El Triunfo de la Verdad Absoluta

En un momento de la historia donde la música formaba parte de la servidumbre religiosa, aunque había adquirido por si misma el carácter y el espíritu de un arte y la propia Iglesia Católica manipulaba la composición al servicio de sus fines eclesiales, surge un movimiento intelectual que intenta comandar las riendas del debate sobre la estética musical.

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Elías alimentado por un cuervo. Giovanni Lafranco. 1625

 

Durante la primera mitad del siglo XIX los grandes acontecimientos sociales y políticos incursos en las costumbres e ideologización de la música sacra, conviven con las convulsiones teológicas y filosóficas e hicieron renacer un sentimiento confuso y extraño que trataba de defender a ultranza lo ya establecido, muy difícil de percibir en épocas anteriores. Gentes no ajenas a la música, fijaron su atención no tanto en el espíritu puro del oratorio y sin salirse de los cauces estrictos de las Sagradas Escrituras, sí utilizar métodos dirigidos hacia un concepto más teatral, sin renunciar por ello a los más puros sentimientos del alma. Todo esto provocó una lucha a través de un nuevo resurgir de la vida espiritual y la conciencia religiosa, contra cualquier signo de decadencia.

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Elías en el carro de fuego. Relieve estación Ciudad del Vaticano

Por otra parte, las tendencias de la cultura se hacen libres, se despojan de los lazos de la tradición impuestos por la Iglesia y los artistas utilizan a voluntad sus ideas para elegir y diseñar obras de arte. Este género musical llega a calar hondo en las salas de conciertos.

En muchos ambientes de la burguesía, se hablaba y disentía acerca del valor de la estética musical, en la que se volvería a descubrir un nuevo sentimiento de libertad religiosa con el Oratorio.

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Félix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847)

“Elías” fue compuesto por el músico alemán Félix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847), por encargo del Festival de Música Coral de la ciudad de Birmingham. El temor a convertir las composiciones de carácter religioso en obras, donde el poder político de la Iglesia Católica prevaleciera, hizo que el compositor insistiera en mantener un sentido dramático, como si de una obra teatral se tratase, haciéndose partícipe de esta idea en las composiciones de J.S. Bach y Heinrich Schütz. Su oratorio “Paulus” le proporcionó un éxito considerable y ello fue motivo suficiente para alimentar sus ansias en la composición de uno nuevo, con la ilusión de provocar más si cabe el delirio de la crítica y superar en expectación a la de su primer oratorio.

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Ascensión del profeta Elías. Grabado por Carl Poellath. 1888

Los libretistas a quienes acudió el compositor, no satisficieron sus propósitos. Mientras uno de ellos permanecía muy ligado a la ideología bíblica, no llegaba a identificarse con el carácter dramático que Mendelssohn pretendía transmitir y, muy a su pesar, cedió ante el otro, un teólogo y clérigo luterano que conocía las escrituras y se acercaba más a lo que él deseaba. De nuevo Martín Lutero (ya lo hizo en los textos de la “Pasión según Mateo” de J.S. Bach), aportó la prosa de manos de Schubring que se basó esencialmente en los textos del Antiguo testamento.

El compositor parte del principio del saber como fuente de interpretación con carácter dominante, ya fuera figurativa o dramática de la acción musical y ve en ellos un simbolismo efectivo. Juega con los efectos de la escena vinculados a la ópera y modula con libertad y acierto las diversas formas musicales, para superar los demás géneros tradicionales. En su evocación operística, transforma la obra en un relato objetivo, aportando realismo y carácter dramático. Mendelssohn deseaba firmemente crear un drama musical. La obra habría de poseer un hilo conductor entre los diálogos de los personajes y su interacción, al igual que sucede en la ópera. El matiz era explícito y claro: habría de relatar historias religiosas de una forma casi teatral.

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Elías, la viuda de Sarepta y el hijo resucitado. Bernardo Strozzi. 1640

el personaje sobre el cual se apoya la acción es el propio profeta Elías. Tanto en la introducción como a lo largo de todo el relato bíblico, el protagonista interactúa con el pueblo (el coro), así como con los demás personajes que aparecen en la historia. Su compañero Abdías, el rey Acab, la reina Jezabel, la viuda de Sarepta, los ángeles (trío de soprano y contraltos, a capella), un niño y un ángel.

La obra se inicia con una maldición. El pueblo de Israel está en pecado porque adora al dios pagano Baal y ha dejado de venerar a su único dios Yavé. Elías profetiza una gran hambruna. Los campos no florecerán porque no habrá lluvia que los riegue y los judíos serán castigados por su idolatría. Todo ello, sirve de escenario introductor para formular y desarrollar el relato.

el texto bíblico comenzó a gestase pero pronto llegó a ser demasiado objetivo, a pesar de las constantes objeciones que el compositor sostuviera con su libretista. No había tiempo. Su vida se estaba agotando y su salud empeoraba y, al recibir la invitación por parte de los organizadores ingleses para dirigir su propia obra, no se sintió con fuerzas. Estuvo, sin embargo dominado por una emoción inusitada de acabarla. Se habían de cumplir los plazos previstos y finalmente todo estuvo a punto para el estreno, con un rotundo y clamoroso éxito de público y crítica. La obra fue estrenada un año antes de su fallecimiento.

La tradición alemana junto con la reforma luterana ponía de manifiesto la espiritualidad de la música en un contexto teatral. La historia bíblica se entremezcla con la pasión por la obra musical que nos ofrece un sinfín de matices, todos ellos saludables, sin ensombrecer en ningún caso el sentimiento de fervor espiritual.

Los oratorios que despliegan sus notas en iglesias y catedrales y nos inundan de belleza y sensibilidad, fueron concebidos no sólo para deleite de cuantos aprecian la música, sino como aportación de otros valores fundamentales. Ensalzan nuestros principios morales más nobles, enriquecen el conocimiento y ponen a nuestra disposición su carácter didáctico, además de aportar sentimientos profundos de religiosidad, emanados directamente de nuestra propia historia.

La incredulidad se enfrenta a la pureza de las ideas. La rebeldía de un espíritu puro, alcanza la belleza del alma. Resiste ante la manipulación de la voluntad humana y consigue el triunfo de la verdad absoluta.

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Coro

Y el profeta Elías surgió con un incendio impetuoso.
Sus palabras aparecieron como antorchas trepidantes.
Sometió a reyes poderosos.
Subió al Monte Sinaí y escuchó los juicios futuros,
y en el Horeb la penitencia de aquéllos.
Y cuando el Señor tuvo a bien llamarle,
apareció un carro con corceles ígneos.
Un torbellino le arrebató al cielo.

Sagradas Escrituras. Antiguo Testamento.

María de Fraile, Marzo 2018.-

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Una Sinfonía de Contrastes

 

Jean Sibelius (1865-1957) fue un compositor finlandés nacido a mediados del siglo XIX. Su música enriquece de vida los valores esenciales del hombre que ama la tierra de sus ancestros. Finlandia está muy cerca del cielo. El sol se prodiga poco y la naturaleza se muestra hostil ante la belleza del universo. No es una tierra gélida, blanca y aburrida como algunos nos quieren hacer creer. Su frialdad se puede transformar en algo puro como la nieve. Sus gentes respiran amor porque caldean el ambiente con sus sentimientos. No es cierto que el carácter de un nórdico se quiebre ante la frialdad del mundo que le rodea. Dentro, en lo más profundo de su ser, late un espíritu tierno, grandioso, sensible y Sibelius lo muestra con acordes que, en algunos compases, destilan un aroma oriental. Son recuerdos tibios desde tierras frías, acentos musicales de la vecina Rusia. Allí la primavera estalla cuando el invierno fue duro. Entonces hay más profusión en los colores de la naturaleza.

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Monumento en memoria de Jean Sibelius. Helsinki (Finlandia)

Para reconocer la música de Jean Sibelius, nos podemos basar en tres puntos esenciales. Su originalidad de temas, uso de una orquestación austera y armonías cargadas de frescura e invención.

La Segunda Sinfonía, en re mayor, Opus 43 (1901-1902), está llena de contrastes. No fue compuesta en la contemplación de fiordos y anocheceres nevados. Surgió de una inspiración al calor de la campiña italiana, cerca de la pequeña villa de Rapallo. Allí desarrolló toda la obra y fue llamada a ser la más célebre de sus sinfonías. Pero destila embrujos orientales, pureza y ansias de libertad. La nieve se derritió al contacto con sus dedos cálidos de amor.

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Monumento a la memoria de Jean Sibelius. Helsinki (Finlandia)

Durante el reinado del zar Alejandro II en 1809, Finlandia formó parte del Gran Ducado de Rusia hasta que en 1917 fue proclamada su independencia. A lo largo de la historia se le ha considerado más un político que valorado por sus dotes indiscutibles en la composición musical. Fue ante todo un patriota defensor de su pueblo aunque nada comparable a Verdi o incluso a Wagner. Su corazón estuvo más cerca de la opresión de sus gentes que de conseguir relevancia y posición con la política. El poema sinfónico “Finlandia, Opus 26” estuvo dedicado a ensalzar el espíritu y la fuerza de su país frente al opresor ruso. Un canto a la libertad y el deseo ferviente de independencia.

IMG_0457Y compuso los más bellos pasajes, llenó el aire casi congelado de notas con sus grandiosas sinfonías. Abrió el cielo e hizo emerger de las aguas del mar Báltico dioses, ninfas, sirenas y hadas. Contó historias míticas de ángeles y cisnes y recreó una historia mágica sobre el resurgimiento de una tierra que más tarde se convertiría en nación.

Su legado musical fue fructífero y hermoso. Todo un regalo para los que admiran su obra y se embelesan al escuchar su segunda Sinfonía.

SibeliusMaría de Fraile. Febrero 2018.-

El Alma Escondida

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

Concierto para violín en re mayor, Opus 61

GABRIEL FAURÉ

Requiem en re menor, Opus 48

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Ludwig Van Beethoven

El concierto de violín fue compuesto probablemente entre los meses de octubre y noviembre del año 1806 y su primera audición tuvo lugar el 23 de diciembre de ese mismo año.

De una gran belleza melódica, fue dedicado a su amigo Stephan von Breuning, más concretamente a la esposa de éste, aunque sus pensamientos durante la composición, estuvieron con Teresa Brunswick. Todo apunta, según testimonios escritos, que ella representó el verdadero gran amor de su vida. Cuentan que la pasión entre ellos fue profunda y recíproca y gran parte de comentaristas e historiadores consideran a Teresa como la “Inmortal Bienamada” para la que Beethoven escribió cartas inflamadas y que, se cree, no llegaron a su destino. Estas fueron halladas, después de la muerte del compositor, escondidas con todo cuidado.

Nunca se llegó a saber el motivo de la ruptura de esa unión tan apasionada.

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Atardecer en la desembocadura del Neva (San Petersburgo)

Recuerdo una audición de este concierto en el Teatro Real, una bella mañana de domingo. Las taquillas habían colgado el cartel de “No hay entradas” por la expectación que supuso la llegada al escenario del famoso intérprete de violín Isaac Stern. Y ahora evocaba esos momentos al escuchar a Frank Peter Zimmermann. La técnica empleada es casi perfecta. Posee un marcado estilo muy personal y transmite, a través del lenguaje musical, cierta sutileza.

Durante la ejecución del movimiento final, percibí algunos adornos en los solos, finura en los sonidos del instrumento y algo nervioso con el arco. Una buena resolución en el conjunto de la obra.

Sin embargo noté que faltaba algo que complementara toda su línea instrumental, tan importante como el encuentro con Isaac Stern. Algo tan difícil de valorar, que casi pasó desapercibido ante toda la audiencia y que materialmente echó abajo la Sala de aplausos ininterrumpidos. Me sentí decepcionada por ello. No había alma en su interpretación. Se debió quedar escondida dentro de la pequeña caja del violín.

 

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Gabriel Fauré

 

El Réquiem de Gabriel Fauré presentaba formas serias de obra importante. La orquesta se acompañaba de coro, órgano y dos solistas, Soprano y barítono, que otorgaban brillantez a toda la pieza musical.

Aunque se trataba de una obra sacra, no me asustaron sus compases graves,  que por su naturaleza nos pudiera transportar a otra realidad más espiritual. el  resultado era pura armonía.

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El Agnus Dei fue realmente bello. La presencia de la muerte se hace patente en los textos, pero la música está viva. Posee mucha fuerza y llega a ser sublime.

La estrofa final “In Paradisum”, rompe con los cánones de los oratorios. Se hace vivificadora, canta liberación, alegría y felicidad. Una paz placentera nos envuelve, en donde no hay tristeza ni melancolía. Tal vez el influjo de su espíritu libre, poco religioso, casi pagano, hizo que su música sonara con un acento desmitificador, muy lejos de las estructuras cristianas de la época.

 

María de Fraile, Septiembre de 2017.-

 

 

El Amor y la Esencia del Ser

 

Robert Schumann (1810-1856)
Concierto para Piano en La menor, opus 54

 

Gustav Mahler (1860-1911)
Sinfonía nº 5 en do sostenido menor

 

Era el primer concierto de la temporada y la crítica musical se esforzó en publicar sus comentarios con premura, no así en otras ocasiones, lentos y casi olvidados.

No construiré aquí en lenguaje musical los tecnicismos ya usados como las hemiolas encontradas en el vals del movimiento final del concierto de Robert Schumann, o la dubitativa intervención del solista de trompeta en el primer movimiento de la quinta sinfonía de Gustav Mahler. Estaba emocionada al inaugurar la temporada con un programa tan atractivo como deslumbrante.

Robert Schumann

Días atrás escuché el concierto en la versión del pianista Maurizio Pollini y, tengo que confesar, que me cautivó. Su expresividad, la finura de líneas, el sentimiento, llenó de alegría mi corazón. La expectación que suscitó la presencia de Javier Perianes no fue comparable a otros intérpretes de su talla. Recordaba al milanés y me quedé con sus notas de amor en mi pensamiento.

Clara SchumannVinieron a mí los recuerdos, las anécdotas y visiones de Schumann y su esposa Clara, el amor que se profesaban y la indiscutible calidad de sus composiciones. De cómo ella las interpretara, a pesar del reguero de sufrimientos que hubo de soportar ante la inevitable oposición de su padre a esa unión y la posterior enfermedad de Robert. Pero le quedaron sus hijos, tantos como obras orquestales. Ahí estuvo Johannes Brahms al amparo de sus necesidades. Pero Clara Schumann preservó y respetó por siempre el recuerdo de su esposo.

 

 

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Alma Mahler

Una muestra de amor más, tan auténtica y vital como la de Alma Mahler, brota de entre las notas de su sinfonía. Los comienzos son los de una marcha fúnebre, fríos y sombríos, pero el Adagietto resurge de entre las cenizas. Mahler sufrió una dura enfermedad mientras componía los primeros movimientos y cuando conoció a su amada revivió en él la esperanza. Y la amó con apasionada vehemencia. Y surgió la melodía dedicada a ese amor. Ya nada importaba.

gustav-mahlerSus ojos contemplaron el lago de aguas verdes y profundas como la noche, el bosque sombrío como un día de niebla en invierno. Más tarde, la claridad de una nueva estación llenaría de luz su pequeño estudio para componer el final magistral de la obra.

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Cabaña en el bosque, junto al lago ,donde G. Mahler solía componer.

 

Como siempre, el director alemán David Afkham convulsionó la sala. Nos vuelve locos a todos.

María de Fraile, Septiembre de 2017.-

Polonia, el tercer Reich y la Música

Chopin, el cine y Roman Polansky.

De la película “El Pianista” del director Roman Polansky, se pueden extraer ciertas conclusiones. Estaba por encima de toda duda la pasión, entusiasmo e incluso la veneración que manifestaba el director al recrearse en una historia tan ingenua, aún más, podría ser susceptible a los sentimientos del espectador.

Un argumento tan verosímil como real hace que se enfrenten el mundo de la guerra y la dictadura nazi en una opresión casi al límite del estrangulamiento, en una Polonia invadida, menospreciada, casi anulada por el tercer Reich alemán.

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El espíritu de la música brota entre los escombros y las ruinas de Varsovia en el gueto judío. El relato sobre un compositor y pianista polaco, Wladyslaw Szpilman, que vivió en primera persona las experiencias y situaciones más dispares de que consta el relato, toma carta de naturaleza y consigue tonalidades inesperadas en las piezas musicales escogidas para ambientar el film.

Y el dragón alemán es vencido frente a las notas sublimes de un compositor como Chopin a través de los dedos temblorosos de un judío perseguido, fugitivo sin remisión, abocado al exterminio en el Campo de Auschwitz. Extenuado por la fatiga, el frío y el hambre, encuentra refugio en una casa en ruinas. Busca protección, comida, calor humano y no lo halla. Solo hay soledad y un piano en un rincón alejado de un salón destruido por las bombas. Se acerca a él y busca apoyo para acariciarlo. Por fortuna, no ha sufrido demasiado daño. Sus manos se deslizan suaves sobre el teclado.

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Detrás de un muro resquebrajado, un oficial nazi escucha agazapado. La emoción le embarga. Entonces, se produce el milagro. La ira, el odio vuelan por encima de sus cabezas hasta convertirse en humo. Sus miradas se encuentran, primero sorprendidos, luego conscientes de una realidad se dejan llevar por el efecto embriagador que actúa sobre ellos como un bálsamo. La música se hace dueña de sus sentimientos.

El tiempo se detiene. Ya no hay persecución solo belleza. Se abre un diálogo entre lo que hubiera podido ser y la fantasía de ese momento de gloria.

El_pianista-174753064-largeDesaparecieron los rencores del perseguidor. El temor del fugitivo se transformó en bienestar.

En Cracovia, de repente el invierno desaparece y da paso a una cálida brisa mientras suena Chopin a un solo instrumento, sin orquesta ni batuta, en una pequeña estancia. Más allá, al final de la angosta calle, el horror de la guerra les desafía.

Todo se ha destruido menos el corazón de ambos. Víctima y verdugo se unen en un abrazo ante un auditorio vacío y silencioso. No hay aplausos. La música ha vuelto a obrar el gran milagro de la comunión de almas.

María de Fraile, Julio 2017.-

Mi amigo Ludwig da una vuelta por el Campo

El gran Maestro de Bonn, sale de paseo al encuentro con la naturaleza.

IMG_1895LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)
Sinfonía nº 6 en fa Mayor opus 68 “Pastoral”

Primer movimiento: Despertar de alegres sentimientos con la llegada al campo. “Allegro ma non troppo”

IMG_0841Compañero silencioso en amaneceres de café oloroso, impregnados de nubes grises y humedad en el alma. Suena la música, se esconde el alba y aparece un nuevo día. El cielo se abre, el sol levanta desde el horizonte y la frescura de la madrugada da paso a la tibieza de su calor.
Segundo movimiento: Escena junto al arroyo.”Andante molto mosso”

IMG_0680Allí está él. Desde el fondo de un pequeño barranco, se le ve sentado al borde del lago. En actitud atenta, para no perder detalle observa su entorno. escucha el leve susurro de un arroyo cercano. Un poco más allá, un pajarillo mordisquea los brotes tiernos de un arbusto y se posa en una rama, casi rozando su sombrero. Todo se mueve, respira, vive al compás de la mañana. Y su figura se recorta entre la sombra de sauces y abedules. Feliz armonía para una escena campestre donde la flauta de pico hace cantar a los pájaros y el riachuelo fluye en la voz de las cuerdas más graves. El movimiento se va apagando con un solo de flauta que se atempera con las trompas.

Tercer movimiento: Alegre reunión de campesinos. “Allegro”

Fiestas de la recién estrenada estación. Cantos, bailes y belleza multicolor. Aquí no hay “lucha laberíntica entre el destino y la voluntad del individuo” (notas del programa por M. Muñoz Carrasco). Es algo mucho más sencillo, natural y espontáneo. Es el estallido de la naturaleza en una inspiración sobrenatural, grandiosa y que el ser humano recoge para gozar de ella.

IMG_1417Cuarto movimiento: relámpagos. Tormenta.”Allegro”

El día se oscurece con nubes negras. Un revoleo de viento agita con furia la levita del maestro. Se pone en pie y sujeta el sombrero con la mano. Caen las primeras gotas que se convertirán en aluvión momentos más tarde hasta empapar sus ropas. El cielo se desgaja en luminosos rayos y las trompas se unen al timbal para anunciar el estruendo de los truenos.

Quinto movimiento: Himno de los pastores. Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta.”Allegretto”

Llega la paz y la naturaleza brilla con más fuerza.

IMG_1899No es la sonata Kreutzser, en La Mayor Op. 47; ni la del Claro de Luna, Op. 27; ni la de Los Adioses, Op. 81; ni siquiera la de La Primavera. Es una Sinfonía magistral pero sencilla, es una apoteosis de vida en un día de campo, en comunión con la misma naturaleza.

LA PROFUNDA ETERNIDAD

¡Hombre, ten cuidado!
¿Qué dice la profunda medianoche?
¡Yo estaba dormido
y desperté de un profundo sueño!
¡El mundo es profundo!
¡Más profundo de lo que pensaba el día!
Canción de Medianoche de Zaratustra.
(de “Así habló Zaratustra” de Friedrich Nietzsche)

 

 

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Gustav Mahler

 

Cinco son los tiempos de que se compone la Tercera Sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911). Muchos la catalogan de trivial. Para otros más modestos llega a ser fascinante. Sus inicios datan de 1893 y su culminación es del verano de 1896.

Han existido grandes maestros en el estudio de la obra mahleriana, como José Luis Pérez de Arteaga o el Padre Sopeña, pero yo me voy a ceñir a mi modesto sentido de la estética musical, a mi vena sentimental e inspiradora en la descripción de obras de colosal factura como esta sinfonía.

IMG_0228Cuando Mahler observa la naturaleza, se mira en sus notas y describe lo que oye y siente a través de la composición. Mientras el primer movimiento nos lleva a un paseo junto a un lago en la estación del estío, el segundo sugiere un remanso de paz en el porche de una casita de montaña, con un susurro de brisa al compás de una pequeña mecedora que gruñe con sigilo. Ya en el tercer movimiento, un scherzzo sutil esconde una trompa entre bastidores para escuchar su eco menos brillante, más cercano a la cima de las montañas, más distante de una realidad natural. Poco después, un solo de corneta me acerca a la noche. Casi en tinieblas, agudizo los sentidos y me sumerjo en momentos de ansiedad.

Llegado el cuarto, bastante lento y misterioso, “sehr Langsam. Misterioso. Durchaus Leise” sigue la naturaleza a su lado y busca la apoyatura del elemento coral, como en las grandes estructuras. Ahora elige en los textos de Zaratustra lo que Nietzsche creó y lo pone en la voz de una mezzosoprano, entonces se hace sublime, más bello pero a la vez intimista.

Y la profunda medianoche le preguntó al hombre si era ella más importante que el día.

IMG_1773El último movimiento es un broche delicado de celindas olorosas. Tres ángeles cantaban una dulce canción… Pero no hay fanfarria final. La página de la gran obra se cierra con un Langsam, Ruhevoll. Empfunden (lento, tranquilo.Sentido).

Un cuento de hadas para los que enmudecen con la belleza de la música de Gustav Mahler.

María de Fraile, 21 de Marzo de 2017