La Gran Olvidada

Hoy nos fijamos en ampulosos mensajes de reivindicación femenina, como si nunca hubieran existido almas luchadoras que lo refrendasen. Ahora la mujer se erige en mártir de una causa que siempre estuvo junto a su condición humana y para la que no valieron prendas mediocres ni estereotipadas.

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Emilia Pardo Bazán

El personaje que ocupa nuestro rincón es una amalgama de espíritu salvaje, defensora de ideas puras y transgresora de tabúes trasnochados. Una mezcla casi espiritual de libertad y la representación más genuina del feminismo. Personifica un combate soterrado entre la sinrazón y la cordura. Es el reconocimiento de la verdad absoluta.  Una clara defensa de la mujer ante la impostura en un sistema caduco.

A pesar de todo, apenas se la conoce. Anteriores generaciones buscaban a la sombra de los castaños  del parque del Retiro con alguna de sus obras bajo el brazo, un recogido banco donde deleitarse con sus historias. Si, Emilia Pardo Bazán estuvo un tiempo en los libros de texto de la escuela secundaria, como paradigma tal vez, en un episodio más de la literatura del siglo XIX. Significó tan sólo una reseña para preparar un examen de fin de curso. Y es ahora cuando se desata la duda sobre su supervivencia. ¿Qué será de Doña Emilia a partir de este momento? ¿cuál fue su sueño, o quizás se convirtió en algo puro y quedó postergado en el olvido?.

Mujeres que lucharon por la defensa de sus ideales y mostraron el estandarte de su rebeldía, se encuentran por cientos, pero en ella conviven lo nuevo de la sociedad actual y lo viejo del mundo que conoció,  que amó pero que nunca compartió.

En otro orden de cosas, la figura de Doña Emilia no se desvanece en el tiempo. Es cierto que, desde su infancia, recibió el fuerte apoyo de su padre al que veneraba y con el que la unían fuertes lazos. Ello contribuyó a afianzar desde la niñez, unos sólidos principios de igualdad entre el hombre y la mujer, en una sociedad que nada protegía los intereses de la mujer. Una prueba evidente de su madurez humana frente al rechazo de las imposturas de género de su época, se pone de manifiesto al analizar en su biografía las diferentes etapas de su vida. Su fuente inagotable de recursos le permite abarcar todas cuantas posibilidades de creatividad le ofrece el mundo de la cultura. En 1889 interviene activamente en los círculos literarios, es asidua al Ateneo de Madrid y se afana en divulgar las diferentes corrientes estéticas europeas y españolas. Es una mujer leída y muy viajera. Sus conocimientos no se circunscriben a la literatura. Se interesa por las corrientes pictóricas, la música y las vanguardias. Ama la filosofía y sobre todo, permanece atenta a los cambios políticos que afectan a la sociedad. 

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Emilia Pardo Bazán

Después de experimentar un matrimonio fallido, cuando apenas había cumplido los veinte años decide romper con el sistema y se instala con sus tres hijos en Madrid. Allí consolidará su fama de escritora, sola, sin apoyo de hombre o marido y, al albur de otras expectativas, reconstruye su independencia. Años más tarde, conoce a Benito Pérez Galdós. Es una relación sin trabas, no al uso de la época, cargada de pasión y vehemencia aunque ciertamente incompleta, puesto que, a pesar de los veinte años que duró, no le impidió mantener otras más breves y diferentes con hombres más jóvenes que ella. Fue como una transformación vital que la llevó a liberarse sexualmente. No obstante, en gran medida valora su independencia pero no renuncia del todo al espíritu católico y conservador, a pesar de ser fiel a las ideologías en defensa del feminismo.

A la manera galdosiana, Doña Emilia crea una estructura en la novela a modo de ciclos, en la que algunos de los personajes de sus obras vuelven a aparecer en otras historias, provocando una recurrencia de personajes, temas y lugares que llegan a ocupar una parte esencial en el contenido del relato. Respecto al ciclo llamado “Adán y Eva” el lector puede percibir un realismo y autenticidad igual que en la vida real.

En su obra “La madre Naturaleza” escenifica fielmente, a pesar de las diferencias estéticas que le separan de Émile Zola, un paralelismo con el escritor francés al aunar la estética naturalista con la realidad del entorno, como dos fuerzas de choque irresistibles ante el sentimiento y la pasión de los dos protagonistas enamorados. Doña Emilia va más allá de la línea naturalista francesa. Mientras que Víctor Hugo y el propio Zola muestran la parte más triste y sórdida de sus historias, ella reaviva el relato otorgándole realismo. Sus personajes realzan la historia y aportan alegría a la tristeza, luz a la sombras y esperanza al desánimo. Estamos ante un desarrollo esteticista inusual en la época, donde conviven naturalismo y realismo.

Las manos de la condesa de Bazán se llenan de vida con sus historias y en “Los Pazos de Ulloa” cierra el episodio más naturalista de su producción literaria, donde muestra con profusión su Galicia natal.

Ese mismo año, expone en el Ateneo un trabajo de investigación sobre la literatura rusa y da a conocer su libro “La Revolución y la novela Rusa”. Tolstoi le disgustaba en extremo pero fue seducida por Dostoievsky. 

El lenguaje usado en sus novelas resulta ahora anacrónico, fuera de uso pero es rico en matices, denso en contenido y mantiene vivo el espíritu del pueblo que lo encarna. Existen pocos escritores de la época que conozcan y utilicen un lenguaje tan de nuestra idiosincracia, variado a la vez que basado en la esencia misma de un pueblo, el español, que lo valoren hasta el punto de llevarlo a sus novelas y enseñorearse de él como lo haría Galdós y más tarde Unamuno, Azorín o Baroja. Ella lo pasea por sus páginas y hace que sus personajes se enorgullezcan por ello. Su sintaxis es clara, reconocida y académica, es una gran conocedora de nuestro idioma y lo engrandece con frases sencillas, naturales, para que todo el pueblo lo entienda, valore y se reconozca ante él.

Es la gran mujer que dignifica un compromiso sordo pero necesario con la sociedad, en especial la mujer que vive y sufre la opresión, porque soporta el menosprecio de su reconocimiento ante los que la humillan y lucha con denuedo por conseguir la equidad de género.

Era alegre, divertida, hacía bromas y risas a cerca de su gordura y con su simpatía arrolladora cautivó desde las mentes más exquisitas  al pueblo llano más humilde y sencillo.  Podríamos hacer uso de su prosa culta a la vez que ingenua y natural en estos tiempos tan contradictorios como ajenos a preservar nuestra cultura y costumbres más arraigadas. Nuestros hijos están sometidos al aprendizaje de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, el culto al lenguaje no debe despreciarse en aras de lo que otros podrían despreciar por obsoleto y caduco.

Es hora de reivindicar nuestras raíces milenarias a través del legado que hemos recibido. Rindamos un sincero homenaje a los que, como ella, supieron defender el acerbo cultural de nuestros antepasados.

Sus orígenes gallegos no la impidieron reconocer y valorar la lengua castellana, nuestro idioma español, que lo es para todos los españoles de bien.

 

… ita ut serviamos in novitate

spiritus, et non in vetustate litterae.

(“… para que sirvamos con espíritu nuevo,

y no en el arcaísmo de la letra”)

                                         SAN PABLO

Emilia Pardo Bazán 

La Coruña 1851 – Madrid 1921

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