Heinrich Harrer. Siete Años en el Tibet

Historia de un montañero austríaco que quiso tocar el cielo con la punta de los dedos.

Breve semblanza de un personaje que pudo llegar a ser místico.

 

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Portada de una edición juvenil de la obra

Casi todos hemos disfrutado de su relato, aunque algunos lo hayan desprestigiado poniendo en tela de juicio los valores del autor. “Siete Años en el Tibet” no es una historia cualquiera. Arranca de nuestro interior deseos de emular a su protagonista. Nos sentimos identificados con la pureza de sus sentimientos. Anhelamos esa redención que, en vano busca el escalador en un momento de la historia tan determinante como convulso y, no sólo quedamos hechizados por su temática, sino que nos ayuda a resolver algunos enigmas que pudieron surgir a lo largo de nuestra vida. Cuántas veces me cuestioné el significado de la atracción que experimenta el individuo al sacrificar casi inútilmente su vida en pos de un logro tan efímero y fútil como es alcanzar una cima, la más alta jamás explorada y pisada por criatura humana. La conquista de un lugar abrupto al que aún nadie llegó, a través de un camino inexpugnable, lleno de dificultades y sufrimientos para, finalmente, ser víctima de un fracaso, nunca pudo significar para mí una justificación conciliadora. No encontré hasta ahora un motivo por el que tal acción fuese aceptada. Consideraba que las mentes de aquellos que lo intentaron carecían de  sentido común, tal vez raciocinio, movidos por un interés de competición.

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Heinrich Harrer

La historia esta basada en la autobiografía del autor Heinrich Harrer, que trata de atraer al lector y provoca en él sentimientos elevándolos hacia un misticismo casi ecléctico, al considerar que su espíritu se sublima a medida que va ascendiendo hacia la cumbre, hasta conseguir la recreación de su alma en contacto con una nada que esconde misterios sobrenaturales.

La controversia se suscita cuando estos valores puestos de manifiesto por el autor se vienen abajo ante un compromiso moral que oculta veladamente. La colaboración activa de Heinrich Harrer con el tercer Reich y su relación directa con el nacional socialismo de Adolf Hitler, produjo recelos y suspicacias cuando su libro salió a la luz en el año 1952. Siete años antes, la II Guerra Mundial acababa y ese fue el período en el cual se gestó la novela, fruto de sus experiencias en el Tibet y el conocimiento que contrajo con el Dalai Lama, su más fiel amigo y aprendiz. El otro lado de la historia, el que nos hace bajar de las estrellas para contemplar con cierto análisis crítico la realidad de las cosas, apunta hacia valoraciones más precisas en cuanto a la apreciación del sentimiento estético de un geólogo, escalador, escritor y humanista que busca significar en su novela un ideal de vida, la defensa de la libertad del individuo a pesar de las manipulaciones de gobiernos e ideologías.  Y continúa abogando por el respeto ante las creencias de los antepasados que asume que debe ser el fundamento necesario para la reconciliación y la concordia de los pueblos, que nunca deberán estar sometidos a un invasor. La religión será pues un baluarte que servirá de instrumento al individuo como base moral en su ideario. Todo un doctrinario turbio y enmarañado capaz de desvirtuar los fundamentos éticos más puros. 

Heinrich Harrer y Hitler

Heinrich Harrer ( Segundo de la izquierda)

 

Bien es cierto que la fuerza de esta aventura no debe valorarse por la tendencia política del que la protagoniza, aunque lo que produce en nuestras conciencias al conocer los acontecimientos que rodearon al escritor, es un cúmulo de desconfianza, desasosiego y malestar en contradicción con los sentimientos que le indujeron a permanecer en el Tibet durante todo ese tiempo. Su relato está lleno de incongruencias y no valora en absoluto si la guerra ha concluido o no. El extranjero que ha vivido siete años compartiendo con los monjes sueños y realidades, se rebela con los que se niegan a luchar contra la China nacionalista de Mao y prefieren la rendición. Finalmente, decide volver a su país. Lleva en su mochila junto con una caja de música, cantos de alabanza, olor a incienso y promesas de redención. 

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Y es entonces cuando el relato de Heinrich Harrer se vuelve confuso, más tarde incomprensible,  posiblemente tendencioso, pero sobre todo muy difícil de aceptar. Hubiera podido ser una magnífica novela a no ser por esos tintes oscuros y mediocres de mendacidad.

María de Fraile.- Agosto 2019.-

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Heinrich Harrer con el Dalai Lama

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La extraña naturaleza de la Novela histórica

La novela histórica ha incrementado su auge después de que se consolidara en el siglo XIX con el escritor inglés sir Walter Scott. Han sido necesarios casi dos siglos para que la creatividad de algunos escritores actuales bastara para complacer a un gran número de seguidores que, no contentos con los éxitos logrados en películas de ese género, demanden historias poco verosímiles en una incongruente puesta en escena que domina una temática irreal e ilógica, donde sitúan el argumentario en épocas lejanas y amalgaman civilizaciones avanzadas con costumbres ancestrales. No importa por qué mano fuera asesinado Julio César si otro acontecimiento descabellado le sustituye para producir un apasionado interés, todo ello aderezado con una ambientación de imágenes y efectos musicales sorprendente y grandiosa.

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Estatua de la diosa Afrodita. Nápoles

 

La novela histórica entra en nuestras vidas empujada por la mano oscura de la fantasía. Ese desorden de ideas que provoca en la mente cuando no se desea conocer la realidad de la Historia, con mayúsculas, en toda su dimensión y grandeza. Puede ser una banalidad no considerar el número de carabelas que atravesaron el océano Atlantico a la conquista de América. Es lo que menos importa si surgen otros protagonistas que hagan cambiar el rumbo de la flota, sea grande o pequeña para crear nuevas aventuras que adornen y “enriquezcan” la trama. Si a eso se suma la intriga de un asunto inesperado, no necesariamente cierto y contrastado con la objetividad de los datos de un historiador, como la conspiración abyecta de alguno de los conquistadores o el descubrimiento de una pasión sucia y oscura, mezclada con unas gotas de siniestra maldad deshumanizada y cruel, ya tenemos la mezcla perfecta para producir éxito y dinero a manos llenas.

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Estatua de mujer en mármol.Parece custodiar los sepulcros situados a lo largo de la calle.

 

La moraleja de esta historia, con minúsculas, es el desencanto de una realidad a cambio de otra menos verosímil aunque más atractiva, deslumbrante y capaz de llevarnos por los caminos tortuosos, eso sí, de una cautivadora y engañosa ficción salvaje que podría rozar el límite del abismo de la confusión. Esta absurda ilusión es la consecuencia de la búsqueda incansable de una quimera existencial donde se mezclan verdad y mendacidad, no importa lo retorcido que pueda estar el relato por quienes refutaron a conciencia los hechos establecidos y contrastados en documentos oficiales.

¿Por qué entonces, no importa bajo qué consignas o propósitos aceptamos un relato falsario y utilizamos sólo como apoyo el verdadero? ¿Será que desconfiamos de cuántos narran la Historia, con mayúsculas, porque no la vivieron de primera mano y desdeñamos su autenticidad, o tal vez, nos atrae más la ficción por esperpéntica y poco fiable?.

La conclusión a este dilema viene a decirnos que no valoramos la verdad porque no creemos en ella ya que consideramos que no existe desde nuestra raquítica visión del mundo, una base sólida que la sustente. A fin de cuentas, lo que prevalece y otorga carta de naturaleza, aunque sea en clave “minúscula” es el fundamento para lo que fue creada: un estímulo que atrape al lector por su inventiva, originalidad o quizás por la potencia de su discurso creativo. La Historia con mayúsculas, tenga o no rango oficial, es un hecho subsidiario.

María de Fraile.- Junio de 2019

 

 

 

 

 

 

Cercis Silicastrum o árbol del paraíso

Brahms y Beethoven: La Magia de un Encuentro

 

Concierto nº 1 en re menor, Opus 15 – Johannes Brahms.

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Johannes Brahms (1833-1897)

Después de un sinfín de audiciones en las que solista y orquesta suman valores en su conjunto y dan a la obra singularidad sonora, cabía esperar una representación a la altura de un conjunto musical de prestigio. No fue así. Ahora la orquesta está llena de jóvenes promesas, tal vez a la espera de una mano diestra en la dirección y un solista más consolidado.

El joven pianista inglés Grosvenor sorprendió. A unos les cautivó su dinámica ejecución, otros nos sentimos abrumados ante el estruendo de unos compases más que sonoros, cuando Brahms los mima en cada frase de la partitura. En cuanto a la dirección, el maestro Urbanski estuvo sobrio, aunque a veces representara con cierta sutileza movimientos y gestos de expresividad poco estéticos en una dirección de orquesta formal.

La Cadenza que arranca en el segundo movimiento, se diluyó en el aire y cuando intervino la cuerda para arropar al piano, entró lenta y demasiado solemne. Tanto que hubo compases difíciles de reconocer. 

La técnica del solista nos descubrió otros bríos, poco templados y muy lejos de lo que el autor nos hubiera trasmitido; profundos, estéticos y más sosegados.  Casi toda la obra la inundó de continuos Crescendos, sin apenas levantar el pie del pedal.

Echamos de menos el sentimiento en el Maestoso, la lírica en el Adagio y profundidad estética en el Rondó: Allegro non troppo.

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Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Sinfonía nº 5 en do menor, Opus 67

La sinfonía nº 5 del gran maestro Beethoven, tan esperada como aplaudida, en los inicios, se resintió con el metal. Después, uno tras otro se fueron sucediendo los cuatro movimientos sin estar acorde con las expectativas de la grandiosidad de la obra. La expectación que produce llega a convertirse en acontecimiento enfervorizado de cuantos la escuchan, no importa si estuvo en la línea de una correcta interpretación. Entusiasmó porque su melodía está cercana a propios y extraños. A los seguidores del compositor y  a los que la escucharon por casualidad. A todos cautiva y una gran multitud la veneró con sus aplausos.

 

María de Fraile.- Mayo de 2019

Madame Bovary o La Fragilidad de un Sueño

Gustave Flaubert nace un 12 de Diciembre de 1821. Un niño como los demás de su época. Provinciano de la ciudad francesa de Rouen y donde pasó casi toda su vida,  tal vez más protegido y mimado que la mayoría. Su educación familiar le hizo retraerse y ralentizó su aprendizaje en la lectura. –“¿Por qué tengo que aprender si me lee el tío Mignot?”–razonaba con ingenuidad.

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Gustave Flaubert

Los bosquejos de la primera novela en los inicios de su juventud, son una muestra autobiográfica, un fotograma preciso y singular: “Yo era alegre y risueño, amaba la vida y a mi madre…” “Memorias de un Loco” marca una ruta en el horizonte de su vida. Su inquietud en valorar sentimientos nobles como el amor, la libertad y la justicia, está patente en sus obras iniciales.

La revolución de 1848 hace que sus ilusiones se desvanezcan. Las primeras experiencias amorosas le producen desaliento. Ya no aspira a construir una sociedad nueva. Y concibe la obra que marcará su vida por la controversia que generó en la sociedad de su época. “Madame Bovary” comenzó a gestarse en 1851 y fue concluida en abril de 1856 y publicada al año siguiente, con una tirada inicial de 6.600 ejemplares, que se agotó inmediatamente, y dos meses después, apareció la segunda edición. Llega en el momento preciso para manifestarse ante los ojos del mundo como un revolucionario de las ideas, de las costumbres y la moral más ortodoxa e inflamada por los prejuicios de una sociedad constreñida y obsoleta.

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La historia de Emma Bovary, descubre a una hermosa campesina de Normandía,que, impresionada por las  historias amorosas que leía ávidamente a la salida de la escuela, llegaron a forjar en su imaginación cuentos de amor con hermosos príncipes embelesados por sus encantos y la llevaron a transformar su mundo en un escenario irreal, donde no había cabida para la moral y en el que su locura dejó al descubierto el delito de adulterio y puso en cuestión el amor de madre y esposa. Emma transgrede las normas más elementales. Se siente acosada por sus problemas personales, que la hacen mentir, robar para finalmente abocarse al suicidio. Ese relato creó ampollas en los entresijos de la sociedad pero abre una brecha ya imposible de cerrar. La sociedad está en crisis. El mundo de las ideas se mueve vertiginosamente y marca otros cauces de comportamiento y en 1857 se celebra un juicio en el que Flaubert es acusado de ultrajar la moral pública y religiosa, además de atentar contra las buenas costumbres. Finalmente y gracias a la pericia de su abogado, es declarada la sentencia absolutoria. 

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Bosque de Giverny (Alta Normandía)

Flaubert trata de recuperarse de las intrigas y viaja a Túnez y Argelia. Intenta centrarse en un nuevo proyecto y embarca con destino al milenario Cartago. Un gran despliegue de acontecimientos históricos conforman la novela. “Salambô” se recrea en los sentimientos de su heroína. Desmenuza hasta la saciedad descripciones, ambientes, todo un repertorio de sucesos alrededor de la ciudad de Cartago (hoy, Túnez), las guerras púnicas y la hegemonía cartaginesas. Surge un Flaubert documentado en ambientes de épocas pasadas y pone de manifiesto ese interés casi oculto en aprender de los textos antiguos como la Eneida, leyendo a Virgilio e intentando alcanzar metas elevadas sobre todo en el aprendizaje del latín y el griego. De ahí que toda la obra del escritor tenga un objetivo clave en su vida, el de la búsqueda incansable de la perfección. Finalmente su novela concluye en 1862.

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CH. Huard para una edición del Siglo XIX. Bouvard et Pécuchet.

Más tarde, seguirían “la Educación Sentimental”, acabada en 1869, “La Tentación de San Antonio” y su obra póstuma “Bouvard y Pécuchet”. Quedó inacabada a pesar de su interés, siendo ardua y laboriosa su ejecución. Algunos comentaristas la clasifican dentro de un tema confuso pues no sabrían situarlo dentro del campo de la novela o puramente filosófico y la comparan con un Quijote normando en paralelo al héroe cervantino. Dos chiflados funcionarios deciden abandonar su escribanía para explorar nuevas aventuras en otros tantos oficios, todos ellos destinados al fracaso, para, después de vanas exploraciones, volver a su antigua labor de servidor público. Un exhaustivo y concienzudo trabajo de documentación bibliográfica que el escritor desarrolló con brillantez. 

“El escritor debe meterse en sus personajes y no acercarlos a sí mismo”. G. Flaubert.

Gustave Flaubert, en sus recuerdos, apuntes y pensamientos íntimos (1840-1841)

 

Se describe a sí mismo:

“Lo que me falta es, ante todo, el gusto. Es decir, todo. Capto y siento en bloque, en síntesis sin advertir los detalles. Los tutti me van bien. Me interesa lo que asoma o se destaca a las claras. La textura se me escapa; como tengo manos rudas, no siento bien la blandura de la tela, pero en cambio sí que me impacta su brillo. No me agradan las medias tintas. Me interesa el condimento y lo picante, lo acaramelado o lo azucarado, pero no lo delicado. El color y la imagen, ante todo. Carezco de concisión y, más aún de precisión. Nada de unidad. Movimiento, sí, pero nada de poesía real. Inventiva, pero ningún sentimiento de ritmo. Eso es lo que más me falta. Y, sobre todo, tengo un estilo hinchado y pretencioso”.

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Cuando habla sobre el amor:

“Así como tengo delicados deseos de amor, los tengo también ardientes, sangrantes, horribles. El más virtuoso de los hombres alberga cosas horribles en el corazón. Existen ideas que no confesamos a nadie, ni siquiera a un complice o a un amigo. Cosas que no se deben decir en voz alta. ¿Te has ruborizado alguna vez debido a secretos e innobles movimientos que ascendían dentro de ti y que después se aplacaban, dejándote perplejo de haberlos tenido?

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Al hilo de sus sentimientos acerca de escribir:

“Escribo porque me divierte. El pensamiento es la más grande voluptuosidad. La voluptuosidad en sí misma es pura imaginación. ¿Alguna vez has disfrutado tanto como en sueños?”

Su idea sobre la moral:

“La moral sin religión es algo absurdo que sólo tiene valor en la mente de los filósofos”.

Sobre su concepción filosófica del sentimiento humano:

“El estoicismo es la más sublime de las estupideces. La modestia, la más orgullosa de las bajezas. Si existe algo superior al razonamiento es la inspiración. Si algo juzga mejor que el juicio es el tacto, que no es mas que la inspiración que nos causan las cosas físicas, la vida activa”.

Al poco tiempo de estas reflexiones:

“acabo de leer este cuaderno y he sentido piedad de mí mismo”

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“Hay que leer, meditar mucho, pensar siempre en el estilo y escribir lo menos posible, únicamente para calmar la irritación de la Idea, que exige tomar forma y que se revuelve en nuestro interior en tanto que hayamos encontrado una palabra exacta, precisa, adecuada”.

 Fragmento de la carta que envió a su amiga Louise Colet, en Diciembre de 1846.-

Gustave Flaubert es un espíritu insatisfecho, muy crítico con una sociedad en declive, pero defensor de la libertad y del estilo literario. Observador objetivo y un auténtico precursor de la modernidad.

María de Fraile. Abril de 2019.-

Por los Prados y Bosques de Bohemia

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Reflejos de luz a través de las vidrieras de la catedral de San Vito. Praga

Se habla de nacionalismo considerándolo como una especie de exacerbación política en la que se  entremezclan no sólo acontecimientos históricos, sino cualquier clase de sentimiento que pueda albergar la conciencia de un pueblo tanto social como de reivindicación moral, religioso e incluso artístico.

 

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Escultura dedicada a San Vito. Rijks Museum. Amsterdam

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Bedrich Smetana

Para Bedrich Smetana, compositor checo (1824-1884), no existen diferencias entre ambos conceptos, sólo un razonamiento único: la libertad de  la nación checa.

Mucho antes de que los alemanes invadieran Checoslovaquia en la Primera Guerra Mundial, el país estaba dividido en varios estados comprometidos con los países que la circundaban. A mediados del siglo XIX, Austria y  la vieja Alemania hegemónica del vasto imperio austrohúngaro, se disputaban su dominio. El 28 de Octubre de 1918 se firma un tratado y se divide el estado en dos: una parte sería la república popular Checa o Chequia, y la otra se llamaría Eslovaquia. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, los nazis invaden el país y es a partir de la finalización del conflicto, cuando un grupo nutrido de países intenta dominarla. Se forman gobiernos de izquierdas y todos cuantos aspiraban a poseerla, se aprestan a conseguir sus propósitos. Así hasta 1993 que es declarada independiente. 

No podría llamarse nacionalismo el sentimiento que el pueblo checo albergaba, no tanto por descabezar el estado como por defender el país de agresiones externas.   

 El eximente ideológico partidista de conceptos equivocados, puede penalizar la voluntad de un pueblo que, al margen de juicios de valor carentes de lógica, divide y desconcierta la voluntad de los individuos.

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Arcadas del cementerio de Vysenhrad al atardecer. Praga

No se puede opinar categóricamente sobre una ideología política y, a la vez, hacer distingos y exclusiones sobre lo que es aceptable o puede ser rechazado.En anteriores décadas, el ideario de un pueblo que busca su libertad, puede mostrar un nacionalismo que nunca será comparable con otros que rompen las reglas de lo que se entiende por patriotismo. En la actualidad, el concepto de nacionalismo puede derivar hacia rupturas ideológicas dentro de un mismo país, sensible a la integración de los diferentes estratos de ese pueblo.

No existe pues, nacionalismo bien entendido dentro de una misma comunidad, cuando parte de ella se considera diferente del resto de los otros estados miembros y propone romper lazos entre sí. Entonces aparece una nueva figura en la escena de la política llamada sedición, que culminará, si no es frenada, con una rebelión a ultranza.

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Calle Novy Svet, sobre la colina de Hradcany. Praga

No hay circunstancias excluyentes que permitan favorecer a unos ciudadanos en detrimento de otros. La patria es un elemento que aglutina a todos y cada uno de los ciudadanos que la ocupan. Todos, con sus afinidades y divergencias, idiosincrasia y peculiaridades propias de la historia que les precedió, la tierra que ocupan o los fueros que las sustentaron desde su creación, son iguales ante las leyes y los derechos que les amparan, en ese estado único que les gobierna. No hay excepciones. Los nacionalismos deben ser absorbidos por una única voluntad: la de la consolidación y defensa de la patria, la que caracteriza la sensibilidad del conjunto de los miembros que componen ese estado.

Smetana lo vivió y quiso transmitirlo a lo largo de su obra “Má Vlast” (Mi Patria), pero no como una intransigencia tribal, sino como una defensa frente al enemigo exterior.

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El río Moldava a su paso por Praga.

La región de Bohemia que en vida del compositor protagonizó frecuentes enfrentamientos con los países del entorno, forma parte del espíritu musical de Smetana. No hay referencias en “El Moldava” sobre un supuesto recorrido gráfico sobre el río a su paso por la capital de Praga. Se trata de una obra que agrupa todo un simbolismo del espíritu checo en una recreación musical para conseguir un monumento erigido a la gloria de los hombres y de su patria. Artistas e intelectuales fueron cada vez más numerosos a la hora de animar a sus compatriotas para la formación de un estado nacional, deseos muy lejos de poder ser alcanzados entonces.

No fue la única obra en la que el autor ensalzó a su país natal. Entre 1874 y 1879 compuso media docena de poemas sinfónicos, y están contenidos dentro del mismo epígrafe “Má Vlast” (Mi Patria).

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Reloj astronómico de Staromestske Namesti. Praga

 

Praga fue llamada “La Ciudad de Oro”y representa el principio y el final de una evocación musical. Las ideas se enmarcan dentro de la ciudad y son la causa de que Praga alcance las aspiraciones de la nación checa.

Durante la ocupación alemana a principio de los años cuarenta, las obras del compositor fueron representadas con orgullo y reivindicación popular del pueblo sometido. Sin embargo, fueron prohibidas poco tiempo después. 

 

María de Fraile.- 1 de Abril de 2019.-

A Propósito de Fiódor Dostoievski

(11 nov. 1821 – 9 feb. 1881)

Reflexiones y notas personales al hilo de algunos comentarios del escritor francés André Gide en su libro sobre el novelista ruso.

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Fiódor Dostoievski

Un rostro carnoso redondeado; una nariz ligeramente respingona; cabellos cortos castaño claro. Una frente ancha y, debajo de unas cejas despobladas, unos ojos grises, pequeños y muy hundidos. Mejillas pálidas sembradas de pecas. Una tez enfermiza, casi terrosa y unos labios gruesos”.

Descripción de Dostoievski a la edad de veinte años (1841), por su amigo Riesenkampf.

Dostoievski observa la vida a través de sí mismo, lo que le diferencia de los demás escritores de su época. Mira por encima de la ventana de un mundo sin horizonte y descubre la soledad. Está preocupado por el bienestar de aquellos a los que quiere y no le importa lo que pueda sentir de sí mismo. Ha descubierto que no todo el mundo es de mala condición y le reconforta saber que todavía quedan almas caritativas que se preocupen por él.

Según el escritor francés André Gide, “toda la literatura occidental, en especial la novela, salvo raras excepciones, sólo se ocupa de las relaciones entre los hombres, pasionales o intelectuales, familiares, de la sociedad, pero nunca o casi nunca de las relaciones del individuo consigo mismo o con Dios; que en el individuo ruso, priman sobre todas las cosas”. En síntesis, Dostoievski crea cada uno de sus personajes en función de sí mismo.

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Mar de Finlandia, cerca de San Petersburgo

En 1849 es encarcelado junto a un grupo de sospechosos y como causa, la llamada conspiración de Petrashevski. Que, ¿cómo se vio involucrado? Curiosidad intelectual tal vez. Se libra de una muerte cierta por puro azar. Iba a ser fusilado y un indulto inesperado hizo cambiar el rumbo de su futuro. La pena de muerte fue conmutada por prisión y trabajos forzados, condena que duró casi cinco años. 

 Es enviado a Siberia donde sufre en silencio calamidades y vejaciones. Añora a su hermano. Por eso, le escribe con tanta frecuencia y le suplica que no le olvide. Pero no desfallece. Reflexiona sobre la vida y crea personajes para esas novelas que no sabe si algún día verán la luz, mientras que las personas de su entorno, le sugieren nuevas historias.

Durante todo ese tiempo de incomunicación, ya no puede escribir, ni leer apenas. Aprende a convivir con un mundo distinto al que está acostumbrado. Oculta la cara fea de esa historia sórdida que le envuelve y suspira por una libertad que no está seguro de poder alcanzar.

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Malecón de la Universidad. La Kunstkammer sobre el río Neva. 1718-1734 (San Petersburgo)

“Estoy solo como una piedra arrojada” escribe al poco de su liberación. La muerte de su mujer de tuberculosis y más tarde la de su hermano, le envuelven en un aislamiento dramático casi imposible de soportar.  A pesar de ello, esta situación de desamparo le hace sentirse como el ave Fénix entre las cenizas. 

El análisis estético de sus novelas refleja un comportamiento tácito con los individuos que forman parte de ese mundo. Las carencias, los compromisos sociales, la dignidad del hombre, su honra, el orgullo personal, caracterizan y dan forma a los personajes que creará más adelante en sus novelas.

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San Petersburgo. Catedral de la Resurrección de Cristo 1883-1907

 

Gusta de estudiar y analizar a las gentes de la calle que pasan junto a él. Trata de investigar a través de la indumentaria y los gestos qué clase de profesión u oficio desarrollan. Cómo viven, qué sentimientos o inclinaciones les obligan a llevar una vida como la que les ha tocado en suerte. Escudriña a través de sus rostros para saber qué es lo que les preocupa en ese momento. Persigue en cada historia algo que le es esencial y pone en cuestión la existencia de Dios. Y ello está latente a lo largo de su vida de una forma consciente y también irreal. Esa idea pende de su subconsciente hasta que toma carta de naturaleza cuando se enfrenta a un relato donde está implícito el asesinato. Trata de llamar la atención del lector cuando considera tendenciosas las historias a las que su entramado se ve alterado por asuntos de envergadura como lo es un homicidio. 

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Plaza del Heno (Senaia Plóschad)

La Plaza del Heno ejerció gran influencia y fascinación sobre el personaje Raskolnikov, en su novela “Crimen y Castigo”. Allí se generaba un gran mercado en el que se vendía cualquier cosa, pero sobre todo, heno. El lugar con peor reputación de toda la ciudad.

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Avenida Nevsky. San Petersburgo, a principios del siglo XX

En Dostoievski, la valoración del respeto y la honra están por encima de la humillación y el perdón reconocido. No importa las veces que un individuo rebaje su cabeza para implorar y reconozca su pecado. Para él, es preciso que se ponga de manifiesto la hombría del humillado, no tanto por sus acciones abyectas, sino por el mero hecho de reconocerse en ellas.

En su novela “Los hermanos Karamázov” el hijo al que culpan de parricidio, enaltece y reafirma su condición de inocente, aunque reconoce que es un vividor, vago y lleno de vicios. Es patente cómo la vida licenciosa y el juego cubren al protagonista con un halo de santidad, haciéndole elevar su cabeza por encima de quienes le acusan con vileza de un crimen que no cometió. Esa es su grandeza, reconocer en sus personajes la fuerza de un corazón noble.

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Fiódor Dostoievski

Dostoievski recrea sus historias con conmiseración y ternura  hacia  sus criaturas, aún a pesar de reconocerles vicios y miserias. A veces, son un fiel reflejo de un alma atormentada que bien podría ser la suya, como en “El Jugador” donde pone a prueba una fiera resistencia ante la obstinada inclinación al juego de su protagonista; caer una y mil veces para levantarse y volver de nuevo a ser derrotado. En la lucha, entablan diálogo dos factores importantes: la inteligencia y la voluntad. Nada se resiste ante una mente clara, si no es a través de la cordura donde se logra una sólida voluntad. Sus historias no están llenas de héroes épicos, son seres mortales, débiles y llenos de defectos, pero que, en ciertos momentos, cuando aceptan sus culpas, un aura divina los protege, los envuelve de santidad  y los eleva al cielo.

 

María de Fraile.- Marzo 2019.-

El Gran Teatro de la Música Barroca

  • Orígenes: Haendel/Händel ó Handel
  • Cultura, sociedad y marco geográfico.
  • Breve historia de su vida y trayectoria.
  • El salto desde Alemania al Reino Unido.
  • La influencia italiana.
  • La música sacra y la profana en el Barroco. Los Oratorios y la ópera.
  • El Mesías.
  • Bach y Händel.

 

 

En realidad se trata de un puro matiz idiomático y que tendría mucho que ver en virtud de su lugar de nacimiento. La diéresis es netamente de origen germano, al igual que la contracción de las vocales fuertes a-e. La a, por el contrario, procede del lenguaje anglosajón. Son, por tanto, las raíces, de nacimiento y adopción las dueñas por igual de la legitimidad del artista. Pero usaremos la versión inglesa, tal vez por afinidad con sus obras de más renombre.

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Halle,  Sajonia-Anhalt, Alemania.

 

Georg Friedrich  Haendel nace en la ciudad de Halle, estado de Sajonia-Anhalt, nordeste de Alemania, el 22 de Febrero de 1685. Fallece en Londres, el 14 de Abril de 1759.

Su padre, un cirujano de la localidad, se negaba a que siguiera estudios musicales, muy a pesar de sus maestros, que consideraban al niño de 7 años suficientemente dotado para ello. Años más tarde y, tras la insistencia de su padre, inicia sus estudios de derecho en la universidad de su ciudad natal. 

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Georg Friedrich Händel

Allí debió conocer a Georg Philipp Telemann. Se consolidó una amistad duradera hasta que, al final, decidió dedicarse a la música por entero. A partir de ese momento, su vida transcurre vertiginosa hacia los teatros de las ciudades más importantes de Europa.

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Carestini en la mascarada de Arsace. teatro S. Giovanni Crisóstomo, Venecia.

 

En 1706 Handel viaja a Italia. Se enamora de la ópera. Conoce a Scarlatti padre, y a su hijo Domenico. Muestra entusiasmo por la obra de Corelli, Gasparini y tantos otros. Se siente tan impresionado por las representaciones musicales adaptadas al teatro, que llega a componer en cuatro años cerca de seis óperas.

De regreso a Alemania, añora al público londinense y decide volver con ellos. En el año 1721 se instala definitivamente en Inglaterra. Compone sin descanso y es nombrado compositor de la Capilla Real pero su estilo aún no se ha consolidado con el pueblo inglés y en 1726 toma la nacionalidad inglesa y adopta el nombre de George Friedric Handel. Ahora sí le aclaman y valoran su estilo como “viril”. Más tarde llegarían el “Te Deum” por la paz de Utrecht, “La Música Acuática (The Water Music), para honrar al rey inglés desde el río Támesis y mascaradas musicales como “Acis y Galatea”.

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Trata de consolidar su nombre pero tropieza con disputas rivales en el teatro con intérpretes y compositores. Su vida no resulta fácil y recurre a la nobleza, que le avala y de alguna manera le protege y, en 1749 compone, para celebrar la Paz de Aquisgrán los famosos Reales Fuegos de Artificio (Musick of the Royal Fireworks), dentro del marco del Covent Garden de Londres. Es entonces cuando decide abandonar la ópera italiana  y dedicarse de lleno al oratorio inglés.

 

Los ingresos económicos de sus óperas no eran suficientes para mantener su status e idea poner música a los textos ingleses. En este mismo período, crea seis “concerti grossi” llamados también conciertos para oboe, pero sin abandonar la ópera italiana.

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Teatro Covent Garden, Londres. T. Rowlandson (1756-1827)

Existe una gran diferencia en la concepción de la música sacra dentro del periodo barroco, entre sus creadores más notables, como Telemann, la pléyade italiana, Bach y el propio Handel. El término oratorio en el lenguaje musical de Handel, se transforma en recurso operístico con toda una muestra vital profana. Es triunfal, nada cargado de espiritualidad, de lenguaje directo y sin dramatismos acústicos. Es algo diferente que surge ante un público entusiasmado al escuchar una música dialogada, escenificada por las diversas voces que componen la obra, pero a modo de oratorio, donde se introduce la voz de un relator o interlocutor entre los actores que componen la escena y los instrumentos de la orquesta. No hay foso. Todos son protagonistas del relato. Los músicos no están escondidos para evitar empañar lo que está ocurriendo en el escenario, como en la ópera. Aquí los cantantes tanto solistas como el coro que les arropa, manejan los hilos de la historia.

 

 

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Ascension de Cristo. William Hogarth (1756)

El Mesías.

Quién no recuerda o tararea su “Halleluiah”

 

Este no es un oratorio profano y posee una gran fuerza espiritual pero está exento de dramatismo. Handel construye la obra en 1741 en tres semanas y la lleva a la ciudad de Dublín para su estreno el 13 de Abril de 1742. Es la obra favorita de todos cuantos aman a Handel y al oratorio, aún en nuestros días. Sin embargo, su estreno no produjo el entusiasmo y la admiración esperados. Hubo de transcurrir un tiempo para que su éxito estuviera garantizado. El propio autor la dirigió cada Semana Santa durante años hasta casi el final de sus días en la capilla Foundling Hospital de Londres, hospicio para niños acogidos y que fue fundada por el capitán Thomas Coram para que sirviera de cobijo y educación a los niños abandonados.

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“La Capilla “The Foundling Hospital”. Demolida en 1926

 

J.S. Bach y Handel.

Handel nació en 1685, el mismo año que J.S. Bach. Son muchas las diferencias que les separan y escasas las concomitancias que les unen. Mientras Handel es un compositor nacido para el teatro, Bach se desenvuelve entre el drama y la música sacra. Disfruta de la belleza y le apasionan los placeres. Bach se sume en una introspección y reflexiona sobre lo eterno. Al contrario que Bach, sus composiciones religiosas sobre temas bíblicos, buscan la recreación en las batallas y ponen de manifiesto la victoria. Le maravilla el relato de las plagas que devastaron Egipto y esos temas le permiten componer música de mucha energía. Los himnos  de alegría que relata el Evangelio sobre el exterminio de los niños no circuncisos, le aportan un gran desarrollo de los sentidos y, de algún modo, grandiosidad musical. La audiencia desbordaba los teatros y las salas de conciertos porque sus historias estaban llenas de episodios mundanos. A diferencia de Bach, que daba preeminencia al lucimiento del instrumentista, Handel pensaba cuando componía, ante todo, en el ejecutante vocal. Lo que les unió fue la gran profusión de ambos en su repertorio. Sin embargo, siguen pesando más las diferencias en la balanza. 

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Orfeo. Siglo XVIII. Gerrit van Honthorst (1590-1656)

 

Con el paso de los años, su vista empeoró y es operado sin éxito de cataratas. Pierde la visión y continúa la dirección de orquesta de memoria hasta que, finalmente y después de una última representación de “El Mesías”, ocho días más tarde, fallece en Londres, el 14 de Abril de 1759 

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George Frederic Handel

Se le ha tachado de plagiar obras de otros compositores contemporáneos suyos, aunque en aquella época no se consideraba delito artístico el hacerlo. Sin embargo, fue un hombre de convicciones firmes, alejado de los convencionalismos de la época y fiel a su trayectoria profesional, dispuesto a reconocer sus errores. Podría ser calificado de ecléctico pero gracias a su formación alemana, los vínculos nacidos entre compositores italianos y su residencia final en Inglaterra, así como las claras influencias de músicos como el francés Lully, o el inglés Purcell, consiguió un estilo y un conocimiento de la música que le hicieron merecedor de los mayores elogios.

 

María de Fraile.- Marzo de 2019.-