Revolución y Exilio

Concierto para piano nº 3 en re menor, Op.30

 

Otra vez él. entrando de puntillas, sin hacer ruido nos mostró su lado más íntimo y espiritual. El inicio de la temporada en el Auditorio Nacional se abrió, como no podía ser de otro modo, con uno de sus cuatro conciertos de piano, el nº 3 en re menor.

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Serge Rachmaninov

“El es como un dios, él lo es todo”, confesaba admirado y conmovido el pianista ruso Denis Matsuev. “El es sin duda, el más grande pianista de todos los tiempos”. Añadiría su compatriota, también ruso Nikolai Lugansky. Y Lugansky ha estado con nosotros en este concierto del ciclo de la nueva temporada. ¡Soberbia! su interpretación, tal y como la concebiría el autor. Grandiosa en el primer movimiento. Suave y armoniosa en el Intermezzo: Adagio Attacca, en recuerdo de Johannes Brahms, y deslumbrante en su Finale.

“No podría establecer cuál sería mi verdadera vocación, tal vez incluso llegar a saber si estaba destinado a ser compositor, pianista o director de orquesta”, confesó un día el autor. Se dijo que llegó a ser el alma de Moscú. Durante los años que precedieron a la revolución e incluso con posterioridad a 1917 en los que vivió su exilio americano, a pesar de la lejanía, no dejó nunca de percibir el entusiasmo y el calor de quienes le admiraron. Siempre melancólico y evocador de su Rusia natal, muy lejos de convertirse en un compositor modernista de la época, ocupa un lugar preeminente entre los últimos románticos del siglo XX. 

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El río Neva sobre San Petersburgo

“Nunca intenté que mis obras fuesen originales, románticas o nacionalistas. La música debe venir del corazón e ir a parar también a él”

Serge Vassilievitch Rachmaninov, nació el 1 de Abril de 1873 en la Rusia del noroeste, en una de las propiedades de su familia, perteneciente a la vieja aristocracia rusa. Sus inicios musicales auspiciados por su madre, se desarrollaron en San Petersburgo. 

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Serge Rachmaninov. Colección Tully Potter

 

En el verano de 1890 visita el pequeño pueblo de Ivanovka, en una pequeña finca propiedad de unos primos y a la que volvería con asiduidad. Le encanta el lugar. Es de una belleza inusual y su quietud le invita a componer. Allí desarrollará ideas y conceptos musicales hasta completar su primer concierto de piano. Con una disciplina casi espartana, se levantaba con el alba y trabajaba casi sin descanso hasta el final de la tarde. Y seguirá componiendo una ópera, “Aleko”  y allí tratará de superar la traumática decepción del fracaso de su primera sinfonía. 

Después de haber dirigido en 1908 la primera audición de la Sinfonía nº 2, escribiría este concierto. Tuvo defensores a ultranza y críticos acérrimos. Aquellos que lo tacharon de estar plagado de zumbidos musicales, siendo para exclusivo lucimiento de los intérpretes, dada la complejidad de la partitura, pugnaban con los que ensalzaban su lirismo, el espíritu romántico y su belleza cromática.

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Interior de la Iglesia de la Resurrección de Cristo o de San Salvador de la Sangre Derramada. San Petersburgo

 

¡Oh Rusia… Mi Rusia!

Rachmaninov abandona su querida Rusia semanas después del estallido de la revolución de Octubre, con un futuro incierto, sin apenas tener conciencia de su vuelta. En la década de los treinta decide comprar un terreno en Suiza y hace construir una casa para su familia. Allí permanecerán hasta 1939, donde encontrará la calma y el reposo que halló un buen día en Ivanovka y donde desarrollaría su maravillosa Rapsodia sobre un tema de Paganini y su Tercera Sinfonía.

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Mausoleo de la familia Romanov

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, emigra junto a su familia a Estados Unidos y su sentimiento creador se detiene. “Un compositor que abandona su país, pierde el espíritu de inspiración con el que había sido premiado desde su nacimiento”.

Escanear copiaLas leyes estadounidenses respetan la libertad del individuo y comienza a disfrutar de cierta tranquilidad, pero echa de menos sus raíces y busca el calor de los suyos, compatriotas que componen una muy nutrida colonia de refugiados rusos. Le cuesta integrarse en la sociedad americana, sus costumbres y, en cierto modo, su exigua imaginación, toda una cultura moderna que contrasta con  extrema radicalidad con el viejo continente, plagado de riqueza musical siglos antes de que fuera descubierto el nuevo.

Pero en 1940 rompe de algún modo su voluntad y nace, ya en tierras americanas, su obra “Danzas Sinfónicas” y agrupa en ella reflejos del viejo mundo y bosquejos del nuevo en otras tierras diferentes.Nunca deseó alterar los nuevos ritmos y estructuras modernistas de aquella época, ni hacer crítica de ellos. Simplemente, no se sintió identificado con esas tendencias. “ Jamás me despojaré de mi antiguo estilo de composición, como tampoco me apropiaré del nuevo”.

El 28 de marzo de 1943 en la ciudad de Beverly Hills se despide de su familia y del resto del mundo, con el postrer anhelo, entre la nostalgia y la tristeza, al no haber podido regresar a su añorada Rusia.

 

María de Fraile. Octubre de 2018.-

 

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