Una Almohada Amiga

A solas vuelven a mí recuerdos de otros lugares, donde hube de batirme sin la protección que da la experiencia. Podría considerarse un fracaso que hasta ahora no he sabido aceptar, pero que forma parte de todo un bagaje existencial.

Aprendí a vivir conversando con el espejo de mi habitación. El escuchaba complacido, sin reproches. Fuí feliz soñando historias tiernas, haciendo de heroína, desgastando sorbo a sorbo mis alegrías y mis fracasos. Jamás me reprochó nada.

Cuando el sueño devoraba mis ideas, una compañera confidente acariciaba mi rostro y hacía volar mi imaginación. Suave y seductora la almohada, de ancestros árabes, cautivadora de conciencias, se impregnaba de dulces fragancias para luego ahuecar sus plumas y rendirse ante mis encantos.

Fue la única que soportó estoicamente los llantos de una juventud solitaria. Se empapó de mi sudor cuando temblaba de miedo en la oscuridad. Y sin embargo, nunca me abandonó.

Fuí yo la que cambié.

Harta de compañera triste, muda, ajada por el uso, elegí otra más pomposa y almibarada. Aquella, supo renunciar a tiempo con elegancia y dejó paso a la sustituta, moderna arrebatadora, suave, donde podía hundirse plácidamente la voluntad del más aguerrido luchador.

Cada noche la busco, testigo de grandes secretos. Siento cómo su dulce olor me reconforta. Es como si me encontrara a mí misma. Como si recobrara la personalidad, como si fuera yo por encima de todo, que tantas veces me he perdido.

Me enfrento a una realidad. Mi propia existencia.

Camino hacia no sé que destino.

Pero la tierra  está firme bajo mis pies.

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Oda a un escritor reencontrado

 

 

Nunca llegaste a conocerme. Mejor diría, yo sí gozo de ese privilegio. He podido observarte desde mi escondrijo en estos últimos años, con las gafas de miope en ciernes. No me gustan los gerundios, pero aún caminas sobre tus pasos desde el infinito y es en gerundio mi mejor manera de expresar los recuerdos, leyendo tu prosa.

Te leo con asiduidad, te estoy leyendo, te he leído siempre. Te he buscado en la sombra porque tu onda magnética ha chocado con la mía cientos de veces y ha producido chispas multicolores.

No importa que hayas vivido en otro tiempo y lugar. Yo admiro tu pluma y me identifico con tu angustia, con ese desafuero ingrato, con la penuria que da una mano yerta, un corazón sin llama, una mente sin ideas.

Pero ese retorno tuyo me ha inflamado el ánimo, me ha devuelto la alegría, me ha puesto en movimiento. Por eso deseo con fervor seguir tu trayectoria. Nada me detendrá.

Desde la sombra admiro tu coraje. Esa valentía que solo unos pocos poseen para llamar a las cosas por su nombre sin hacer juicios de valor. Tu pluma además de elegante es precisa, rotunda, llena de matices para los que los saben buscar, como para quienes no llegan a entender el valor de un alma pura.

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Ernest Hemingway. Portada de su libro “al romper el Alba”

¿En realidad has vuelto o soy yo la que te ha encontrado de nuevo? Un gran hallazgo ese reencuentro, esa convivialidad al despojarte de formalismos y etiquetas. Ahora eres más tú, estás más cercano, y te siento más emparentado con mis ideas. El tiempo aflojó distancias y deshizo hechizos. Tus canas se parecen a las mías e intuyo que no estás solo allá donde estés. Has triunfado ante la mediocridad de los que te ofrecían el éxito por un puñado de monedas. Y embelesaste a las gentes con esa pluma de periodista aguerrido para acabar en la más grande de las creaciones, la literatura.

Necesito seguir tus pasos para no perder la batalla sempiterna de las ideas. Me quedaré a la escucha de tu voz, con tu escritura entre las manos, a pesar del tiempo y los estrepitosos cambios de siglo, con sus vanidades y frívolas historias, a la espera de un futuro que nos acerque a las maravillas aún sin descubrir en un mundo mejor.

 

“Lo más triste de la vida no es la angustia humana, sino que haya tanta gente incapaz de percibirla”.

Ernest Hemingway

La Tinta de mi Pluma

 

Verde es el color de la tinta de mi pluma.

Como el cielo sobre un mar de olas,

como los prados que circundan la montaña picuda y el valle que los envuelve.

Como el mar en un día de tormenta, donde el gris plomizo de las nubes,

transfigura la silueta de los veleros en conchas y caracolas.

 

IMG_2617La escritura representa el alma del que la usa. Es su insignia y responde a su madurez.

Es el espejo donde queda reflejada la imagen real de quien la porta.

La mano experta que atesora secretos y los plasma en un papel.

La escritura transmite esos pensamientos, da forma al carácter y lo muestra para regocijo del mundo de las ideas.

IMG_0572La tarde aún conserva la quemazón del verano. Esta vez no hay sensaciones en el aire. No me gustan los tiempos que corren, están llenos de soledad. Cyrano cuando hablaba de ella afirmaba que podía ser uno de los grandes y más preciados valores del hombre. Si es consentida y aceptada, llegaría a ser todo un regalo para un alma inquieta.

¡Escribir! con soltura, sin titubeos, limpiamente. El momento se elige al mismo tiempo que abres y cierras la mano. De un golpe de vista sitúas tu entorno y lo analizas escrupulosamente.

Pero cada palabra se convierte en una meditación, un suspiro, tal vez una esperanza. Me cuesta creer que las frases geniales que pudieran surgir para llenar las hojas de mi cuaderno, pasaran a ser humo denso que impidiera ver la realidad de un mundo mejor.

 

Llega la noche, suena la hora.

Los días se van y me voy quedando sola.

María de Fraile, Octubre de 2017.-

El Encuentro

 

Bajó del autobús atestado de gente, casi a empellones. Hacía demasiado calor para proseguir el trayecto. ¡Ni un minuto más!, dijo para sí. -Continuaré a pie a pesar del ruido del tráfico y mis incómodos zapatos- pensó. La tarde invitaba al paseo pero no en una ciudad tan estridente. Su semblante se hizo menos rígido, más natural. Después de detenerse un instante para llenar sus pulmones y tras tomar conciencia de su libertad, levantó la mirada y contempló las copas de los árboles. Estaban plagadas de flores y brotes nuevos. Cada primavera se producía el prodigio. Resultaba inconcebible que pudiese nacer algo tan hermoso de aquellos viejos árboles, retorcidos y llenos de bultos de savia estrangulada por la mala poda. Era como una transformación, un milagro.

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Ella era una mujer todavía joven, en su aspecto sobre todo, lo que en realidad más le importaba.Aunque estuviera cercana a la jubilación, no por ello descuidaba su imagen. Le costaba reconocerse madre de hijos independientes y por ende, abuela. Esto último aún no lo había asumido.

Telma se dejó llevar con placidez hacia un punto indefinido de su destino. Desató las ligaduras de obligaciones y deberes. No deseó pensar en nada más. Disfrutaba cuando era conducida por sus instintos. Lo mejor, el azar, la suerte que no avisa pero otorga milagros y sorpresas. La maravillosa improvisación, la inmediatez y luego, un mundo de satisfacciones. Porque lo que no está preparado de antemano y surge sin previo aviso se saborea mejor, posee la dulzura de un premio inmerecido.

Estos y otros razonamientos acompañaron su camino. La tarde se hacía más tibia y un vientecillo suave la envolvió. Su abstracción terminó con un golpe seco en su espalda. Se detuvo y comprobó que alguien llamaba su atención. Como por encanto, una figura humana se mostró ante sus ojos. Una mujer de mediana edad, corpulenta y algo ruda en sus ademanes la saludó sin demasiada cortesía. Se volvió, la miró de repente y reconoció a la que en otro tiempo hubo de ser su más encarnizada rival en aquel trabajo que ocupó casi veinte años de su vida.

Telma estaba consternada, casi petrificada por aquella aparición, agarrotados los músculos, sin saber qué decir ni cómo iniciar una conversación que ya estaba maldita antes de sus comienzos.

Aquella mujer… esforzó su memoria con intensidad. ¡Andrea se llamaba!

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Se cruzaron saludos, besos próximos aunque falsos, miradas que desnudaban a plena luz del día, que escudriñaban un todo e inventaban lo que no existía. Y Telma se sintió por ello despojada de alma y espíritu. Aquella arpía intentaba una vez más adueñarse de su esencia. No deseaba enfrentamientos, tan solo ansiaba salir de aquella situación tan indeseable como involuntaria.

Un impulso repentino, de esos que Telma valoraba por el ímpetu del momento, la casualidad o el buen acierto, la llevó a concluir ese momento amargo y terrible. Nunca supo enfrentarse a ella con valentía y ahora, ese golpe de suerte le brindaba la oportunidad de ponerlo en práctica.

Andrea Prosiguió con un bombardeo de preguntas indiscretas, frases atrevidas y comentarios que rebosaban menosprecio. Estaba claro que su intención no era otra que añadir nuevos ataques que tiempo atrás no pudo concluir. Y Telma escaparía de aquella locura consentida y aceptada o tal vez ignorada por aquellos que no supieron valorar sus méritos y la abandonaron en brazos de una mujer sin escrúpulos.

Y ahora tropezaba con ella que destilaba vileza, más años y y ninguna cortesía. Enseguida comprendió que la sorpresa no era un buen elemento a qué aferrarse. Que la inmediatez y la espontaneidad no siempre cerraban con broche de oro una página en el libro de una vida. Sin embargo, hubo algo que hizo malograr los deseos impíos de aquella desgraciada. y fue la ventura la que rescató de aquellas garras a Telma. El tiempo se detuvo y separó a las dos mujeres con un muro infranqueable. Andrea, hasta ahora en paradero desconocido, estaba siendo investigada por la policía al haber sido acusada de diversos delitos en la empresa que supuestamente dirigía. ¡Mala fortuna! La estridente sirena del coche policial apagó la sordina del tráfico y los transeúntes se arremolinaron en círculo rodeando a las dos mujeres. Momentos después, Telma vio cómo aquella que surgió de la nada pretendiendo lastimarla de nuevo, fue arrastrada hacia un coche celular hasta que desapareció sin dejar rastro. Triste destino para un alma atormentada por la codicia y el resentimiento, los celos y la envidia.

 

Aquella tarde se hizo memorable. Los recuerdos se transformaron en una mera anécdota, y la alegría volvió a reflejarse en los ojos de Telma. Después de todo, el impulso que la hizo abandonar el autobús para elegir un solitario paseo a ninguna parte, se convirtió en su mayor triunfo.

María de Fraile, Agosto 2017.-

Martin Heidegger

Martin Heidegger, un paradigma controvertido en el presente.

 

¿Y qué pueden esperar los jóvenes de generaciones futuras?

“El nazismo es un principio bárbaro. Ese es su mayor potencial y donde reside su grandeza”. Martin Heidegger

El hombre es un ser más en la naturaleza. Más complejo y organizado que los demás seres naturales, pero está sujeto en todas sus manifestaciones a las mismas leyes. El hombre es pues, uno más entre los seres del universo. Esta filosofía gira en torno al hombre y Heidegger descubre el existencialismo como clave para definir su teoría filosófica.

El existencialismo surge en 1927 muy próximo a las filosofías de la vida de Frederick Nietzsche. En ese año Heidegger publica “El Ser y el Tiempo” y presenta El Anuario para la Filosofía y la Búsqueda Fenomenológica, dirigido por el filósofo Edmund Husserl, su maestro indiscutible.

Esa corriente filosófica que transcurrió en el período comprendido entre la segunda guerra mundial y la posguerra, fue destructor y trágico, que en nada favoreció a filósofos y pensadores para estructurar una conciencia clara sobre la existencia del hombre.

El Existencialismo se presenta como una ideología pesimista. Su conclusión es que la existencia del hombre carece de sentido, como apunta Jean Paul Sartre “El Hombre es una pasión inútil”.

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Heidegger hacia 1933

Pero Heidegger acoge a los estudiantes judíos en sus seminarios, se convierte en el amante de Hannah Arendt, filósofa judía alemana, arrestada y enviada al campo de concentración femenino de Gurs, en el sur de Francia y, sin un resquicio de escrúpulo, se gana las simpatías de otro público, contrario o entusiasta a las consignas hitlerianas de la sociedad alemana. Por un lado, Martin Heidegger no anuncia ningún lamento o remordimiento sobre su compromiso nazi, sino que trasluce un antisemitismo sin máscara y un extremismo ideológico que no ha sido enmendado, o al menos abjurado. Lo más sorprendente es que no solo no ha destruído sus notas comprometedoras, sino que ha programado su publicación póstuma como si se tratara de entregar el testigo a la humanidad para no sufrir en vida las consecuencias de sus criticas.

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Reunión de profesores de universidad en Leipzig en noviembre de 1933

Recientemente, en Octubre pasado el semanario alemán Die Zeit publicó extractos de unas cartas que Heidegger envió a su amigo Fritz: así se confirman una vez más las convicciones racistas y extremistas del pensador.

¿Qué hacer, entonces con Heidegger?

Está claro que el filósofo acepta la adhesión al partido nazi y se vincula a él el 9 de mayo de 1933 en la ciudad alemana de Friburgo, según lo atestiguan los registros legales, sin importarle en absoluto en qué medida podrían afectarle en su carrera profesional o en su vida privada.

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En su jubilación de Todtnauberg en 1968

Los “Cuadernos Negros” sin publicar aún, podrían esclarecer muchos puntos oscuros de su vida después de años de incógnitas y condicionar en gran medida su teoría filosófica sobre el ser y el yo, el mundo del hombre y el mundo que le rodea, la preocupación del propio yo. El hecho de tener conciencia, de ser un “pour-soi” para sí, como dijera Jean Paul Sartre, frente a las cosas que carecen de conciencia y forman el “en-soi” en sí mismas.

Pequeña biografía:

Martin Heidegger nace en la ciudad de Messkirch, el 26 de Septiembre de 1889. su padre fabricaba toneles y ejercía el oficio de sacristán.

Cursa estudios en la Facultad de Teología y llega a cuestionarse el ingreso en una orden religiosa.

Estudia a Pascal, así como a los alemanes Hegel, Schelling y Hölderling. Descubre la Fenomenología de Husserl.

En 1923 consigue una plaza como profesor en la Universidad de Marbourg.

Después de publicar “El Ser y el Tiempo” en el Anuario de Filosofía y la Búsqueda de la Fenomenología, imparte diversos cursos sobre la Crítica de la Razón Pura de Kant, para más tarde suceder a Husserl en su cátedra de la Universidad de Friburgo.

Continua sus trabajos durante los años siguientes que precedieron al conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. No pierde el tiempo en reflexiones políticas y celebra conferencias, cursos y seminarios sin afectarle ni pormenorizar sobre las consecuencias de la guerra. Se convierte en un intocable durante los seis años terribles de la contienda.

 

 

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En 1968, junto a su refugio de montaña

“Merece la pena cuestionar a Occidente sobre sus propias cegueras y determinismos, así como las tentaciones tiránicas de su universalismo. Heidegger encarna los excesos de nuestra tradición y nos ayuda a reflexionar sobre ello en toda su obra”.

Patrice Bollon, Periodista y Ensayista.

María de Fraile, Agosto 2017.-

Una Luz en el Horizonte

Hoy sigo en otra mesa de cualquier café. Es el lugar favorito para dar rienda suelta a mis pensamientos y llenar de elucubraciones los huecos vacíos de mi cerebro.

En mi confusión, intento racionalizar acontecimientos, emociones, pasos en falso. es todo un alarde, en el desequilibrio inesperado pero real que hace material lo estricto y etéreo.

He perdido algo de lo que hasta ahora ignoraba y que me hace estar algo hueca, menos complementada que antes. La fuerza, el dominio del que en otro tiempo había hecho alarde, se fue escapando de entre mis dedos como la espuma de jabón.

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Esta situación de amor y duelo, de alegría y desasosiego, la he sufrido tantas veces que no llego a acostumbrarme, cuando aparece ante mí sin esperarlo. Es una aceptación y negación a la vez. Las acepto resignada pero me niego a sufrirlas de nuevo.

Y continúo sola, a la espera de que algo cambie. Demasiadas veces en soledad que ya he perdido la cuenta. Esta vez no invento historias ni trato de evadirme de una realidad tan esperada como incomprendida.

El tiempo pasa y sigo buscando una consecuencia a esta locura que me ha tocado vivir. No un por qué, sino un hasta cuándo.

La soledad es como el filo de un cuchillo. Bien afilado puede acabar con la esperanza de fe. La voluntad de continuar la lucha se puede romper de repente y, entonces, puede caer en un vacío infinito. La tristeza se hará dueña de todo cuanto amas y crecerá la amargura. Ya no habrá marcha atrás porque imperará la soledad y no se encontrará una mano amiga que te ayude a levantar.

Se acabaron los ruidos y las falsas alucinaciones. Solo el canto de los pájaros se oye a lo lejos. La naturaleza bulle. Y es que, casi hemos apurado Mayo. Siempre te gustó ese mes por encima de los demás. ¿Verdad que tiene un encanto especial? Será la luz de la mañana o el retorno de las golondrinas, o quizás el verde fulgurante de los árboles, o tal vez ese calorcito repentino de un verano omnisciente.

La tarde está en el límite del fin. Sigue siendo bella a pesar de todo.

Es necesario marcarse un plan. No demasiado estricto, pero sí eficaz.

¿Quién nos lo impide? No hay peros. La vida nos ha hecho experimentar doblemente. Es la reconfirmación de lo que no pudo ser y ahora está al alcance de la mano. Es la unión del éxtasis de lo bello con la mesura que da la experiencia. Es la madurez de media vida y el despertar de sensaciones nuevas o inconfesablemente reprimidas.

Es volver a nacer. Pero esta vez con los ojos bien abiertos y los sentimientos restañados de viejas heridas. Bajo esa mirada algo oscura de gato solitario se esconde la satisfacción que da la buena labor realizada. Alguien muy sabio dijo que el hombre ha de vivir sus propias responsabilidades y deberá aprender a compartirlo todo, excepto ese otro yo que forma parte de su destino y va más allá de los límites de la cordura o la generosidad.

Ese pequeño ser invisible habrá de permanecer oculto para que no lo devoren las alimañas o lo malicien los puritanos. Ha de crecer con uno mismo para hacerse fuerte hasta llegar a convertirse en algo puro, sublime, indestructible.

María de Fraile, Mayo de 2017.-

Te voy a contar un cuento.

¡Cuando sea grande…!

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“La estrella de Laura” de Klaus Baumgart.

Mamá, cuando sea grande,
voy a hacer una escalera,
Tan alta que llegue al cielo,
para ir a coger estrellas.
Y me llenaré los bolsillos de cometas,
Y bajaré a repartirlas
a los chicos de la escuela.
Pero a ti voy a traerte,
mamita, la luna llena,
Para que alumbres la casa
sin gastar luz eléctrica.

 

Me gusta contarte cuentos.

Echo de menos tu niñez. Ahora que ya sobrepasas mi hombro, te miro y me pierdo en tu rostro.

Aún conservas rasgos infantiles pero es inevitable. Y siento envidia de tu juventud.

IMG_0311Me apasionaba observarte de soslayo, cuando tú ni siquiera sentías el pudor de una mirada indiscreta. estabas creciendo y dentro de mí aún permaneces sin pelo, el pañal empapado y la mirada tranquila de quien se siente protegido y amado.

Empezaste la escuela y ya no pude disfrutar más de tu compañía. En silencio, como cuando eras un enano y te sentaba en aquel cestillo portátil. Desde el suelo, a pocos metros de mí, manoteabas nerviosamente y me sonreías mientras fregaba los platos y levaba tu ropita.

 

 

IMG_0405Tú solo emitías ruidos. Yo, te contaba mil historias. Aquello terminaba en una algarabía general donde se unían a nuestras voces el timbre de la puerta y las canciones escolares que tu hermana había aprendido ese día en el colegio. Se rompía ese silencio encantado pero tu mirada me seguía a todas partes ávido de encontrar respuesta a cuanto sucedía a tu alrededor.

Y por las noches, junto a tu cuna, entonaba viejas canciones con voz muy queda para que entrases despacio y sin sobresaltos en el mundo de los sueños.

Cuentos fantásticos de dragones y príncipes desterrados, princesas tristes y bosques milenarios que transformaban las leyendas en realidades cercanas, donde las hadas existían en un mundo irreal pero mágico y misterioso.

Ahora, leerás tú a tus niñas esos sueños de amor y aventuras y les enseñarás a patinar y a construir historias maravillosas como yo te enseñé a sonreír y a compartir esos momentos inigualables de intimidad.

IMG_0500En un mundo difícil, de ilusiones vanas, la alegría hará que se desvanezca la desventura para que las generaciones futuras crean en la ternura, la felicidad y la generosidad, a pesar de todo.

María de Fraile, 15 de Mayo de 2017.-

Reflexiones al Hilo de la Vida

Tal vez os preguntéis qué sucedió en mi vida.
Ya no lo recuerdo.
Pero una luz maravillosa iluminó el monte de espinos,
Y comenzaron a brotar hojas y tallos,
Que se convirtieron en fragantes flores.
Y ramas, que luego serían frondosos árboles.
Y entonces, contemplé el mar.
Tan azul e inmenso.
Y mis ojos reflejaron su verdor.
Y se hicieron más profundos y conocedores.
Como la luna de agosto, un poco más vieja, un poco más sabia.

 

Extrañamente, casi como un regalo, la vida me trae nuevos retos, otras responsabilidades, difíciles pruebas que superar. Y yo veo cómo pasan las horas y los días a mi alrededor, deudores de algo que les es difícil de arrebatar, y son esos momentos los que tratan de mostrarme con un sigilo contumaz, a veces hasta siniestro, el significado de sus mudas señales. Llevan carteles, máscaras pintadas con mensajes y se mueven en un círculo, al son de una música muda. Al bailar, siento cómo agitan el aire con sus ropajes. Se vuelven a mirarme pero no logro distinguir la expresión de sus rostros.

IMG_0975Están ahí cuando el reloj da las horas. Mi mente se extravía y quiere huir a lugares más placenteros pero en estos tiempos turbulentos de mi existencia, el recuerdo de la muerte echa a empujones los buenos momentos, las tiernas experiencias, para apoderarse de ella y llenarla de turbación. Y solo siento tristeza por el adiós, rabia de no haber hecho todo aquello que quedó sin terminar, o tal vez grandes proyectos sin iniciar. A pesar de ello, no siento tanto miedo como hubiera imaginado. Y mis ojos se llenan de lágrimas para lavar mis errores que pervivirán a pesar de todo. Recuerdo a mi madre, tan sabia a veces, tan obstinada otras pero siempre amorosa y fiel.

La vida se nos antoja más corta a partir de una edad. Hasta entonces, no habíamos tomado buena cuenta de los días cortos y jubilosos, o tristes, largos e inalcanzables. Ahora que la mirada languidece a través de mis gafas, reflexiono largamente sobre el misterio de mi destino.

Un día muere y otro nace, pero al comienzo de una primavera hostil y fría, todo mi cuerpo se estremece en una reflexión nada esperanzadora. No hay vuelta atrás. El corazón vibra y se conmueve. El tiempo se acorta como una vela, en silencio, no deja lugar a otras alternativas. Hay que comerse los minutos, las horas y saborear en cada pedazo su misma esencia.

Descubres la brevedad de una existencia. A solas con tu vida, se empequeñece el universo, estás fuera o dentro de él, no basta con una conciencia real de tu propia naturaleza. Es la misma vida la que te da opciones. Has de elegir cuál, tal vez.

IMG_1009Es cuando se hace necesario un punto de reflexión sobre nuestro destino final. Nos hará más libres, menos apegados a las cosas, más generosos, menos intransigentes, más temerosos de nuestra suerte, más cabales, responsables, humanos en definitiva. Aunque su fatal realidad nos acose con frecuencia y sintamos cómo nos embarga la tristeza, es una verdad incuestionable e ineludible de la que nadie podrá escapar.

María de Fraile, 1 de Mayo de 2017.-

Tarde de Soledad

Historia de un hijo fiel o el desarraigo.

De cómo la felicidad del ser humano puede pender del delgado y fino hilo de la suerte.
Aproveché una tarde ventosa de marzo en la que fui abandonada por unas horas, al amparo de mis ideas. Encontré cierta tranquilidad en una mesita alejada de mirones y corrientes de aire en una cafetería de las afueras. Lo que en otro tiempo fue campo y ahora se convirtió en suburbio urbano, mostraba su cara menos amable frente a la avalancha de zonas comerciales que asediaban con invadir definitivamente campos frondosos de vegetación, lomas y pequeños valles sombreados de frondosos árboles serpenteados por arroyos cristalinos.

En esa soledad complacida, me sentía dispuesta a aprovechar los momentos de asueto de que disponía. No siempre resulta fácil compaginar imaginación con apresuramiento, pero hice la promesa de cumplirlo.

Ordenaba mis trastos de informática y conexiones de wifi junto al cuaderno de notas, cuando la camarera de turno colocó sobre mi mesa un humeante café, al tiempo que entraron en escena dos personajes a cual de ellos más peculiar. Ocuparon una mesa no muy cercana a la mía pero sí lo suficiente como para distraer mi atención. Saltaba a la vista que se trataba de una madre anciana a la que acompañaba su hijo. Apostaría sin perder que era soltero, sin sustento a que aferrarse y muy ligado a sus faldas, no tanto por desmedida pasión filial, como por desdichada subsistencia material.

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En un Café (El Ajenjo) Edgar Degas.

La dama vestía de manera estrafalaria, aunque intentaba mostrar un cuidado especial. Era alta, muy delgada y de andares torpes e indecisos. Llevaba un pantalón de pijama de un color indefinido y que ella exhibía al pasear junto a las vitrinas que mostraban toda clase de suculentos y apetecibles manjares, a pesar de sus vanos intentos por ocultarlo bajo una falda larga hasta los tobillos, con volantes que el tiempo y la desidia transformó en deslucida apariencia. Su cuerpo se cubría con una blusa de encaje y un sombrerito ridículo y melancólico trataba de cubrir a duras penas sus cabellos enmarañados y poco limpios. El supuesto hijo la esperaba paciente, sentado mientras ella se debatía entre aperitivos calientes y fríos, zumos, copas de vino o jarras de cerveza. Una vez satisfecho su apetito y saciado su sed, volvía a pasear por el local para elegir un nuevo menú.

Comía y bebía a la par que hablaba de asuntos muy desdeñables a los oídos de su compañero, que permanecía silencioso, inmóvil, aislado del mundo y de todo, ausente de cuanto sucedía a su alrededor.

De vez cuando permitía que su mirada tropezase con la de ella, pero no se inmutaba. La misma escena se repitió una vez más y fue entonces cuando el hombre, de mediana edad, de aspecto triste, mirada esquiva, barba de varios días e indumentaria desaliñada, sacó un papel sobado y comenzó a anotar en él una lista de compra para el supermercado.

Aquellos ojos sin huella se perdían en el infinito cuando la anciana le comentaba lo que podían ser banalidades frívolas. Estaban juntos y nada les unía.

Por un momento, el hombre se encontró a sí mismo y pudo percibir con qué desprecio le trataba la vida, qué clase de destino incierto le aguardaba y se preguntó con qué armas le podría hacer frente.

Pero su gesto se apagó al comprender que esa forma de vida no tenía sentido para él y contempló cómo la luz del atardecer se apagaba en el horizonte, llevándose consigo la poca felicidad que le quedaba.

Triste alegría la de un hombre que siempre estuvo solo, a pesar de la carga que soportó a cambio de compañía, engañosa seguridad y un falso y mal aceptado bienestar.

María de Fraile, Abril 2017.-

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