Una Sinfonía de Contrastes

 

Jean Sibelius (1865-1957) fue un compositor finlandés nacido a mediados del siglo XIX. Su música enriquece de vida los valores esenciales del hombre que ama la tierra de sus ancestros. Finlandia está muy cerca del cielo. El sol se prodiga poco y la naturaleza se muestra hostil ante la belleza del universo. No es una tierra gélida, blanca y aburrida como algunos nos quieren hacer creer. Su frialdad se puede transformar en algo puro como la nieve. Sus gentes respiran amor porque caldean el ambiente con sus sentimientos. No es cierto que el carácter de un nórdico se quiebre ante la frialdad del mundo que le rodea. Dentro, en lo más profundo de su ser, late un espíritu tierno, grandioso, sensible y Sibelius lo muestra con acordes que, en algunos compases, destilan un aroma oriental. Son recuerdos tibios desde tierras frías, acentos musicales de la vecina Rusia. Allí la primavera estalla cuando el invierno fue duro. Entonces hay más profusión en los colores de la naturaleza.

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Monumento en memoria de Jean Sibelius. Helsinki (Finlandia)

Para reconocer la música de Jean Sibelius, nos podemos basar en tres puntos esenciales. Su originalidad de temas, uso de una orquestación austera y armonías cargadas de frescura e invención.

La Segunda Sinfonía, en re mayor, Opus 43 (1901-1902), está llena de contrastes. No fue compuesta en la contemplación de fiordos y anocheceres nevados. Surgió de una inspiración al calor de la campiña italiana, cerca de la pequeña villa de Rapallo. Allí desarrolló toda la obra y fue llamada a ser la más célebre de sus sinfonías. Pero destila embrujos orientales, pureza y ansias de libertad. La nieve se derritió al contacto con sus dedos cálidos de amor.

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Monumento a la memoria de Jean Sibelius. Helsinki (Finlandia)

Durante el reinado del zar Alejandro II en 1809, Finlandia formó parte del Gran Ducado de Rusia hasta que en 1917 fue proclamada su independencia. A lo largo de la historia se le ha considerado más un político que valorado por sus dotes indiscutibles en la composición musical. Fue ante todo un patriota defensor de su pueblo aunque nada comparable a Verdi o incluso a Wagner. Su corazón estuvo más cerca de la opresión de sus gentes que de conseguir relevancia y posición con la política. El poema sinfónico “Finlandia, Opus 26” estuvo dedicado a ensalzar el espíritu y la fuerza de su país frente al opresor ruso. Un canto a la libertad y el deseo ferviente de independencia.

IMG_0457Y compuso los más bellos pasajes, llenó el aire casi congelado de notas con sus grandiosas sinfonías. Abrió el cielo e hizo emerger de las aguas del mar Báltico dioses, ninfas, sirenas y hadas. Contó historias míticas de ángeles y cisnes y recreó una historia mágica sobre el resurgimiento de una tierra que más tarde se convertiría en nación.

Su legado musical fue fructífero y hermoso. Todo un regalo para los que admiran su obra y se embelesan al escuchar su segunda Sinfonía.

SibeliusMaría de Fraile. Febrero 2018.-

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