrió una dura enfermedad mientras componía los primeros movimientos y cuando conoció a su amada revivió en él la esperanza. Y la amó con apasionada vehemencia. Y surgió la melodía dedicada a ese amor. Ya nada importaba.

gustav-mahlerSus ojos contemplaron el lago de aguas verdes y profundas como la noche, el bosque sombrío como un día de niebla en invierno. Más tarde, la claridad de una nueva estación llenaría de luz su pequeño estudio para componer el final magistral de la obra.

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Cabaña en el bosque, junto al lago ,donde G. Mahler solía componer.

 

Como siempre, el director alemán David Afkham convulsionó la sala. Nos vuelve locos a todos.

María de Fraile, Septiembre de 2017.-

El Encuentro

 

Bajó del autobús atestado de gente, casi a empellones. Hacía demasiado calor para proseguir el trayecto. ¡Ni un minuto más!, dijo para sí. -Continuaré a pie a pesar del ruido del tráfico y mis incómodos zapatos- pensó. La tarde invitaba al paseo pero no en una ciudad tan estridente. Su semblante se hizo menos rígido, más natural. Después de detenerse un instante para llenar sus pulmones y tras tomar conciencia de su libertad, levantó la mirada y contempló las copas de los árboles. Estaban plagadas de flores y brotes nuevos. Cada primavera se producía el prodigio. Resultaba inconcebible que pudiese nacer algo tan hermoso de aquellos viejos árboles, retorcidos y llenos de bultos de savia estrangulada por la mala poda. Era como una transformación, un milagro.

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Ella era una mujer todavía joven, en su aspecto sobre todo, lo que en realidad más le importaba.Aunque estuviera cercana a la jubilación, no por ello descuidaba su imagen. Le costaba reconocerse madre de hijos independientes y por ende, abuela. Esto último aún no lo había asumido.

Telma se dejó llevar con placidez hacia un punto indefinido de su destino. Desató las ligaduras de obligaciones y deberes. No deseó pensar en nada más. Disfrutaba cuando era conducida por sus instintos. Lo mejor, el azar, la suerte que no avisa pero otorga milagros y sorpresas. La maravillosa improvisación, la inmediatez y luego, un mundo de satisfacciones. Porque lo que no está preparado de antemano y surge sin previo aviso se saborea mejor, posee la dulzura de un premio inmerecido.

Estos y otros razonamientos acompañaron su camino. La tarde se hacía más tibia y un vientecillo suave la envolvió. Su abstracción terminó con un golpe seco en su espalda. Se detuvo y comprobó que alguien llamaba su atención. Como por encanto, una figura humana se mostró ante sus ojos. Una mujer de mediana edad, corpulenta y algo ruda en sus ademanes la saludó sin demasiada cortesía. Se volvió, la miró de repente y reconoció a la que en otro tiempo hubo de ser su más encarnizada rival en aquel trabajo que ocupó casi veinte años de su vida.

Telma estaba consternada, casi petrificada por aquella aparición, agarrotados los músculos, sin saber qué decir ni cómo iniciar una conversación que ya estaba maldita antes de sus comienzos.

Aquella mujer… esforzó su memoria con intensidad. ¡Andrea se llamaba!

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Se cruzaron saludos, besos próximos aunque falsos, miradas que desnudaban a plena luz del día, que escudriñaban un todo e inventaban lo que no existía. Y Telma se sintió por ello despojada de alma y espíritu. Aquella arpía intentaba una vez más adueñarse de su esencia. No deseaba enfrentamientos, tan solo ansiaba salir de aquella situación tan indeseable como involuntaria.

Un impulso repentino, de esos que Telma valoraba por el ímpetu del momento, la casualidad o el buen acierto, la llevó a concluir ese momento amargo y terrible. Nunca supo enfrentarse a ella con valentía y ahora, ese golpe de suerte le brindaba la oportunidad de ponerlo en práctica.

Andrea Prosiguió con un bombardeo de preguntas indiscretas, frases atrevidas y comentarios que rebosaban menosprecio. Estaba claro que su intención no era otra que añadir nuevos ataques que tiempo atrás no pudo concluir. Y Telma escaparía de aquella locura consentida y aceptada o tal vez ignorada por aquellos que no supieron valorar sus méritos y la abandonaron en brazos de una mujer sin escrúpulos.

Y ahora tropezaba con ella que destilaba vileza, más años y y ninguna cortesía. Enseguida comprendió que la sorpresa no era un buen elemento a qué aferrarse. Que la inmediatez y la espontaneidad no siempre cerraban con broche de oro una página en el libro de una vida. Sin embargo, hubo algo que hizo malograr los deseos impíos de aquella desgraciada. y fue la ventura la que rescató de aquellas garras a Telma. El tiempo se detuvo y separó a las dos mujeres con un muro infranqueable. Andrea, hasta ahora en paradero desconocido, estaba siendo investigada por la policía al haber sido acusada de diversos delitos en la empresa que supuestamente dirigía. ¡Mala fortuna! La estridente sirena del coche policial apagó la sordina del tráfico y los transeúntes se arremolinaron en círculo rodeando a las dos mujeres. Momentos después, Telma vio cómo aquella que surgió de la nada pretendiendo lastimarla de nuevo, fue arrastrada hacia un coche celular hasta que desapareció sin dejar rastro. Triste destino para un alma atormentada por la codicia y el resentimiento, los celos y la envidia.

 

Aquella tarde se hizo memorable. Los recuerdos se transformaron en una mera anécdota, y la alegría volvió a reflejarse en los ojos de Telma. Después de todo, el impulso que la hizo abandonar el autobús para elegir un solitario paseo a ninguna parte, se convirtió en su mayor triunfo.

María de Fraile, Agosto 2017.-

Martin Heidegger

Martin Heidegger, un paradigma controvertido en el presente.

 

¿Y qué pueden esperar los jóvenes de generaciones futuras?

“El nazismo es un principio bárbaro. Ese es su mayor potencial y donde reside su grandeza”. Martin Heidegger

El hombre es un ser más en la naturaleza. Más complejo y organizado que los demás seres naturales, pero está sujeto en todas sus manifestaciones a las mismas leyes. El hombre es pues, uno más entre los seres del universo. Esta filosofía gira en torno al hombre y Heidegger descubre el existencialismo como clave para definir su teoría filosófica.

El existencialismo surge en 1927 muy próximo a las filosofías de la vida de Frederick Nietzsche. En ese año Heidegger publica “El Ser y el Tiempo” y presenta El Anuario para la Filosofía y la Búsqueda Fenomenológica, dirigido por el filósofo Edmund Husserl, su maestro indiscutible.

Esa corriente filosófica que transcurrió en el período comprendido entre la segunda guerra mundial y la posguerra, fue destructor y trágico, que en nada favoreció a filósofos y pensadores para estructurar una conciencia clara sobre la existencia del hombre.

El Existencialismo se presenta como una ideología pesimista. Su conclusión es que la existencia del hombre carece de sentido, como apunta Jean Paul Sartre “El Hombre es una pasión inútil”.

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Heidegger hacia 1933

Pero Heidegger acoge a los estudiantes judíos en sus seminarios, se convierte en el amante de Hannah Arendt, filósofa judía alemana, arrestada y enviada al campo de concentración femenino de Gurs, en el sur de Francia y, sin un resquicio de escrúpulo, se gana las simpatías de otro público, contrario o entusiasta a las consignas hitlerianas de la sociedad alemana. Por un lado, Martin Heidegger no anuncia ningún lamento o remordimiento sobre su compromiso nazi, sino que trasluce un antisemitismo sin máscara y un extremismo ideológico que no ha sido enmendado, o al menos abjurado. Lo más sorprendente es que no solo no ha destruído sus notas comprometedoras, sino que ha programado su publicación póstuma como si se tratara de entregar el testigo a la humanidad para no sufrir en vida las consecuencias de sus criticas.

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Reunión de profesores de universidad en Leipzig en noviembre de 1933

Recientemente, en Octubre pasado el semanario alemán Die Zeit publicó extractos de unas cartas que Heidegger envió a su amigo Fritz: así se confirman una vez más las convicciones racistas y extremistas del pensador.

¿Qué hacer, entonces con Heidegger?

Está claro que el filósofo acepta la adhesión al partido nazi y se vincula a él el 9 de mayo de 1933 en la ciudad alemana de Friburgo, según lo atestiguan los registros legales, sin importarle en absoluto en qué medida podrían afectarle en su carrera profesional o en su vida privada.

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En su jubilación de Todtnauberg en 1968

Los “Cuadernos Negros” sin publicar aún, podrían esclarecer muchos puntos oscuros de su vida después de años de incógnitas y condicionar en gran medida su teoría filosófica sobre el ser y el yo, el mundo del hombre y el mundo que le rodea, la preocupación del propio yo. El hecho de tener conciencia, de ser un “pour-soi” para sí, como dijera Jean Paul Sartre, frente a las cosas que carecen de conciencia y forman el “en-soi” en sí mismas.

Pequeña biografía:

Martin Heidegger nace en la ciudad de Messkirch, el 26 de Septiembre de 1889. su padre fabricaba toneles y ejercía el oficio de sacristán.

Cursa estudios en la Facultad de Teología y llega a cuestionarse el ingreso en una orden religiosa.

Estudia a Pascal, así como a los alemanes Hegel, Schelling y Hölderling. Descubre la Fenomenología de Husserl.

En 1923 consigue una plaza como profesor en la Universidad de Marbourg.

Después de publicar “El Ser y el Tiempo” en el Anuario de Filosofía y la Búsqueda de la Fenomenología, imparte diversos cursos sobre la Crítica de la Razón Pura de Kant, para más tarde suceder a Husserl en su cátedra de la Universidad de Friburgo.

Continua sus trabajos durante los años siguientes que precedieron al conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. No pierde el tiempo en reflexiones políticas y celebra conferencias, cursos y seminarios sin afectarle ni pormenorizar sobre las consecuencias de la guerra. Se convierte en un intocable durante los seis años terribles de la contienda.

 

 

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En 1968, junto a su refugio de montaña

“Merece la pena cuestionar a Occidente sobre sus propias cegueras y determinismos, así como las tentaciones tiránicas de su universalismo. Heidegger encarna los excesos de nuestra tradición y nos ayuda a reflexionar sobre ello en toda su obra”.

Patrice Bollon, Periodista y Ensayista.

María de Fraile, Agosto 2017.-

Polonia, el tercer Reich y la Música

Chopin, el cine y Roman Polansky.

De la película “El Pianista” del director Roman Polansky, se pueden extraer ciertas conclusiones. Estaba por encima de toda duda la pasión, entusiasmo e incluso la veneración que manifestaba el director al recrearse en una historia tan ingenua, aún más, podría ser susceptible a los sentimientos del espectador.

Un argumento tan verosímil como real hace que se enfrenten el mundo de la guerra y la dictadura nazi en una opresión casi al límite del estrangulamiento, en una Polonia invadida, menospreciada, casi anulada por el tercer Reich alemán.

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El espíritu de la música brota entre los escombros y las ruinas de Varsovia en el gueto judío. El relato sobre un compositor y pianista polaco, Wladyslaw Szpilman, que vivió en primera persona las experiencias y situaciones más dispares de que consta el relato, toma carta de naturaleza y consigue tonalidades inesperadas en las piezas musicales escogidas para ambientar el film.

Y el dragón alemán es vencido frente a las notas sublimes de un compositor como Chopin a través de los dedos temblorosos de un judío perseguido, fugitivo sin remisión, abocado al exterminio en el Campo de Auschwitz. Extenuado por la fatiga, el frío y el hambre, encuentra refugio en una casa en ruinas. Busca protección, comida, calor humano y no lo halla. Solo hay soledad y un piano en un rincón alejado de un salón destruido por las bombas. Se acerca a él y busca apoyo para acariciarlo. Por fortuna, no ha sufrido demasiado daño. Sus manos se deslizan suaves sobre el teclado.

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Detrás de un muro resquebrajado, un oficial nazi escucha agazapado. La emoción le embarga. Entonces, se produce el milagro. La ira, el odio vuelan por encima de sus cabezas hasta convertirse en humo. Sus miradas se encuentran, primero sorprendidos, luego conscientes de una realidad se dejan llevar por el efecto embriagador que actúa sobre ellos como un bálsamo. La música se hace dueña de sus sentimientos.

El tiempo se detiene. Ya no hay persecución solo belleza. Se abre un diálogo entre lo que hubiera podido ser y la fantasía de ese momento de gloria.

El_pianista-174753064-largeDesaparecieron los rencores del perseguidor. El temor del fugitivo se transformó en bienestar.

En Cracovia, de repente el invierno desaparece y da paso a una cálida brisa mientras suena Chopin a un solo instrumento, sin orquesta ni batuta, en una pequeña estancia. Más allá, al final de la angosta calle, el horror de la guerra les desafía.

Todo se ha destruido menos el corazón de ambos. Víctima y verdugo se unen en un abrazo ante un auditorio vacío y silencioso. No hay aplausos. La música ha vuelto a obrar el gran milagro de la comunión de almas.

María de Fraile, Julio 2017.-

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