La experiencia griega

Los griegos, que regalaron a la humanidad sus más fantásticos mitos, se han convertido a su vez en seres que forman parte de la teogonía en el sentido estricto de su significado: estudio del origen de los dioses. Por tanto, la mitología griega se integra en su esencia misma. A parte del lugar destacado que ocupan en el desarrollo de la civilización europea, poseen un asidero en la historia, un olímpico aislamiento cargado de misterio y esplendor, más allá de destino común de los pueblos. 

Casi todo lo griego ha estado tan transfigurado por siglos de rendido culto que es difícil contemplar a los griegos con ojos despejados o conocerlos tal y como fueron en realidad. El proceso comenzó cuando los romanos, conscientes de sus rústicos orígenes, tomaron bajo su patronazgo a los griegos como una raza de artistas y filósofos y no llegaron a percibir que el arte y la filosofía no pueden entenderse plenamente prescindiendo de las condiciones en que fueron creadas.

Tan poderoso ha sido el atractivo de Grecia, tan apasionada la devoción que ha inspirado, que casi no existe actividad del espíritu o del intelecto que no haya tocado su viva llama. Los resultados han sido innumerables, tanto en su variedad como en sus éxitos, tan importantes en los esfuerzos de la filosofía o de la ciencia para desentrañar los secretos del ser, como en los ardientes anhelos de los artistas de la palabra, la pintura o la piedra, prestos a recobrar una juventud perdida o una visión del universo simple e indiviso.

En Grecia, la configuración y el carácter del paisaje ha sido un detonante primordial en el diseño del origen y destino de su propio pueblo, desde el momento en que las primeras tribus griegas se desplazaron desde el norte hacia las tierras que aún hoy pertenecen a sus descendientes. Un país con pocas posibilidades de subsistencia debido a la escasez de recursos naturales, de orografía desigual y con una agricultura tan pobre que las frutas y hortalizas sólo podrían crecer en unos pocos llanos fértiles o en hoyos excavados en las laderas de las montañas, genera una civilización de mentes despiertas y condicionadas a una infatigable lucha de superación. A pesar de ser eminentemente marinera, su pesca no es comparable a la del norte. Su climatología está llena de contrastes pero nunca es extrema: En invierno puede disfrutarse del sol pero el verano puede llegar a ser insoportable.

Grecia no es en verdad una tierra dura, pero estas condiciones exigen que sus habitantes sean resistentes y activos, emprendedores e inteligentes. Cuando un griego determina arrojar a su hijo por el monte Taigeto, lo hace a sabiendas que sólo los más fuertes tendrán derecho a la vida, ya que las exigentes condiciones de su existencia le hacían, tomando como ejemplo a la propia naturaleza, practicar su propia selección y vigilancia.

“Orfeo” Gerrit van Honthorst (1590-1656) Nápoles

La capacidad física de los griegos se hace patente en muchas de sus estatuas masculinas, en las que la constitución maciza de los cuerpos y los musculosos miembros, se combinan con la estrechez de la cintura y el desarrollo de las manos. Unos hombres que vivieron en tales circunstancias, poseían cualidades superiores a las habituales.

Aunque los primeros habitantes no eran afines a las figuras mediterráneas que se pueden ver en los frescos de la Creta Minoica, los griegos que les precedieron vinieron del norte, probablemente en oleadas intermitentes y trajeron consigo su lengua que reveló sus limitaciones norteñas, absorbiendo a los primitivos habitantes, de quienes únicamente pervivieron vagos recuerdos. De ellos, los griegos adecuaron para sí un cierto número de ritos religiosos, e incluso adoptaron a su liturgia deidades y divinidades. Pero estos elementos heterogéneos se fundieron en una unidad. A excepción de algunas islas en especial Creta, donde en el siglo V a.C. existía un pequeño lugar donde aún se hablaba el antiguo lenguaje egeo o minoico. 

Los griegos no fueron los rubios gigantes de la fantasía teutónica, en su mayoría parecen haber sido como son hoy en día, de pelo oscuro y tez morena; aunque entre ellos existieran excepciones que los hicieran distinguirse hsta el punto de merecer algún elogio—como nos cuenta Homero— Zeus, que representa el ideal de la masculinidad de los griegos, decía que tenía las cejas de un calor azul oscuro (La Ilíada I, 528,XVIII, 209).

GUERRAS Y CONQUISTAS

Poco después del 1200 a. de C habría de venir del noroeste la primera conquista seria de Grecia, en oposición a una infiltración que poco a poco efectuaría un pueblo emparentado con los griegos: los Dorios. La conquista que siguió fue sin duda devastadora, un golpe mortal a la civilización micénica, muy debilitada tanto por las luchas exteriores como por las rencillas producidas por los propios griegos. Todo ello hizo que Grecia se sumergiera en un período de oscuridad, del cual emergió cuatro siglos después.

Algo parecido ocurrió con las invasiones persas, del 490 al 480 a. de C. En ellas se envió un poderoso ejército por tierra, siguiendo la ruta costera oriental y apoyado por todos los flancos por una flota tripulada en su mayor parte por marinos fenicios. Y derrotaron a los persas. Primero por mar y más tarde por tierra, pero la victoria de Platea no hubiera podido ser efectiva, si los persas no llegaran a tener la desventaja de la aniquilación de su flota con una disminución considerable en el abastecimiento. Grecia estaba a todas luces a merced del mar y en el siglo de Pericles, tomó medidas para dominarlo.

Considerando sus fronteras naturales, en parte difíciles de atravesar, los griegos estaban seguros en sus dominios y esta tranquilidad, junto con un cierto conocimiento en el arte de navegar, les hizo sentir cierta inquietud por conocer y conquistar los pueblos de la otra orilla. Así llegaron a las costas del Asia Menor, Chipre e incluso Siria. A partir del siglo VIII grupos aventureros llevaron esas inquietudes más lejos aún, construyéndose ciudades griegas en lugares remotos de occidente, como Marsella. Su poderío se extendió hasta Sicilia y el sur de Italia, compitiendo ferozmente en lucha armada con cartagineses y etruscos, para desarrollar allí todo un cúmulo de ideales de vida brillantes y diferentes. A pesar de la barrera del mar, no perdieron contacto con la tierra de sus padres, adoraron los mismos dioses, participaron de los mismos juegos y conservaron las mismas costumbres y lengua. Se mezclaron las razas de colonizadores y colonizados y no por ello, desterraron su plena convicción de sentirse griegos, los verdaderos y genuinos. Así estaría la cuna de grandes filósofos y matemáticos. Las colonias griegas participaron activamente en dar a conocer las artes de Grecia, en compensación a los bienes que recibieron de sus colonizadores, exportando objetos bellos a lugares lejanos, como la cartera de bronce encontrada en Francia, que procede del Peloponeso y data del siglo VI a. De C.

LA POLIS

Un rasgo sobresaliente en la historia política de los griegos era la división que diseñaron para su país. Se trataba de crear una confederación de pequeños estados, cada uno de ellos con un gobierno independiente. La diferente e irregular estructura  orográfica griega, les permitía distribuir sus mini estados en valles separados unos de otros por montañas, o en islas que, en gran parte se bastaban así mismas y formaban cada una su propia unidad. Cada grupo desarrolló su actividad  aunque las barreras montañosas no eran motivo suficiente para evitar una invasión, sí para impedir que el estado fuera invadido por otros. Así nació la Ciudad-Estado. 

Por su propia naturaleza, la ciudad-estado creó un tipo especial de vida social. Las formas de gobierno podían variar desde el poder personal al mayoritario, pero por ser las condiciones homogéneas, las diferencias de conducta tuvieron que ser graduales, de acuerdo con el poderío y la supremacía de las clases más acaudaladas. Todos los hombres participaban en los mismos intereses y ocupaciones.

La ciudad-estado no siempre dio origen a la democracia, pero favoreció la libertad de trato, el sentido de la personalidad y una estructura social en la que los individuos quedaban expuestos a la plena observación de sus conciudadanos.

La Cueva Azul

GRECIA SENSUAL

La influencia que tuvo el escenario natural en la mente de los griegos fue muy poderosa. Lo que importa es la calidad de la luz, no sólo en los días de verano, sino en pleno invierno donde la luz es incomparable, más brillante pura y fuerte que en ningún país de Europa. Se pueden perfilar con claridad los ángulos de las montañas contra el cielo. El color del mar cambia desde un ópalo al amanecer, a zafiro a medio día, hasta recrearse en el plomizo del atardecer. El verde oscuro de los olivos contrasta con el ocre de la tierra y produce innumerables variaciones de color. Esta belleza del paisaje influyó decisivamente en el alma creativa de los griegos. Esto explica por qué han surgido magníficos escultores y arquitectos. La luz adecúa la visión hasta el punto de ver las cosas en su entorno y relieve incluso mejor que en una perspectiva diferente o de estructuras especialmente planas. Quizás esa luz limpia fue la que influyó en la concepción de la filosofía griega. Si la luz es el primer elemento griego, el segundo es el mar. No existe lugar donde no se divise y se pueda contemplar, siendo el vehículo esencial para ampliar sus conocimientos, colonizar a otras tierras para finalmente dejar huella indeleble en el carácter griego.

CIENCIA Y FILOSOFIA

“Un filósofo” Salomon Koninck (1609-56)

Pero el gran triunfo del siglo V fue el desarrollo de ls ciencias. Al igual que Esquilo y Sófocles nos muestran a través de episodios dramáticos que el comportamiento de los hombres tiene un significado especial porque, entre otras cosas, está en consonancia con un mundo celeste, los escultores de Olimpia y del Partenón nos enseñan que la fuerza y la alegría no son alcanzables por méritos humanos, sino que  los propios dioses son los que las originan. Así la ciencia otorgaba perspectiva a algunos hombres que otros conseguían a través de la religión. La investigación sobre la naturaleza de las cosas llevó a un conocimiento más profundo sobre los poderes del hombre.

En medicina, el estudio del cuerpo humano traspasó los límites de la sanación de los enfermos y condujo al desarrollo de ideas sobre el hombre, su modo de vida, el medio ambiente en que se desenvuelve que, a pesar de sus limitaciones, puede adecuarlo para su beneficio.

La ciencia matemática sólo produjo un orden trascendental incluso para disfrute de quienes la estudian, sino que supuso un logro lleno de satisfacciones al comprobar que habían encontrado algo sólido y permanente a pesar de la mutabilidad de las cosas.

Aristóteles

La historia de Grecia se ha convertido en una leyenda. Brilla a pesar de haber otorgado al hombre propiedades divinas y relacionarlo directamente con deidades que más se acercaban a cuentos imperfectos y narraciones inverosímiles. No obstante en su imperfección, los griegos presumen en su afán de competir con seres míticos, de haber alcanzado su propia grandeza y enorgullecerse al vivir por ella.

María de Fraile. Diciembre 2020.-

Claude Monet en Giverny

Oscar-Claude Monet nace en Paris el 14 de Noviembre de 1840. Será a partir de ese momento, el futuro maestro del Impresionismo francés. 

El niño creció acunado por las canciones de una madre comprometida con la música, y de un padre muy ocupado en negocios comerciales. Cinco años más tarde la familia Monet-Chaumerat  fija su residencia en la ciudad de Le Havre, en la región de Normandía. A la edad de 10 años, Claude comienza su escolaridad elemental en un colegio estatal. Años más tarde, da sus primeros pasos como alumno aventajado de dibujo, con el maestro Jacques-François Ochard. Pero del aprendizaje metódico del dibujo en el que se complace realizar bajo su dirección, no orientaría su vocación a las pretensiones del maestro, sino hacia otras inclinaciones más personales, espontáneas y dirigidas hacia otros campos. Monet llegaría a confesar: “He llegado a decorar el margen de mis libros de texto y el papel azul de mis cuadernos de trabajo lo he llenado de ornamentos de fantasía. He representado de la manera más irreverente y deformada posible el rostro y el perfil de mis maestros y educadores”. El lápiz y la pluma le sirvieron para sus propósitos. Y enardecido por el éxito, arrancaba las páginas de su cuaderno de dibujo para ofrecérselas “cordialmente” a sus compañeros.

Gracias a las caricaturas ofrecidas a sus colegas, consiguió rápidamente prestigio y notoriedad, llegando a cobrar 1 Napoleón, el equivalente a 20 Francos, por cada trabajo realizado. Se han podido rescatar un gran número de caricaturas, a pesar de haber sido firmadas  como “O. Monet”

 

El encuentro con Eugène Boudin.

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Eugène Boudin

 

Es a través de un enmarcador parisino encargado de vender sus caricaturas, el que le presenta al paisajista. El joven Monet se mostraría tal vez reticente ante los consejos de aquel hombre algo sucio y desaliñado pero finalmente accede a acompañarle a la campiña. Mientras Eugène Boudin monta su caballete, Claude le observa con atención y, de pronto siente como si un velo fino que cubriera su visión, se deslizara liberando sus ojos. Había comprendido entonces lo que podía ser en verdad el concepto de pintura.

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Escena de playa con marea baja. Eugène Boudin. 1887

“Boudin con una inagotable bondad, emprendió mi educación. Mis ojos, con el tiempo, se abrieron y comprendí a la naturaleza y, al mismo tiempo, comencé a amarla”

Claude Monet seguirá al lado de su benefactor y proseguirá con los estudios sobre la naturaleza.

Punto Muerto.

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Jules Didier. El hombre mariposa. Claude Monet. 1860

 

A juzgar por las obras conservadas, la contribución de Claude Monet a su paso por París es insignificante. De toda su producción de caricaturas, salvo en algunos modelos no identificados que pueden aportarse durante su estancia en Le Havre, nos queda un retrato del pintor Jules Didier caricaturizado en “El Hombre Mariposa, sujeto por una mujer centauro”.

Después de sufrir acontecimientos poco deseados como la llamada a filas de la Armada, su destino en Argelia y la poco gratificante estancia en las academias militares de los paises del norte de Africa que representaban la Francia colonialista, mal adaptado, poco identificado con la milicia y nunca bien equilibrado con sus labores de soldado, vuelve a la vida del taller, un escenario bastante convencional, con plataforma para modelos, taburetes, sillas bajas y caballetes como única decoración.

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La playa de Trouville. Claude Monet. 1870

Sería de todo punto necesario que se hiciera una presentación sobe Giverny, la pequeña ciudad normanda que Monet eligió para desarrollar gran parte de sus trabajos, fuente de inspiración para sus modelos, lugar idóneo para poner en marcha una faceta delirante y apasionada como el paisajismo y la jardinería y cuyo destino le fue dado para vivir y morir allí.

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Esta pequeña ciudad está situada sobre las colinas de la ribera derecha del río Sena, unos cuatro kilómetros aguas arriba del pueblecito de Vernon que le separa del río, con una población aproximada de 250 habitantes a finales de 1880. Se extiende sobre algo más de dos kilómetros a lo largo de la zona departamental 5 donde confluyen las localidades de Gisors y Vernon. Un poco más cerca de la entrada hacia Giverny, la carretera se parte en dos. La zona norte se dirige al Ayuntamiento y deja a un lado la iglesia, antes de volver a encontrar, a través de una cuesta empinada el camino de descenso. Un pequeño río se une a la derecha, en Giverny y va a morir al Sena a pocos kilómetros en su brazo principal.

Monet conocía bien Vernon desde sus primeros viajes a Paris en el trayecto de ida y vuelta. Existen testimonios en los que evocaría viajes de prospección realizados en el tren que unía los pueblos de Vernon a Gisors. El pintor quedó impresionado por los árboles frutales en flor en  el jardín de la casa que él más tarde ocuparía.

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Casa que albergó a la familia Monet en Giverny

La pequeña mansión la componían cuatro estancias, una planta baja, una alta con dos habitaciones, granero y bodega. En el ala oeste, había una especie de almacén que Monet transformaría en taller y una leñera con un pequeño cobertizo. Además, contaban con varias estancias como una amplia cocina, un establo y una bodega. No sólo hay sitio para todos los miembros de su gran familia, sino terreno suficiente para soportar todas las ampliaciones de construcción que el pintor creyó en su momento serían necesarias.

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Vétheuil en verano. Claude Monet 1880

En ese punto, se declaró profundamente interesado por la región. De inmediato, la jardinería llenaba gran parte de sus horas y anunciaba trabajos futuros. El río Sena le atraía con fuerza. Busca todo su material y se instala en la llanura al sur del pueblo, en los parajes próximos a la desembocadura del río Epte  afluente del gran río. Pinta varias telas y realiza algunos bocetos sobre la ribera opuesta. Atraviesa el Sena en barco, para tomar tierra en el camino cerca de Port-Villet.

Meses más tarde, se encuentra con el pintor Pizarro en Rouen y ejecuta siete magníficos lienzos característicos de la región de Giverny: “La Iglesia de Vernon”, “A la Orilla del Agua en Vernon”, “Junto a la Iglesia de Notre Dame en Vernon”, “Al borde del Sena” y “paisaje en Port-Villet”

Todo un mundo de vicisitudes, proyectos, sucesos y acontecimientos han llenado la vida del pintor, imposible de relatar aquí y que ocuparían espacio y tiempo infinitos. Las visitas continuas a Paris, el encuentro con otros pintores como Renoir, Édouard Manet, Paul Cézanne; escritores como Emile Zola, escultores como Auguste Rodin o, incluso grandes militares como Georges Clemenceau.

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Camille Monet

La temprana muerte de su esposa Camille en 1879 llena de tristeza su vida. Sus finanzas están quebradas, pero trabaja con dureza para sacar adelante a la familia. Finalmente parte de Vétheuil para encontrar nuevos horizontes y pasa del entusiasmo al abatimiento más profundo. Hay una lucha constante entre sus aptitudes como pintor y las nuevas tendencias en el arte de la pintura. Pero Monet se reafirma y lucha por un reconocimiento. Le gusta la naturaleza y Giverny representa un sueño que tratará de conseguir a toda costa.

En momentos de desfallecimiento llega a extremos nostálgicos pero hercúleos: “La pintura murió en mí… trabajar me sería imposible, aunque incluso podría resultar hasta bello… el Monet de otro tiempo, murió,”

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Acantilado de belle-Îlle en Bretaña. Claude Monet

En marzo de 1886 regresa a Giverny y siente deseos de viajar a Bretaña junto a su colega Renoir. Conocerá la costa salvaje abierta sobre el Atlántico y sus pinturas irán más allá, hasta los confines de América. Y visitará en soledad la costa de Morbihan. Descubrirá más tarde todo el encanto de esa costa temible y, al pie del gran faro, sus pasos le conducirán hacia el mar terrible en Port-Coton y Port-Domois, con sus dos agujas. “Rocas de grutas admirables. Ese mar es siniestro, diabólico pero soberbio”.

De vuelta a Giverny entablará una fuerte relación con el crítico de arte Gustave Geffroy y, a través de su amigo Duran-Ruhel conocerá a Theo, hermano de Vincent Van Gogh, que comentó sobre él: “Verás cosas preciosas en casa de Claude Monet”

“ Aparte de la pintura y la jardinería, no soy bueno en nada”

                                                                                       Claude Monet.

IMG_3380y con él, llegan “Las Nymphéas” ( Los Nenúfares) a Giverny en 1908.

Los grandes nenúfares se extienden hasta la ribera opuesta. El jardín y aledaños representan un microclima difícil de igualar. La situación geográfica del pueblo, la luz natural que invade rosaledas, arboledas, parterres, son cuidados y atendidos con amorosa dedicación, ofrecen al visitante un espectáculo excitante y conmovedor al mismo tiempo, hasta alcanzar, después de recorrer veredas y rodear el gran estanque salpicado de flores, la casa que fue su inspiración durante décadas y que compartieron dos grandes familias, la de Ernest Hoschedé y la suya propia. Este conocido marchante en cuadros y cuya reputación quedó en entredicho al no haber sabido consolidar su gran fortuna, por lo que el pintor llegó a sufrir penurias económicas al malvender algunas de sus obras.

 

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Nenúfares. Jardín de Giverny

Así una revista francesa, hacía eco del fallecimiento de Hoschedé de una forma breve y algo banal. A pesar de sus orígenes burgueses, vivió en un mundo que no le pertenecía, siendo destruido como mecenas bajo las ruinas de su patrimonio y de su hogar.

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El gran jardín y su estanque de lotos. Giverny

 

En el verano de 1910 el jardín de Monet en Giverny se inundó por la fuerte crecida del Sena. Los nenúfares desaparecieron y Monet vivió tiempos de angustia y desolación. Sin embargo, los amigos le animaban para que, a pesar de los destrozos, no perdiera la esperanza.

Cuando el río Sena volvió a su cauce varios meses después, el jardín había desaparecido bajo las aguas. Las pérdidas fueron irremediables. No obstante, podría combatirse de alguna forma parcial en la zona ajardinada, así como en toda la extensión del estanque. Gracias al esfuerzo y al tesón, podemos contemplar ahora, hoy en día, la magnificencia del trabajo realizado.

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Jeanne Marguerite Lecadre en el jardín. Claude Monet 1866

Nuevo viaje a Paris, esta vez para acudir a las exposiciones y eventos ofrecidos en su honor sobre gran parte de su obra pictórica. Todo un reconocimiento y admiración al talento de su genio y artífice de obras que se recrean en la naturaleza y enaltecen la belleza en su misma esencia.

Pero antes estuvo en Londres, Venecia y rescató del lejano oriente sabores, costumbres y leyendas. En todos aquellos lugares donde captó belleza, la rescató para sus lienzos. Su estilo era singular, su arte único.

Ultima Etapa.

Claude Monet pasa los últimos años de su vida habiendo sido tratado de cataratas y con una grave lesión por la obstrucción en la base del pulmón derecho. A pesar de ello, no considera su enfermedad como un impedimento y con cierto optimismo cree que puede continuar con su trabajo “en pequeñas dosis”.

Ya de vuelta, esta vez por tren hasta el pueblo de Gisors, contempla emocionado el camino hacia su casa, rehabilitado recientemente.

 

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Claude Monet en Giverny

Días antes de su adiós definitivo, hablaba a su gran amigo Georges Clemenceau de su jardín. Acababa de recibir unos bulbos y esperaba la llegada de varias cajas de semillas, que darían flores y colores admirables “Esta próxima primavera podréis ver mi jardín florecido, pero ya no estaré aquí”. Ya no hablaba de su pintura. solo recordaba el jardín.

“Sintiendo el día de su muerte, su respiración se hizo más dolorosa. Le cogí de la mano: ¿Sufrís?, le dije. –No. Contestó con una voz casi imperceptible. Unos minutos después, exhalo el último suspiro, con un leve murmullo”

                                                                         “Marguerite Yourcenar”

Giverny, a media tarde del 5 de diciembre de 1926.

 

No hubo flores en su entierro. El jardín estaba marchito a primeros de diciembre. Solo algunos crisantemos coloreaban los perfiles del estanque que, meses después, se llenaría de nenúfares como antaño.

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Puesta de sol sobre el Sena. Invierno de 1880. Claude Monet

María de Fraile. Agosto de 2018.-

Rembrandt en el Rijksmuseum

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Rembrandt . Autorretrato juvenil con el pelo enmarañado. 1626

La obra pictórica del artista holandés Rembrandt Harmensz van Rijn, está repartida por toda Europa y América entre las grandes pinacotecas y las colecciones privadas. Sin embargo, podemos contemplar en el Rijksmuseum de Amsterdam obras tan importantes como “la Ronda de Noche” ,“Jeremías prevé la destrucción de Jerusalén” o “Los Síndicos de los Pañeros”, “Titus, hijo de Rembrandt con hábito” e incluso algunos de sus autorretratos. No obstante, la ingente cantidad de obras, tanto pictóricas, como escultóricas y ornamentales  correspondientes a otros tantos creadores holandeses o de nacionalidades más cercanas como la nuestra, están distribuidos entre los siglos XII en sus Colecciones Especiales hasta el presente siglo XXI. Aunque existen obras como la estatua indonesia procedente de Java Oriental,“Buddha” y que pertenece al siglo VIII de nuestra era.

 

 

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Frans Hals. Miliciano. “El alegre bebedor” 1628

A la vista de ello, podríamos centrarnos en los que acaparan la atención de todos cuantos visitan este museo, como son Rembrandt, Frans Hals o Johannes Vermeer, entre otros.

El primero que ocupa este espacio de arte es Rembrandt. Nació en la ciudad de Leiden, el 15 de Julio de 1606. Era hijo de un molinero de malta, siendo ese cereal de gran relevancia entonces, puesto que era la base para la fabricación de cerveza, bebida nacional en Holanda durante el siglo XVII. Su madre, Neeltgen Willemsdr procedía de una familia de panaderos. Vivían cerca del molino del Rijn. Así el apellido familiar se derivó del uso de ese molino de malta, que provenía del nombre del río.

Su primera etapa se sitúa en la ciudad de Amsterdam. Crea los primeros autorretratos y se codea con otros retratistas holandeses, tales como Vermeer de Delft, Nicolás Maes, Cornelisz Verspronck o Ferdinand Bol.

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La Lechera. Jan Vermeer de Delft. 1660

 

Más adelante, dedica su esfuerzo a componer obra religiosa y mitológica. Su infancia había estado dirigida a través de su madre, hacia la Biblia y los Libros Sagrados y conocía muy bien esa materia.

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Rembrandt. Jeremías prevé la destrucción de Jerusalén. 1630

Vuelve Rembrandt a un tratamiento de la tonalidad un poco más suave y encauza su obra hacia uno de los temas más extendidos en el arte holandés.

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Rembrandt. Paisaje con puente de piedra.1637

El paisaje alcanzó gran popularidad. Por otra parte, es en el siglo XVII donde se va a desarrollar un movimiento del pensamiento humano, centrado en la investigación de las leyes de naturaleza. así el racionalismo y el empirismo cuestionaron las concepciones tradicionales del mundo.

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Rembrandt. Ronda de Noche. 1642

Durante el período intermedio crea obras de gran envergadura como “La Ronda de Noche” y termina el majestuoso cuadro  el mismo año en que fallece su esposa Saskia.

El tema del lienzo está basado de un acontecimiento trivial por la reunión de arcabuceros que conforman el gran cuadro (óleo sobre tabla 379,5 x 453,5 cms.- año 1642) y que llega a conducirnos a lo que sería un auténtico espectáculo con toda la fuerza de que él es capaz de transmitir. El título correcto por el que se le cataloga es el de “La Compañía del Capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willem van Ruytenburch” En los rostros de las tres figuras preeminentes, se pone de manifiesto la mirada descarada que un miliciano, situado entre el capitán y el teniente, dirige hacia el espectador. La actitud de todas las figuras que componen el conjunto del cuadro, es de vitalidad y animación en sus gestos. Es la recreación de una puesta en escena en una representación real y auténtica para todo el que la observa. 

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Rembrandt. Autorretrato como el apóstol Pablo. 1661

En el período de madurez, vuelve al retrato, e incluso de nuevo pinta su propio rostro.

 

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Rembrandt. Los Síndicos de los Pañeros. 1662

Y una nueva obra sale de sus pinceles. Esta vez, “Los Síndicos de los Pañeros” pintada en el año 1662. Representa el último  de los grandes retratos en grupo. Es un ejemplo más de armonía y delicadeza que, ante una visión de apariencia sencilla, supo recubrirla de elegancia y convertirla en una obra maestra.

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Rembrandt. “Titus con hábito de monje” 1660

Dos años antes, pintaría entre otras la obra “Titus con hábito de monje” Su hijo protagonizaría muchos de los lienzos de Rembrandt. Este fue realizado para representar a San Francisco de Asís, venerado en casi toda Europa. El color marrón de su hábito resalta ofreciendo múltiples tonalidades e intercalando en él luces y sombras.

 

 

La obra más conmovedora del Rijksmuseum:

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Jozef Israels. Niños del Mar. 1872

 

La obra más sobrecogedora del Rijksmuseum:

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Atribuído a Jan de Baen. Los cadáveres de los hermanos de Witt. 1672

 

 

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Rijksmuseum Amsterdam. Parte posterior

 

María de Fraile. Agosto 2018.- 

 

Apasionado BACH

 

Prendimiento. Giotto di Bondone 1303

Giotto di Bondone. El arresto de Cristo (1303)

Es costumbre casi obligada la recreación de una pieza musical venerada, tanto como escuchada en una sociedad atemporal. Ya no existen trabas en la ideologización de temas religiosos cristianos y la libertad de pensamiento nos hace dueños de aceptar o rechazar estas prácticas, a pesar de la belleza de obras musicales como la que aparece una vez más cubriendo las páginas de los programas de mano en las representaciones orquestales de los Oficios de Cuaresma. En ella, al margen de compartir la ideología que promueven, pueden surgir sentimientos y pasiones a todo aquel que, de una manera u otra, sucumba ante la armonía sonora que creó en su tiempo Juan Sebastián Bach.

 

En la Cruz

Giotto di Bondone. La crucifixión de Cristo (1303)

Las llamadas “Pasiones” además de servir de disfrute de los sentidos y el alma, son versiones musicales de los episodios evangélicos del Nuevo Testamento y que se representan como complemento a sus lecturas en la liturgia pascual. Son lo que durante los siglos XVI y XVII e incluso el XVIII, se convirtieron en Oratorios, o manifestaciones musicales encaminadas a exaltar el tiempo cuaresmal.

 

 

 

 

 

Descendimiento

Giotto di Bondone. La Lamentación de Cristo (1303)

Bach recoge de la Biblia estos hechos y les da forma narrativa según la traducción de Martín Lutero. Estas piezas orquestales relatan el apresamiento, juicio y crucifixión de Cristo. Según la tradición luterana, “cualquier lectura de la Biblia se consideraba ya una interpretación y Bach y sus libretistas se esforzaron en embellecer el relato, desde el punto de vista retórico” (John Butt “Bach’s vocal scoring).

Bach mantuvo toda su vida verdadero esmero en preservar el manuscrito de su obra y repararlo siempre que sufrió algún daño. Lo que consideraba como su obra más importante.

Piedad. Jean Fouquet 1450

Jean Fouquet. Piedad. (1420-1477)

Compuso dos “Pasiones” la que se cita aquí y la perteneciente al apóstol San Juan. Al igual que las de sus contemporáneos, combinan géneros distintos. Se pueden encontrar en ellas, desde armonizaciones de corales tradicionales, hasta recitativos y arias operísticos. El compositor investiga en la obra todas las posibilidades de las distintas sonoridades vocales e instrumentales (según Christoph Wolff). La utilización de dos coros y dos orquestas, le permitió servirse de diálogos antifónicos y yuxtaponer géneros dispares.

Según apunta Wolff, la obra resultante posee un alcance enciclopédico comparable a las grandes creaciones orquestales de Bach.

La Pasión según San Mateo es una versión musical completa de los capítulos 26 y 27 del Evangelio, traducidos por Martín Lutero en los que se entremezclan corales versionados por el monje agustino.

La obra fue compuesta para el servicio de “Vísperas” de Viernes Santo y estaba dividida en dos partes, que debían ser interpretadas antes y después del Sermón respectivamente.

La obra se estrenó en 1727 en la ciudad de Leipzig y sufrió varias revisiones. La versión que conocemos en la actualidad podría fecharse en 1736.

Resurrección

Giotto di Bondone. La Resurrección (1303)

 

Coral

¡Cuando yo también deje esta vida,
no te separes de mi!
¡Cuando haya de sufrir la muerte,
estate a mi lado!
Cuando mi corazón esté acosado
por los mayores terrores,
¡Libérame de estos temores
con la fuerza de tu miedo y tu dolor!

Christian Friedrich Henrici.

María de Fraile, Marzo de 2018.-

Admirar un Cuadro

Tarde tranquila en un museo de la vieja Europa. Largas colas de espera y un único afán. La contemplación de bellas obras de arte.

En primera línea, provisto de unos cascos de audición, mi acompañante escucha historias sorprendentes de los secretos y tesoros guardados en este viejo Palacio. La mirada atenta, el pensamiento activo, el alma colgada del filo de un sable por la emoción.

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Lección de Anatomía del Dr. Tulp. Rembrandt

Relegada un poco más atrás, contemplo la escena en su conjunto. cámaras fotográficas, miradas que se pierden en las tres dimensiones del espacio de la gran Sala. Murmullos que se entrecortan en el aire. Expectación.

En la observación, los comentarios se desatan. Un grupo de adolescentes rodea enfervorizado a su guía. Explica con voz rotunda sin importarle la presencia del resto de los observadores de la Sala, que le desafían en silencio a que se calle.

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La habitación en Arles. Vincent Van Gogh

Hay pocas posibilidades de descansar en un banco. El único existente lo ocupan un nutrido grupo de orientales, inquietos e impacientes por solucionar la falta de visión de los cuadros que, ahora admiran los jóvenes estudiantes. Han de llenar de instantáneas las tripas de sus cámaras.

El Salón continúa absorbiendo visitantes curiosos. Ya casi no cabe un alma más. Entre el barullo y mi agotamiento, he perdido a mi acompañante que persigue y devora imágenes como si de un gran apasionado y visceral loco por la pintura se tratase.

La atmósfera se carga de un aire pesado, incómodo, irrespirable. He de acercarme un poco más a los lienzos pero una masa de cuerpos humanos me lo impide. Es la Sala de los Impresionistas. Aún no había podido distinguir en cuál de ellas me encontraba.

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La Merienda campestre. Édouard Manet

Por fin, un paisaje asombroso aparece ante mis ojos. Édouard Manet pintó “La Merienda Campestre” en 1863 a sabiendas de que iba a cautivar los ánimos de seguidores y escépticos.

Un desnudo entre hombres vestidos. Una pintura al aire libre, pletórica, con inspiración en los artistas venecianos como Giorgione.

Un cuadro que fue censurado en su época y relegado al ostracismo en el Salón de los cuadros llamados “Rechazados”. Una mujer muestra su desnudez ante la mirada de dos jóvenes estudiantes que la acompañan, durante una merienda en el campo.

Mereció la pena esta espera, ese desasosiego y el agobio de los que finalmente abandonaron la Sala para dejarme con mi bien hallado acompañante y así disfrutar en plenitud de la visión de este cuadro revolucionario.

La imagen nítida de la mujer desnuda resplandece en la semi oscuridad de un bosque sombrío, mientras que otra, otorga luz al fondo de la pintura y lo llena de libertad.

María de Fraile, Mayo de 2017.-