Un Mundo mejor entre Tinieblas

¿Cuántas veces la vida se sumergió en las sombras y cuántas fue envuelta por la luz?

 Ese retroceso que surgía inesperado significaba el anuncio de una nueva y emocionante aventura. No existe noche sin día, dolor sin bienestar ni tristeza sin júbilo. Por eso, a lo largo de años de lucha, la balanza ha mantenido su equilibrio a pesar de los vientos empecinados en descontrolarla.

Hoy corren tiempos convulsos pero también los hubo antaño, cuando nadie podía asegurar un futuro más prometedor. Y el tiempo transcurrió, curó las heridas causadas por el malestar y enderezó la suerte de unos nuevos pasos en la vida que comenzaba. Más tarde, otras andaduras quisieron hacer fracasar algunos sueños de juventud, sucesos ajenos que pusieron en peligro las esperanzas de un mundo mejor. Y de la oscuridad de esos días, nació una bruma luminosa que transformó las ideas y las hizo más firmes y voluntariosas, menos pesadas para continuar el camino. Un sendero salpicado de espinos, hoyos de fango donde se hundían los pies sin apenas percibirlo o lianas que se enroscaban en el cuello hasta perder el aliento.

 

Los momentos placenteros se recrearon en un espíritu ansioso de regeneración y resultaron tan breves como embriagadores. Entonces la balanza volvió a equilibrar sus fuerzas.

Ahora, la realidad es otra y se mezcla con la incógnita de lo ya consumado con lo que está por venir. Y si antaño existió la duda razonable de un mañana esperanzador, la propia vida nos conmina a esperar muy poco de los acontecimientos que en breve plazo llamarán con fuerza a nuestra puerta. La llamada del destino.

  El espíritu crítico no puede integrarse en los acontecimientos que nos depara lo imprevisible. Hay una línea muy delgada entre lo permisible y lo prohibido como irracional y nos hemos llegado a acostumbrar al abuso de poder, al aceptar todo lo que no es saludable, a pesar del daño que pudiera ocasionarnos esa sumisión. Por eso lo previsible que nos acecha sin apenas notarlo, va a pasar factura para condenar nuestra inacción.

No existe respuesta alguna ante esa verdad inescrutable que muestra el camino de la libertad de acción. Estamos ciegos, sordos y mudos a la liberación de ideas que domina la voluntad e impide elegir el camino a la perfección.

 

¿Por qué otras generaciones que nos han precedido reconocieron el valor de la dignidad humana y la defendieron a ultranza por encima de los ataques de quienes intentaron destruirla?

Nuestro intelecto se ha desarrollado exponencialmente para conseguir un bienestar acorde a nuestra cultura y sin embargo hemos embrutecido nuestra alma en pos de unas ideas manipuladas por aquellos que detentan el poder a su antojo.

La cobardía es la representación más palmaria de la mediocridad humana. Nos conduce a la  nada y aniquila los valores más nobles que el ser humano posee.

Lo previsible se hace patente y prepara una antesala aunque lenta pero inexorable, a la destrucción del hombre.

El ciego y oscuro lazo de lo imprevisible estará marcado con una señal inequívoca en la frente. Será clara y precisa. Nos quiere anunciar turbios presagios. El corazón sufre desasosiego. No desafiemos a las fuerzas que constantemente nos atemorizan con sus amenazas y pretendidos pero falsos consejos para destruir nuestro mundo. Busquemos la paz y confiemos en la sensatez y cordura de los que aman la vida y se afanan en conservarla. El espíritu de lucha estará siempre con los que respetan al hombre como portador de valores eternos. 

María de Fraile. Abril 2021.-

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