El Engañoso veneno de la Amistad

Las vidas se cruzan, conviven, se alegran de haberse encontrado. Las que importan permanecen. Las demás, desaparecen pero dejan rastro. Esa estela oscura de tintes fríos y mucha melancolía que irrumpe en la mente, forzando un recuerdo que había permanecido oculto en la soledad de un baúl, con olor a naftalina, ¿es nostalgia? Tal vez nuevos propósitos de reconciliación ante un fracaso injustificado, o quizás envidia malsana de otros que sí encontraron en la amistad un apoyo duradero.

 

 

Sin apenas percibirlo, la historia triste de una amistad, que en su día lo fue, se rebela. Desgrana sin voluntad visiones, sorprendida de permitir que entre de nuevo en ese microcosmos que ahora no está controlado. Ya no hay vehemencia. El tiempo suavizó la superficie de esa duna de sufrimiento y la transformó en arena suave y fina, imperceptible. Y la duna oscura se movió hacia otro desierto más implacable y dejó entrever un pequeño oasis de palmeras.

El recuerdo pervive. Está ahí impasible, menos ardoroso que antes, algo desdibujado por el tiempo, más racional y mucho menos congruente.

Alegre Sociedad. Gerrit van Honthorst (1622)

 

El mundo ha cambiado para todos. Las ideas persisten y la mente ahora más sabia, percibe lo saludable y rechaza lo que puede hacer daño. La amistad es algo frágil que hay que cuidar con esmero. Sufre, se marchita, se olvida, desaparece. Hay que alentarla con soplos de calor y abrigarla en los inviernos fríos donde el alma se desvanece por los desengaños y las mentiras.

Los sentimientos más nobles afloran cuando el ser humano intuye su propia fragilidad. Necesita apoyo y lo busca en los que cree que le aman. Pero no están. Desaparecieron cuando él no consideraba necesitarlos más. Y entonces su alma se llena de frustración y sólo recuerda el bien que hizo y lo poco que recibió a cambio. Ese egoísmo turbio le impedirá encontrarse  asimismo y descubrir que, en un rincón olvidado de su corazón anida la nobleza y generosidad necesaria que  busca y que le conduciría a esa paz celestial que tanto anhela.

María de Fraile. Abril 2021.-

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