El Encanto de Abril

Un paseo al atardecer, el olor de las lilas cuando las mueve el viento, la suave caricia de la hierba sobre mis pies, el verde esmeralda de los prados tendidos al sol de un crepúsculo sólo evidente para unos pocos, la quietud, la soledad, la paz del espíritu.

 

Con nubes amenazadoras de tormenta pisándome los talones, prosigo el paseo fugaz. Mis pasos rápidos e inquietos quieren adelantarse a la lluvia. Un poco más allá, una urraca grazna entre las acículas de un pino centenario. Rebusca, picotea, agita sus alas bicolores desafiando con fuerza su posición. 

Los árboles arquean sus ramas con fuerza. La tormenta se acerca. De repente, los prados enmudecen, los pájaros se esconden, buscan refugio, presienten lo inesperado. 

Yo continúo acelerando el paso, luchando contra el viento que azota con fuerza mi cara, y contemplo el discurrir del tiempo, acechando el peligro y añorando esa paz que ahora perdí, al encontrarme con el látigo de un relámpago que centellea sobre el cielo plomizo de una tarde de primavera. Mis sentidos se estremecen al escuchar entre el silencio del valle, el estrépito sonoro del trueno, como el que Zeus lanzara sobre los mortales en venganza de sus posibles infamias. Ya no hay vuelta atrás. Por fin se desencadenó el espectáculo. Las nubes regaron los campos y la febril batalla se transformó en un remanso más plácido aún que antes de la tormenta.

 

Y cuando la luz se llegó a teñir de azul y el día iba marchitándose despacio, el silencio abrió paso a la oscuridad.

Las noches van siendo más templadas, las colinas se recortan en el ocaso pareciendo gigantes protectores del valle. La bruma húmeda se posa sobre las hojas tiernas y las hace brillar. Un poco más alejado del camino, se puede escuchar el susurro de un arroyo .

 

Sobre el monte bajo, la jara y la retama endulzan de aromas el entorno. Apenas con una brizna de luz, sigo el curso del sendero. Más arriba, sobre la loma, las luces del pequeño pueblo me anuncian que estoy cerca, que el paseo se acaba, que las sombras me envuelven y los farolillos en cada esquina de las casas me muestran lo que la noche me quiere ocultar. 

 

La vida en el campo transcurre como cada día, pero nunca es igual. La primavera precede siempre al verano aunque la naturaleza se muestre diferente y altere sus ciclos. Los pájaros cantarán la llegada de la savia nueva, los arbustos se llenarán de hojas y flores y el sol calentará un poco nuestros corazones, que quedaron tristes y fríos con el paso del invierno. Y nunca coincidirán las fechas pero sí las estaciones, a pesar de los esfuerzos de  algunos  en tratar de destruir nuestro mundo a toda costa, no se sabe bien la razón de su empeño tan contumaz como perverso.

A pesar de todo, siempre habrá un espíritu inquieto que salga en busca de nuevas sensaciones en un mes de abril que, como hasta ahora, es tan cambiante como fiel a los designios de la naturaleza, muy empapado de lluvia fresca como de emociones y sorpresas, consciente de que este impulso prevalecerá por encima de cualquier duda razonable.

María de Fraile. Abril 2021.-