La Vuelta a Casa

Sin apenas espacio para desarrollar ideas, conceptos, imágenes o nuevas sensaciones, al arrullo de un motor diesel nauseabundo pero trepidante de ruidos y vibración, me dejo llevar por este impulso devorador de la inspiración que tan pocas veces me envuelve. ¿Cómo no celebrar su llegada cual maná vivificador?.

IMG_2522El autobús de pone en marcha. Lleno a rebosar de gentes que, como yo, vuelven del trabajo fatigados, algunos exhaustos del esfuerzo por la carrera alocada para no perderlo, otros cargados de mochilas, portátiles, pequeños recipientes para el almuerzo, que cada día llevan y traen más como una carga que por mera obligación.

Y mi pluma comienza a zigzaguear garabatos de vocales y consonantes apoyada sobre un soporte pésimo. Poco importa tirar millas en el reverso de unas fotocopias que hablan con minúsculas de arrendamientos urbanos. Mi posición es enjuta, casi disciplinada para no molestar al vecino de al lado. Hace calor, demasiado y el viaje hasta casa se me antoja hoy más duro que de costumbre. Los autobuses que se dirigen a mi pueblo serrano, rumian con orden paradas, rotondas y plazoletas. El motor aturde mi mente cuando susurra esa canción machacona y aburrida. La gente charla para distraerse, o dormita sin pararse a reflexionar si la postura es muy cómoda. Cualquier resquicio de su asiento es bueno para entregarse en manos de un mal sueño.

IMG_0686Mi mente está hoy despierta, a pesar de la dura y aburrida jornada laboral. No es lícito descargar con acritud mi pesadumbre por un trabajo nada gratificante. Es otra manera de vaciar mi ánimo, perdido ya entre el desconcierto de la apatía o la frustración. Tal vez ambas cosas. Uno necesita del otro para sobrevivir y los dos al unísono tratan de machacar mi consciente hasta desdibujarlo en la nada.

Es inevitable aferrarse a un imposible absurdo, pero tan atractivo como un sueño dulce que nada tiene que ver con los ya vividos. Es más una fantasía de la voluntad, una asombrosa película en color, que dura un suspiro y luego se desvanece.

El autobús prosigue su camino. Ya hemos abandonado la autovía y la noche llegó con el último crepúsculo de la tarde. Es el momento de reflexionar sobre lo vivido.

He aprendido a valorar mi espíritu de sacrificio. Cada noche trato de llevarme a la cama algo nuevo y nunca será lo suficientemente grande como para quedarme satisfecha por ello. El siguiente día me mostrará que existen otros retos, aún más importantes que los de ayer, que estarán esperando ser ejecutados con todas las fuerzas de que dispongamos.

IMG_0833Continúo en la meditación de reflexiones y acontecimientos de la jornada y viene a mi mente lo que horas atrás, en el descanso del almuerzo leí. Se trata de un artículo sobre las diferentes reacciones que experimenta el ser humano al paso de los años. La llegada de los cuarenta resulta para muchos insospechada, casi un trauma para otros y una maldición para la mayoría. Esta etapa y otras venideras, podrán ser motivo de meditación y análisis. El por qué de los diferentes cambios producidos en individuos que ya atravesaron esa barrera o están a punto de hacerlo, es una consecuencia reivindicadora ante la frustración producida por una exigua falta de libertad. Somos esclavos de nuestro propio destino. Vivimos en lugares alejados de nuestro trabajo para sentirnos libres, aunque solo sea por unas horas. Supeditamos nuestros deseos de bienestar por una responsabilidad laboral que nos impedirá desarrollarnos como seres humanos amantes de la belleza y despreciaremos el mundo que nos rodea porque no disponemos de tiempo material para amarlo y cuidarlo.

IMG_0894Nuestro viaje acaba. Los cuerpos se rinden ante la evidencia de un día agotador. Vamos abandonando los asientos y entonces el autobús se queda vacío. Las mochilas están cargadas de rutina y problemas laborales que aún no se han resuelto. Pero el tiempo corre y hay que dormir deprisa para alcanzar un día más. Un día nuevo, esplendoroso, magnífico, lleno de alicientes. Nunca imaginaremos nada mejor. Tiene que ser distinto al de ayer, aunque llueva o haga mal tiempo, nuestro jefe nos llene la mesa de trabajo o ignore lo brillante que podríamos ser en ese proyecto que tiene destinado para otro.

A pesar de todo, mañana ha de ser un gran día.

María de Fraile, Diciembre de 2017.-

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Una Almohada Amiga

A solas vuelven a mí recuerdos de otros lugares, donde hube de batirme sin la protección que da la experiencia. Podría considerarse un fracaso que hasta ahora no he sabido aceptar, pero que forma parte de todo un bagaje existencial.

Aprendí a vivir conversando con el espejo de mi habitación. El escuchaba complacido, sin reproches. Fuí feliz soñando historias tiernas, haciendo de heroína, desgastando sorbo a sorbo mis alegrías y mis fracasos. Jamás me reprochó nada.

Cuando el sueño devoraba mis ideas, una compañera confidente acariciaba mi rostro y hacía volar mi imaginación. Suave y seductora la almohada, de ancestros árabes, cautivadora de conciencias, se impregnaba de dulces fragancias para luego ahuecar sus plumas y rendirse ante mis encantos.

Fue la única que soportó estoicamente los llantos de una juventud solitaria. Se empapó de mi sudor cuando temblaba de miedo en la oscuridad. Y sin embargo, nunca me abandonó.

Fuí yo la que cambié.

Harta de compañera triste, muda, ajada por el uso, elegí otra más pomposa y almibarada. Aquella, supo renunciar a tiempo con elegancia y dejó paso a la sustituta, moderna arrebatadora, suave, donde podía hundirse plácidamente la voluntad del más aguerrido luchador.

Cada noche la busco, testigo de grandes secretos. Siento cómo su dulce olor me reconforta. Es como si me encontrara a mí misma. Como si recobrara la personalidad, como si fuera yo por encima de todo, que tantas veces me he perdido.

Me enfrento a una realidad. Mi propia existencia.

Camino hacia no sé que destino.

Pero la tierra  está firme bajo mis pies.

Oda a un escritor reencontrado

 

 

Nunca llegaste a conocerme. Mejor diría, yo sí gozo de ese privilegio. He podido observarte desde mi escondrijo en estos últimos años, con las gafas de miope en ciernes. No me gustan los gerundios, pero aún caminas sobre tus pasos desde el infinito y es en gerundio mi mejor manera de expresar los recuerdos, leyendo tu prosa.

Te leo con asiduidad, te estoy leyendo, te he leído siempre. Te he buscado en la sombra porque tu onda magnética ha chocado con la mía cientos de veces y ha producido chispas multicolores.

No importa que hayas vivido en otro tiempo y lugar. Yo admiro tu pluma y me identifico con tu angustia, con ese desafuero ingrato, con la penuria que da una mano yerta, un corazón sin llama, una mente sin ideas.

Pero ese retorno tuyo me ha inflamado el ánimo, me ha devuelto la alegría, me ha puesto en movimiento. Por eso deseo con fervor seguir tu trayectoria. Nada me detendrá.

Desde la sombra admiro tu coraje. Esa valentía que solo unos pocos poseen para llamar a las cosas por su nombre sin hacer juicios de valor. Tu pluma además de elegante es precisa, rotunda, llena de matices para los que los saben buscar, como para quienes no llegan a entender el valor de un alma pura.

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Ernest Hemingway. Portada de su libro “al romper el Alba”

¿En realidad has vuelto o soy yo la que te ha encontrado de nuevo? Un gran hallazgo ese reencuentro, esa convivialidad al despojarte de formalismos y etiquetas. Ahora eres más tú, estás más cercano, y te siento más emparentado con mis ideas. El tiempo aflojó distancias y deshizo hechizos. Tus canas se parecen a las mías e intuyo que no estás solo allá donde estés. Has triunfado ante la mediocridad de los que te ofrecían el éxito por un puñado de monedas. Y embelesaste a las gentes con esa pluma de periodista aguerrido para acabar en la más grande de las creaciones, la literatura.

Necesito seguir tus pasos para no perder la batalla sempiterna de las ideas. Me quedaré a la escucha de tu voz, con tu escritura entre las manos, a pesar del tiempo y los estrepitosos cambios de siglo, con sus vanidades y frívolas historias, a la espera de un futuro que nos acerque a las maravillas aún sin descubrir en un mundo mejor.

 

“Lo más triste de la vida no es la angustia humana, sino que haya tanta gente incapaz de percibirla”.

Ernest Hemingway

La Tinta de mi Pluma

 

Verde es el color de la tinta de mi pluma.

Como el cielo sobre un mar de olas,

como los prados que circundan la montaña picuda y el valle que los envuelve.

Como el mar en un día de tormenta, donde el gris plomizo de las nubes,

transfigura la silueta de los veleros en conchas y caracolas.

 

IMG_2617La escritura representa el alma del que la usa. Es su insignia y responde a su madurez.

Es el espejo donde queda reflejada la imagen real de quien la porta.

La mano experta que atesora secretos y los plasma en un papel.

La escritura transmite esos pensamientos, da forma al carácter y lo muestra para regocijo del mundo de las ideas.

IMG_0572La tarde aún conserva la quemazón del verano. Esta vez no hay sensaciones en el aire. No me gustan los tiempos que corren, están llenos de soledad. Cyrano cuando hablaba de ella afirmaba que podía ser uno de los grandes y más preciados valores del hombre. Si es consentida y aceptada, llegaría a ser todo un regalo para un alma inquieta.

¡Escribir! con soltura, sin titubeos, limpiamente. El momento se elige al mismo tiempo que abres y cierras la mano. De un golpe de vista sitúas tu entorno y lo analizas escrupulosamente.

Pero cada palabra se convierte en una meditación, un suspiro, tal vez una esperanza. Me cuesta creer que las frases geniales que pudieran surgir para llenar las hojas de mi cuaderno, pasaran a ser humo denso que impidiera ver la realidad de un mundo mejor.

 

Llega la noche, suena la hora.

Los días se van y me voy quedando sola.

María de Fraile, Octubre de 2017.-

Melancolías en un mes de Octubre

Melancolías en un mes que se aferra al verano que se fue.

 

 

No pudo ser un gozo esta celebración. Demasiados acontecimientos, no tantas dudas, algunos temores a la cercanía de un final nada querido, esperado ni reconocido.

Los años pasan desacompasados, unas veces la tristeza los alarga, otros vuelan porque la felicidad desea encontrar su lugar y no quiere llegar tarde a la cita. Los recuerdos afloran en una madurez pletórica a pesar del rostro que cada día se ve diferente, con algunos años de más, consciente de que no hay vuelta atrás.

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Atardecer en Reykjavik, Islandia

Es una celebración que hace tiempo buscó la mirada de las estrellas, la luminosidad de los atardeceres y la sonrisa amiga de los que aman. Ahora languidece entre canas y recuerdos. El ímpetu de la primera juventud se desvaneció y la alegría de la inexperiencia se tornó en sensatez al acompañar la madurez al conocimiento.

Un acontecimiento desde otra perspectiva más sentada, cabal, juiciosa, menos entusiasta, jovial, ilusionada, tal vez. ¿Habrá perdido autenticidad? ¿Ha sucumbido frente a una crisis de identidad o se ha dejado llevar por la apatía y el desánimo?.

A mayor conocimiento y experiencia, menor pasión y entusiasmo. El resultado de este axioma es la ilicitud frente a la verdad de las cosas, que nunca estarán por encima de lo que descubramos en ellas. Sin embargo, el fluir de los acontecimientos hace que renazcan en nosotros nuevas esperanzas. ¿Nos sometemos a las leyes divinas de la naturaleza o permanecemos a la espera de algo sobrenatural que nos haga puros?.

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Auditorio Harpa, Reykjavik

¿Por qué, entonces, dejarnos llevar por los avances tecnológicos y renunciar a los conocimientos y la sabiduría de nuestros antepasados?. El culto al hedonismo y la superficialidad nos impiden reflexionar sobre el fin último de nuestra existencia. Hoy, los extremos sobre el origen y el término de la vida humana carecen de interés.

Sin embargo, estas reflexiones al hilo de otras vacilaciones sobre el raciocinio o el vacío existencial, ponen de manifiesto que no todo se ha perdido.

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Fiordo de Hardanger, Noruega

Aún queda la esencia misma del alma, nuestro compromiso con la verdad absoluta, la eternidad de las cosas, si no puras, que hayan experimentado el cambio que las mejora, la esperanza de un mundo feliz, como el que nos enseñó Aldous Huxley, el que regenerará y limpiará nuestros corazones de toda mancha.

 

María de Fraile, Octubre de 2017.-

El Alma Escondida

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

Concierto para violín en re mayor, Opus 61

GABRIEL FAURÉ

Requiem en re menor, Opus 48

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Ludwig Van Beethoven

El concierto de violín fue compuesto probablemente entre los meses de octubre y noviembre del año 1806 y su primera audición tuvo lugar el 23 de diciembre de ese mismo año.

De una gran belleza melódica, fue dedicado a su amigo Stephan von Breuning, más concretamente a la esposa de éste, aunque sus pensamientos durante la composición, estuvieron con Teresa Brunswick. Todo apunta, según testimonios escritos, que ella representó el verdadero gran amor de su vida. Cuentan que la pasión entre ellos fue profunda y recíproca y gran parte de comentaristas e historiadores consideran a Teresa como la “Inmortal Bienamada” para la que Beethoven escribió cartas inflamadas y que, se cree, no llegaron a su destino. Estas fueron halladas, después de la muerte del compositor, escondidas con todo cuidado.

Nunca se llegó a saber el motivo de la ruptura de esa unión tan apasionada.

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Atardecer en la desembocadura del Neva (San Petersburgo)

Recuerdo una audición de este concierto en el Teatro Real, una bella mañana de domingo. Las taquillas habían colgado el cartel de “No hay entradas” por la expectación que supuso la llegada al escenario del famoso intérprete de violín Isaac Stern. Y ahora evocaba esos momentos al escuchar a Frank Peter Zimmermann. La técnica empleada es casi perfecta. Posee un marcado estilo muy personal y transmite, a través del lenguaje musical, cierta sutileza.

Durante la ejecución del movimiento final, percibí algunos adornos en los solos, finura en los sonidos del instrumento y algo nervioso con el arco. Una buena resolución en el conjunto de la obra.

Sin embargo noté que faltaba algo que complementara toda su línea instrumental, tan importante como el encuentro con Isaac Stern. Algo tan difícil de valorar, que casi pasó desapercibido ante toda la audiencia y que materialmente echó abajo la Sala de aplausos ininterrumpidos. Me sentí decepcionada por ello. No había alma en su interpretación. Se debió quedar escondida dentro de la pequeña caja del violín.

 

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Gabriel Fauré

 

El Réquiem de Gabriel Fauré presentaba formas serias de obra importante. La orquesta se acompañaba de coro, órgano y dos solistas, Soprano y barítono, que otorgaban brillantez a toda la pieza musical.

Aunque se trataba de una obra sacra, no me asustaron sus compases graves,  que por su naturaleza nos pudiera transportar a otra realidad más espiritual. el  resultado era pura armonía.

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El Agnus Dei fue realmente bello. La presencia de la muerte se hace patente en los textos, pero la música está viva. Posee mucha fuerza y llega a ser sublime.

La estrofa final “In Paradisum”, rompe con los cánones de los oratorios. Se hace vivificadora, canta liberación, alegría y felicidad. Una paz placentera nos envuelve, en donde no hay tristeza ni melancolía. Tal vez el influjo de su espíritu libre, poco religioso, casi pagano, hizo que su música sonara con un acento desmitificador, muy lejos de las estructuras cristianas de la época.

 

María de Fraile, Septiembre de 2017.-

 

 

El Amor y la Esencia del Ser

 

Robert Schumann (1810-1856)
Concierto para Piano en La menor, opus 54

 

Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía nº 5 en do sostenido menor

 

Era el primer concierto de la temporada y la crítica musical se esforzó en publicar sus comentarios con premura, no así en otras ocasiones, lentos y casi olvidados.

No construiré aquí en lenguaje musical los tecnicismos ya usados como las hemiolas encontradas en el vals del movimiento final del concierto de Robert Schumann, o la dubitativa intervención del solista de trompeta en el primer movimiento de la quinta sinfonía de Gustav Mahler. Estaba emocionada al inaugurar la temporada con un programa tan atractivo como deslumbrante.

Robert Schumann

Días atrás escuché el concierto en la versión del pianista Maurizio Pollini y, tengo que confesar, que me cautivó. Su expresividad, la finura de líneas, el sentimiento, llenó de alegría mi corazón. La expectación que suscitó la presencia de Javier Perianes no fue comparable a otros intérpretes de su talla. Recordaba al milanés y me quedé con sus notas de amor en mi pensamiento.

Clara SchumannVinieron a mí los recuerdos, las anécdotas y visiones de Schumann y su esposa Clara, el amor que se profesaban y la indiscutible calidad de sus composiciones. De cómo ella las interpretara, a pesar del reguero de sufrimientos que hubo de soportar ante la inevitable oposición de su padre a esa unión y la posterior enfermedad de Robert. Pero le quedaron sus hijos, tantos como obras orquestales. Ahí estuvo Johannes Brahms al amparo de sus necesidades. Pero Clara Schumann preservó y respetó por siempre el recuerdo de su esposo.

 

 

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Alma Mahler

Una muestra de amor más, tan auténtica y vital como la de Alma Mahler, brota de entre las notas de su sinfonía. Los comienzos son los de una marcha fúnebre, fríos y sombríos, pero el Adagietto resurge de entre las cenizas. Mahler sufrió una dura enfermedad mientras componía los primeros movimientos y cuando conoció a su amada revivió en él la esperanza. Y la amó con apasionada vehemencia. Y surgió la melodía dedicada a ese amor. Ya nada importaba.

gustav-mahlerSus ojos contemplaron el lago de aguas verdes y profundas como la noche, el bosque sombrío como un día de niebla en invierno. Más tarde, la claridad de una nueva estación llenaría de luz su pequeño estudio para componer el final magistral de la obra.

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Cabaña en el bosque, junto al lago ,donde G. Mahler solía componer.

 

Como siempre, el director alemán David Afkham convulsionó la sala. Nos vuelve locos a todos.

María de Fraile, Septiembre de 2017.-