Apasionado BACH

 

Prendimiento. Giotto di Bondone 1303

Giotto di Bondone. El arresto de Cristo (1303)

Es costumbre casi obligada la recreación de una pieza musical venerada, tanto como escuchada en una sociedad atemporal. Ya no existen trabas en la ideologización de temas religiosos cristianos y la libertad de pensamiento nos hace dueños de aceptar o rechazar estas prácticas, a pesar de la belleza de obras musicales como la que aparece una vez más cubriendo las páginas de los programas de mano en las representaciones orquestales de los Oficios de Cuaresma. En ella, al margen de compartir la ideología que promueven, pueden surgir sentimientos y pasiones a todo aquel que, de una manera u otra, sucumba ante la armonía sonora que creó en su tiempo Juan Sebastián Bach.

 

En la Cruz

Giotto di Bondone. La crucifixión de Cristo (1303)

Las llamadas “Pasiones” además de servir de disfrute de los sentidos y el alma, son versiones musicales de los episodios evangélicos del Nuevo Testamento y que se representan como complemento a sus lecturas en la liturgia pascual. Son lo que durante los siglos XVI y XVII e incluso el XVIII, se convirtieron en Oratorios, o manifestaciones musicales encaminadas a exaltar el tiempo cuaresmal.

 

 

 

 

 

Descendimiento

Giotto di Bondone. La Lamentación de Cristo (1303)

Bach recoge de la Biblia estos hechos y les da forma narrativa según la traducción de Martín Lutero. Estas piezas orquestales relatan el apresamiento, juicio y crucifixión de Cristo. Según la tradición luterana, “cualquier lectura de la Biblia se consideraba ya una interpretación y Bach y sus libretistas se esforzaron en embellecer el relato, desde el punto de vista retórico” (John Butt “Bach’s vocal scoring).

Bach mantuvo toda su vida verdadero esmero en preservar el manuscrito de su obra y repararlo siempre que sufrió algún daño. Lo que consideraba como su obra más importante.

Piedad. Jean Fouquet 1450

Jean Fouquet. Piedad. (1420-1477)

Compuso dos “Pasiones” la que se cita aquí y la perteneciente al apóstol San Juan. Al igual que las de sus contemporáneos, combinan géneros distintos. Se pueden encontrar en ellas, desde armonizaciones de corales tradicionales, hasta recitativos y arias operísticos. El compositor investiga en la obra todas las posibilidades de las distintas sonoridades vocales e instrumentales (según Christoph Wolff). La utilización de dos coros y dos orquestas, le permitió servirse de diálogos antifónicos y yuxtaponer géneros dispares.

Según apunta Wolff, la obra resultante posee un alcance enciclopédico comparable a las grandes creaciones orquestales de Bach.

La Pasión según San Mateo es una versión musical completa de los capítulos 26 y 27 del Evangelio, traducidos por Martín Lutero en los que se entremezclan corales versionados por el monje agustino.

La obra fue compuesta para el servicio de “Vísperas” de Viernes Santo y estaba dividida en dos partes, que debían ser interpretadas antes y después del Sermón respectivamente.

La obra se estrenó en 1727 en la ciudad de Leipzig y sufrió varias revisiones. La versión que conocemos en la actualidad podría fecharse en 1736.

Resurrección

Giotto di Bondone. La Resurrección (1303)

 

Coral

¡Cuando yo también deje esta vida,
no te separes de mi!
¡Cuando haya de sufrir la muerte,
estate a mi lado!
Cuando mi corazón esté acosado
por los mayores terrores,
¡Libérame de estos temores
con la fuerza de tu miedo y tu dolor!

Christian Friedrich Henrici.

María de Fraile, Marzo de 2018.-

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Admirar un Cuadro

Tarde tranquila en un museo de la vieja Europa. Largas colas de espera y un único afán. La contemplación de bellas obras de arte.

En primera línea, provisto de unos cascos de audición, mi acompañante escucha historias sorprendentes de los secretos y tesoros guardados en este viejo Palacio. La mirada atenta, el pensamiento activo, el alma colgada del filo de un sable por la emoción.

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Lección de Anatomía del Dr. Tulp. Rembrandt

Relegada un poco más atrás, contemplo la escena en su conjunto. cámaras fotográficas, miradas que se pierden en las tres dimensiones del espacio de la gran Sala. Murmullos que se entrecortan en el aire. Expectación.

En la observación, los comentarios se desatan. Un grupo de adolescentes rodea enfervorizado a su guía. Explica con voz rotunda sin importarle la presencia del resto de los observadores de la Sala, que le desafían en silencio a que se calle.

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La habitación en Arles. Vincent Van Gogh

Hay pocas posibilidades de descansar en un banco. El único existente lo ocupan un nutrido grupo de orientales, inquietos e impacientes por solucionar la falta de visión de los cuadros que, ahora admiran los jóvenes estudiantes. Han de llenar de instantáneas las tripas de sus cámaras.

El Salón continúa absorbiendo visitantes curiosos. Ya casi no cabe un alma más. Entre el barullo y mi agotamiento, he perdido a mi acompañante que persigue y devora imágenes como si de un gran apasionado y visceral loco por la pintura se tratase.

La atmósfera se carga de un aire pesado, incómodo, irrespirable. He de acercarme un poco más a los lienzos pero una masa de cuerpos humanos me lo impide. Es la Sala de los Impresionistas. Aún no había podido distinguir en cuál de ellas me encontraba.

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La Merienda campestre. Édouard Manet

Por fin, un paisaje asombroso aparece ante mis ojos. Édouard Manet pintó “La Merienda Campestre” en 1863 a sabiendas de que iba a cautivar los ánimos de seguidores y escépticos.

Un desnudo entre hombres vestidos. Una pintura al aire libre, pletórica, con inspiración en los artistas venecianos como Giorgione.

Un cuadro que fue censurado en su época y relegado al ostracismo en el Salón de los cuadros llamados “Rechazados”. Una mujer muestra su desnudez ante la mirada de dos jóvenes estudiantes que la acompañan, durante una merienda en el campo.

Mereció la pena esta espera, ese desasosiego y el agobio de los que finalmente abandonaron la Sala para dejarme con mi bien hallado acompañante y así disfrutar en plenitud de la visión de este cuadro revolucionario.

La imagen nítida de la mujer desnuda resplandece en la semi oscuridad de un bosque sombrío, mientras que otra, otorga luz al fondo de la pintura y lo llena de libertad.

María de Fraile, Mayo de 2017.-