Polonia, el tercer Reich y la Música

Chopin, el cine y Roman Polansky.

De la película “El Pianista” del director Roman Polansky, se pueden extraer ciertas conclusiones. Estaba por encima de toda duda la pasión, entusiasmo e incluso la veneración que manifestaba el director al recrearse en una historia tan ingenua, aún más, podría ser susceptible a los sentimientos del espectador.

Un argumento tan verosímil como real hace que se enfrenten el mundo de la guerra y la dictadura nazi en una opresión casi al límite del estrangulamiento, en una Polonia invadida, menospreciada, casi anulada por el tercer Reich alemán.

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El espíritu de la música brota entre los escombros y las ruinas de Varsovia en el gueto judío. El relato sobre un compositor y pianista polaco, Wladyslaw Szpilman, que vivió en primera persona las experiencias y situaciones más dispares de que consta el relato, toma carta de naturaleza y consigue tonalidades inesperadas en las piezas musicales escogidas para ambientar el film.

Y el dragón alemán es vencido frente a las notas sublimes de un compositor como Chopin a través de los dedos temblorosos de un judío perseguido, fugitivo sin remisión, abocado al exterminio en el Campo de Auschwitz. Extenuado por la fatiga, el frío y el hambre, encuentra refugio en una casa en ruinas. Busca protección, comida, calor humano y no lo halla. Solo hay soledad y un piano en un rincón alejado de un salón destruido por las bombas. Se acerca a él y busca apoyo para acariciarlo. Por fortuna, no ha sufrido demasiado daño. Sus manos se deslizan suaves sobre el teclado.

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Detrás de un muro resquebrajado, un oficial nazi escucha agazapado. La emoción le embarga. Entonces, se produce el milagro. La ira, el odio vuelan por encima de sus cabezas hasta convertirse en humo. Sus miradas se encuentran, primero sorprendidos, luego conscientes de una realidad se dejan llevar por el efecto embriagador que actúa sobre ellos como un bálsamo. La música se hace dueña de sus sentimientos.

El tiempo se detiene. Ya no hay persecución solo belleza. Se abre un diálogo entre lo que hubiera podido ser y la fantasía de ese momento de gloria.

El_pianista-174753064-largeDesaparecieron los rencores del perseguidor. El temor del fugitivo se transformó en bienestar.

En Cracovia, de repente el invierno desaparece y da paso a una cálida brisa mientras suena Chopin a un solo instrumento, sin orquesta ni batuta, en una pequeña estancia. Más allá, al final de la angosta calle, el horror de la guerra les desafía.

Todo se ha destruido menos el corazón de ambos. Víctima y verdugo se unen en un abrazo ante un auditorio vacío y silencioso. No hay aplausos. La música ha vuelto a obrar el gran milagro de la comunión de almas.

María de Fraile, Julio 2017.-

La Primavera en el Ártico

Nuevos momentos en la vida de una mujer viajera.

IMG_2299Tras los confines de los fríos mares árticos, la belleza de una primavera que se acaba aflora sin apenas desearlo. El mar del Norte se agita aún en esta mañana de finales de mayo. Parece como si el invierno no se hubiera marchado, pero las aves saben que es el momento de preparar el nido para incubar a sus polluelos.

Entre piedras de basalto y aguas salinas profundas, una pequeña isla emerge del fiordo. La isla solitaria de los pájaros del norte.

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Araos aliblancos incubando huevos.

Y es cuando el cielo se cubre de charranes árticos, frailecillos, araos aliblancos y patos eider. Para contemplarlos más de cerca, hay que llegar hasta la isla de Vigur, al norte de Islandia. Un pequeño barco a motor cubre la distancia de una media hora entre Akureyri y la isla, dentro del mismo fiordo de Eyjafjödur, un poco más al norte.

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Pato Eider

La lluvia me impide ver con claridad a todas las aves, camufladas sobre un lecho de tundra y piedras negras, muy cerca de la orilla. Permanecen quietas largas horas sobre los huevos y las gotas de agua se perlan entre el plumaje como si un manto de lentejuelas las cubriese.

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A un lado, cerca de la ensenada, dejamos el viejo embarcadero para admirar casi junto a la pequeña playa, el único y viejo molino de viento de Islandia, que fue construido en 1840 para moler el trigo que procedía de Dinamarca, dominadora de todo el país islandés hasta el siglo XX.

La nieve y el hielo cubren las cimas de las montañas y los glaciares dejan al descubierto sus perfiles pelados, las crestas de sus cimas y juegan con las nubes grises que, casi se diluyen en las aguas verdes del fiordo.

La calma es total. La sensación de infinitud se transforma en un espejo de cristal puro. Solo el ruido de la lluvia sobre mi cabeza logra distraer la atención en el silencio del fiordo, a mi gran espíritu de aventura.

 

 

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María de Fraile, Julio de 2017.-

Una Luz en el Horizonte

Hoy sigo en otra mesa de cualquier café. Es el lugar favorito para dar rienda suelta a mis pensamientos y llenar de elucubraciones los huecos vacíos de mi cerebro.

En mi confusión, intento racionalizar acontecimientos, emociones, pasos en falso. es todo un alarde, en el desequilibrio inesperado pero real que hace material lo estricto y etéreo.

He perdido algo de lo que hasta ahora ignoraba y que me hace estar algo hueca, menos complementada que antes. La fuerza, el dominio del que en otro tiempo había hecho alarde, se fue escapando de entre mis dedos como la espuma de jabón.

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Esta situación de amor y duelo, de alegría y desasosiego, la he sufrido tantas veces que no llego a acostumbrarme, cuando aparece ante mí sin esperarlo. Es una aceptación y negación a la vez. Las acepto resignada pero me niego a sufrirlas de nuevo.

Y continúo sola, a la espera de que algo cambie. Demasiadas veces en soledad que ya he perdido la cuenta. Esta vez no invento historias ni trato de evadirme de una realidad tan esperada como incomprendida.

El tiempo pasa y sigo buscando una consecuencia a esta locura que me ha tocado vivir. No un por qué, sino un hasta cuándo.

La soledad es como el filo de un cuchillo. Bien afilado puede acabar con la esperanza de fe. La voluntad de continuar la lucha se puede romper de repente y, entonces, puede caer en un vacío infinito. La tristeza se hará dueña de todo cuanto amas y crecerá la amargura. Ya no habrá marcha atrás porque imperará la soledad y no se encontrará una mano amiga que te ayude a levantar.

Se acabaron los ruidos y las falsas alucinaciones. Solo el canto de los pájaros se oye a lo lejos. La naturaleza bulle. Y es que, casi hemos apurado Mayo. Siempre te gustó ese mes por encima de los demás. ¿Verdad que tiene un encanto especial? Será la luz de la mañana o el retorno de las golondrinas, o quizás el verde fulgurante de los árboles, o tal vez ese calorcito repentino de un verano omnisciente.

La tarde está en el límite del fin. Sigue siendo bella a pesar de todo.

Es necesario marcarse un plan. No demasiado estricto, pero sí eficaz.

¿Quién nos lo impide? No hay peros. La vida nos ha hecho experimentar doblemente. Es la reconfirmación de lo que no pudo ser y ahora está al alcance de la mano. Es la unión del éxtasis de lo bello con la mesura que da la experiencia. Es la madurez de media vida y el despertar de sensaciones nuevas o inconfesablemente reprimidas.

Es volver a nacer. Pero esta vez con los ojos bien abiertos y los sentimientos restañados de viejas heridas. Bajo esa mirada algo oscura de gato solitario se esconde la satisfacción que da la buena labor realizada. Alguien muy sabio dijo que el hombre ha de vivir sus propias responsabilidades y deberá aprender a compartirlo todo, excepto ese otro yo que forma parte de su destino y va más allá de los límites de la cordura o la generosidad.

Ese pequeño ser invisible habrá de permanecer oculto para que no lo devoren las alimañas o lo malicien los puritanos. Ha de crecer con uno mismo para hacerse fuerte hasta llegar a convertirse en algo puro, sublime, indestructible.

María de Fraile, Mayo de 2017.-

Te voy a contar un cuento.

¡Cuando sea grande…!

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“La estrella de Laura” de Klaus Baumgart.

Mamá, cuando sea grande,
voy a hacer una escalera,
Tan alta que llegue al cielo,
para ir a coger estrellas.
Y me llenaré los bolsillos de cometas,
Y bajaré a repartirlas
a los chicos de la escuela.
Pero a ti voy a traerte,
mamita, la luna llena,
Para que alumbres la casa
sin gastar luz eléctrica.

 

Me gusta contarte cuentos.

Echo de menos tu niñez. Ahora que ya sobrepasas mi hombro, te miro y me pierdo en tu rostro.

Aún conservas rasgos infantiles pero es inevitable. Y siento envidia de tu juventud.

IMG_0311Me apasionaba observarte de soslayo, cuando tú ni siquiera sentías el pudor de una mirada indiscreta. estabas creciendo y dentro de mí aún permaneces sin pelo, el pañal empapado y la mirada tranquila de quien se siente protegido y amado.

Empezaste la escuela y ya no pude disfrutar más de tu compañía. En silencio, como cuando eras un enano y te sentaba en aquel cestillo portátil. Desde el suelo, a pocos metros de mí, manoteabas nerviosamente y me sonreías mientras fregaba los platos y levaba tu ropita.

 

 

IMG_0405Tú solo emitías ruidos. Yo, te contaba mil historias. Aquello terminaba en una algarabía general donde se unían a nuestras voces el timbre de la puerta y las canciones escolares que tu hermana había aprendido ese día en el colegio. Se rompía ese silencio encantado pero tu mirada me seguía a todas partes ávido de encontrar respuesta a cuanto sucedía a tu alrededor.

Y por las noches, junto a tu cuna, entonaba viejas canciones con voz muy queda para que entrases despacio y sin sobresaltos en el mundo de los sueños.

Cuentos fantásticos de dragones y príncipes desterrados, princesas tristes y bosques milenarios que transformaban las leyendas en realidades cercanas, donde las hadas existían en un mundo irreal pero mágico y misterioso.

Ahora, leerás tú a tus niñas esos sueños de amor y aventuras y les enseñarás a patinar y a construir historias maravillosas como yo te enseñé a sonreír y a compartir esos momentos inigualables de intimidad.

IMG_0500En un mundo difícil, de ilusiones vanas, la alegría hará que se desvanezca la desventura para que las generaciones futuras crean en la ternura, la felicidad y la generosidad, a pesar de todo.

María de Fraile, 15 de Mayo de 2017.-

Admirar un Cuadro

Tarde tranquila en un museo de la vieja Europa. Largas colas de espera y un único afán. La contemplación de bellas obras de arte.

En primera línea, provisto de unos cascos de audición, mi acompañante escucha historias sorprendentes de los secretos y tesoros guardados en este viejo Palacio. La mirada atenta, el pensamiento activo, el alma colgada del filo de un sable por la emoción.

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Lección de Anatomía del Dr. Tulp. Rembrandt

Relegada un poco más atrás, contemplo la escena en su conjunto. cámaras fotográficas, miradas que se pierden en las tres dimensiones del espacio de la gran Sala. Murmullos que se entrecortan en el aire. Expectación.

En la observación, los comentarios se desatan. Un grupo de adolescentes rodea enfervorizado a su guía. Explica con voz rotunda sin importarle la presencia del resto de los observadores de la Sala, que le desafían en silencio a que se calle.

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La habitación en Arles. Vincent Van Gogh

Hay pocas posibilidades de descansar en un banco. El único existente lo ocupan un nutrido grupo de orientales, inquietos e impacientes por solucionar la falta de visión de los cuadros que, ahora admiran los jóvenes estudiantes. Han de llenar de instantáneas las tripas de sus cámaras.

El Salón continúa absorbiendo visitantes curiosos. Ya casi no cabe un alma más. Entre el barullo y mi agotamiento, he perdido a mi acompañante que persigue y devora imágenes como si de un gran apasionado y visceral loco por la pintura se tratase.

La atmósfera se carga de un aire pesado, incómodo, irrespirable. He de acercarme un poco más a los lienzos pero una masa de cuerpos humanos me lo impide. Es la Sala de los Impresionistas. Aún no había podido distinguir en cuál de ellas me encontraba.

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La Merienda campestre. Édouard Manet

Por fin, un paisaje asombroso aparece ante mis ojos. Édouard Manet pintó “La Merienda Campestre” en 1863 a sabiendas de que iba a cautivar los ánimos de seguidores y escépticos.

Un desnudo entre hombres vestidos. Una pintura al aire libre, pletórica, con inspiración en los artistas venecianos como Giorgione.

Un cuadro que fue censurado en su época y relegado al ostracismo en el Salón de los cuadros llamados “Rechazados”. Una mujer muestra su desnudez ante la mirada de dos jóvenes estudiantes que la acompañan, durante una merienda en el campo.

Mereció la pena esta espera, ese desasosiego y el agobio de los que finalmente abandonaron la Sala para dejarme con mi bien hallado acompañante y así disfrutar en plenitud de la visión de este cuadro revolucionario.

La imagen nítida de la mujer desnuda resplandece en la semi oscuridad de un bosque sombrío, mientras que otra, otorga luz al fondo de la pintura y lo llena de libertad.

María de Fraile, Mayo de 2017.-

 

 

Reflexiones al Hilo de la Vida

Tal vez os preguntéis qué sucedió en mi vida.
Ya no lo recuerdo.
Pero una luz maravillosa iluminó el monte de espinos,
Y comenzaron a brotar hojas y tallos,
Que se convirtieron en fragantes flores.
Y ramas, que luego serían frondosos árboles.
Y entonces, contemplé el mar.
Tan azul e inmenso.
Y mis ojos reflejaron su verdor.
Y se hicieron más profundos y conocedores.
Como la luna de agosto, un poco más vieja, un poco más sabia.

 

Extrañamente, casi como un regalo, la vida me trae nuevos retos, otras responsabilidades, difíciles pruebas que superar. Y yo veo cómo pasan las horas y los días a mi alrededor, deudores de algo que les es difícil de arrebatar, y son esos momentos los que tratan de mostrarme con un sigilo contumaz, a veces hasta siniestro, el significado de sus mudas señales. Llevan carteles, máscaras pintadas con mensajes y se mueven en un círculo, al son de una música muda. Al bailar, siento cómo agitan el aire con sus ropajes. Se vuelven a mirarme pero no logro distinguir la expresión de sus rostros.

IMG_0975Están ahí cuando el reloj da las horas. Mi mente se extravía y quiere huir a lugares más placenteros pero en estos tiempos turbulentos de mi existencia, el recuerdo de la muerte echa a empujones los buenos momentos, las tiernas experiencias, para apoderarse de ella y llenarla de turbación. Y solo siento tristeza por el adiós, rabia de no haber hecho todo aquello que quedó sin terminar, o tal vez grandes proyectos sin iniciar. A pesar de ello, no siento tanto miedo como hubiera imaginado. Y mis ojos se llenan de lágrimas para lavar mis errores que pervivirán a pesar de todo. Recuerdo a mi madre, tan sabia a veces, tan obstinada otras pero siempre amorosa y fiel.

La vida se nos antoja más corta a partir de una edad. Hasta entonces, no habíamos tomado buena cuenta de los días cortos y jubilosos, o tristes, largos e inalcanzables. Ahora que la mirada languidece a través de mis gafas, reflexiono largamente sobre el misterio de mi destino.

Un día muere y otro nace, pero al comienzo de una primavera hostil y fría, todo mi cuerpo se estremece en una reflexión nada esperanzadora. No hay vuelta atrás. El corazón vibra y se conmueve. El tiempo se acorta como una vela, en silencio, no deja lugar a otras alternativas. Hay que comerse los minutos, las horas y saborear en cada pedazo su misma esencia.

Descubres la brevedad de una existencia. A solas con tu vida, se empequeñece el universo, estás fuera o dentro de él, no basta con una conciencia real de tu propia naturaleza. Es la misma vida la que te da opciones. Has de elegir cuál, tal vez.

IMG_1009Es cuando se hace necesario un punto de reflexión sobre nuestro destino final. Nos hará más libres, menos apegados a las cosas, más generosos, menos intransigentes, más temerosos de nuestra suerte, más cabales, responsables, humanos en definitiva. Aunque su fatal realidad nos acose con frecuencia y sintamos cómo nos embarga la tristeza, es una verdad incuestionable e ineludible de la que nadie podrá escapar.

María de Fraile, 1 de Mayo de 2017.-

Tarde de Soledad

Historia de un hijo fiel o el desarraigo.

De cómo la felicidad del ser humano puede pender del delgado y fino hilo de la suerte.
Aproveché una tarde ventosa de marzo en la que fui abandonada por unas horas, al amparo de mis ideas. Encontré cierta tranquilidad en una mesita alejada de mirones y corrientes de aire en una cafetería de las afueras. Lo que en otro tiempo fue campo y ahora se convirtió en suburbio urbano, mostraba su cara menos amable frente a la avalancha de zonas comerciales que asediaban con invadir definitivamente campos frondosos de vegetación, lomas y pequeños valles sombreados de frondosos árboles serpenteados por arroyos cristalinos.

En esa soledad complacida, me sentía dispuesta a aprovechar los momentos de asueto de que disponía. No siempre resulta fácil compaginar imaginación con apresuramiento, pero hice la promesa de cumplirlo.

Ordenaba mis trastos de informática y conexiones de wifi junto al cuaderno de notas, cuando la camarera de turno colocó sobre mi mesa un humeante café, al tiempo que entraron en escena dos personajes a cual de ellos más peculiar. Ocuparon una mesa no muy cercana a la mía pero sí lo suficiente como para distraer mi atención. Saltaba a la vista que se trataba de una madre anciana a la que acompañaba su hijo. Apostaría sin perder que era soltero, sin sustento a que aferrarse y muy ligado a sus faldas, no tanto por desmedida pasión filial, como por desdichada subsistencia material.

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En un Café (El Ajenjo) Edgar Degas.

La dama vestía de manera estrafalaria, aunque intentaba mostrar un cuidado especial. Era alta, muy delgada y de andares torpes e indecisos. Llevaba un pantalón de pijama de un color indefinido y que ella exhibía al pasear junto a las vitrinas que mostraban toda clase de suculentos y apetecibles manjares, a pesar de sus vanos intentos por ocultarlo bajo una falda larga hasta los tobillos, con volantes que el tiempo y la desidia transformó en deslucida apariencia. Su cuerpo se cubría con una blusa de encaje y un sombrerito ridículo y melancólico trataba de cubrir a duras penas sus cabellos enmarañados y poco limpios. El supuesto hijo la esperaba paciente, sentado mientras ella se debatía entre aperitivos calientes y fríos, zumos, copas de vino o jarras de cerveza. Una vez satisfecho su apetito y saciado su sed, volvía a pasear por el local para elegir un nuevo menú.

Comía y bebía a la par que hablaba de asuntos muy desdeñables a los oídos de su compañero, que permanecía silencioso, inmóvil, aislado del mundo y de todo, ausente de cuanto sucedía a su alrededor.

De vez cuando permitía que su mirada tropezase con la de ella, pero no se inmutaba. La misma escena se repitió una vez más y fue entonces cuando el hombre, de mediana edad, de aspecto triste, mirada esquiva, barba de varios días e indumentaria desaliñada, sacó un papel sobado y comenzó a anotar en él una lista de compra para el supermercado.

Aquellos ojos sin huella se perdían en el infinito cuando la anciana le comentaba lo que podían ser banalidades frívolas. Estaban juntos y nada les unía.

Por un momento, el hombre se encontró a sí mismo y pudo percibir con qué desprecio le trataba la vida, qué clase de destino incierto le aguardaba y se preguntó con qué armas le podría hacer frente.

Pero su gesto se apagó al comprender que esa forma de vida no tenía sentido para él y contempló cómo la luz del atardecer se apagaba en el horizonte, llevándose consigo la poca felicidad que le quedaba.

Triste alegría la de un hombre que siempre estuvo solo, a pesar de la carga que soportó a cambio de compañía, engañosa seguridad y un falso y mal aceptado bienestar.

María de Fraile, Abril 2017.-

Peonías

IMG_1990Es tiempo de Peonías.

 

Clasificadas desde el pasado, dentro de la especie de las Ranunculáceas, se encuentran entre las mejores, más antiguas e importantes plantas perennes vivaces, propias de la regiones templadas.
(En las regiones frías pierden la hoja).

Sin embargo, el hombre las ha hecho adaptarse y, hoy en día, se cultivan donde incluso se pueden alcanzar temperaturas muy bajas en invierno.

IMG_0154Existen dos tipos de peonías: arbustivas y tuberosas o rizomatosas. Son muy longevas, con follaje atractivo, a menudo rojizo en primavera y coloreado en otoño. Una vez que las flores desaparecen, se mantienen en su forma pero no aguantan bien el fuerte sol de la meseta española. Su ubicación preferente sería entre sol y sombra.

Las flores aparecen al final de la primavera o principios de verano, pero este año se nos han anticipado.

 

Son ultrarresistentes para todo tipo de suelos o en maceta, ricos y bien drenados. Se pueden plantar en tiesto al principio, para que enraícen bien, dejándolas uno o dos años y luego trasplantarlas al jardín o a un macetero más grande. Así se desarrollarán ordenadamente.

IMG_2049Plantación: otoño/invierno, se riega bien en tiempo seco y caloroso. Se abonan y, cuando son jóvenes, se les prepara un acolchado antes de que llegue el frío para proteger sus raíces, si el clima es muy riguroso.

La poda: No debe hacerse, salvo en el caso de que haya madera seca. Si los tallos llegan a ser muy altos, se deberá entutorar con cuidado.

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Peonía Tuberosa

Las tuberosas poseen flores sencillas pero las arbustivas son realmente glamurosas. Todas ellas despiden un suave y delicado perfume que, a diferencia de las rosas, nunca podrán competir pero si en belleza. Las igualan e incluso las superan. Quizás por ello sean tan atractivas y exuberantes, tal vez para compensar su efímera existencia. No son remontantes, es decir, no florecen durante todo el verano. Habrá que esperar a la primavera siguiente.

IMG_1986Japón, el país milenario, maestro experto y sensible por la belleza de la naturaleza, es el que mejores y más abundantes ejemplares produce. Hoy en día, las podemos encontrar en bolsas debidamente preparadas para su plantación como cualquier otro bulbo como tulipanes o narcisos…, o bien, en pequeños contenedores si se trata de las arbustivas, en los viveros o centros de jardinería. Suelen llegar en los inicios del otoño.

Si os proponeis cultivarlas, no os defraudarán.

María de Fraile, Abril 2017.-

La Lluvia de Abril

Fue durante una Semana Santa, a través de la radio, en una casita de monte que aún no tenía luz eléctrica, agua ni chimenea donde calentarse.

Desde el ventanuco del desván, se divisaba el gran valle y, entre la arboleda, los tejados rojos y negros de las viviendas vecinas brillaban por la lluvia menuda que resbalaba sobre ellos.

IMG_1325Mientras la radio cantaba y me arrullaba con voz gangosa de viejo transistor, la tarde transcurría al igual que la lluvia y ensombrecía despacio la silueta de las cumbres. Entonces, un velo fino de niebla envolvía los arbustos. ¡Dulces recuerdos!

Bajé las escaleras de aquel caserón y salí a sentarse en la balaustrada de piedra de la entrada. Olía a tierra mojada y aún no se había ido del todo la luz. Me dejé llevar a través de un camino sinuoso de piedra, hasta el montículo de un almacén de madera, ahora abandonado y solitario. El silencio acompañaba a la oscuridad, que poco a poco me cerraba el paso para que no continuara. Hube de volver de nuevo a la casa pues la luz era cada vez más tenue y empezaba a sentirme sola e inquieta en aquel paraje misterioso.

IMG_0013Ya de vuelta, busqué con la mirada los corros de rosales y arbustos que florecieron en aquellos años de juventud. Recordaba con nostalgia cómo su aroma me embriagaba desde la mesita de noche al acostarme. Desaparecieron o se agostaron durante algún cálido verano. Me desvié al buscar aquella vaquería que frecuentaba para conseguir la buena leche del campo a la que tan poco acostumbrada estaba en mi vertiginosa ciudad y cada fin de semana conseguía rica nata para preparar bizcochos y pastelillos de Cuaresma. Ya no estaba allí. El lugar había sido transformado en una finca con caballos para recreo de niños y grandes. Vallas para el salto, circuitos de arena fina para la práctica, aprendizaje y entrenamiento. Todo un negocio para satisfacer a los que, como yo, luchaban por conseguir algún aliciente lejos del agobio de la capital

Todo se había transformado. Ya no llenaría mi cestillo de moras al finalizar el verano, Las zarzas perdieron sus frutos, se quedaron ralas y enfermizas. Se construyeron más casas y poco a poco el valle se inundó de gentes que ansiaban descanso pero que a duras penas lo conseguían por el trajín que ello suponía para sus vidas.

Y el pueblo serrano, tranquilo y austero se llenó de tiendas, ferias, semanas gastronómicas y restaurantes de asador.

La vida que añorábamos, la transformamos sin apenas darnos cuenta en una complicada experiencia, y nos dimos cuenta que ese cambio no nos satisfacía. Sentimos frustración, pero hasta ahora no hemos encontrado una fórmula más apropiada, porque, y eso es lo fundamental, no somos conscientes de que la solución no está en huir de los convencionalismos que nos hemos creado, sino de valorar y recuperar los logros que habíamos perdido porque los considerábamos atrasados.

IMG_1640Dejé la gran urbe y me quedé en el valle a pesar de todo. Hay algo que no he perdido. El renacer de cada estación. Llega Abril y el autillo ulula en mi ventana como cada primavera. Al caer la noche busca a su presa y canta anunciando los días cálidos y las noches exuberantes de naturaleza. Espero impaciente su llegada.

María de Fraile, 1 de Abril de 2017.-

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