Melancolías en un mes de Octubre

Melancolías en un mes que se aferra al verano que se fue.

 

 

No pudo ser un gozo esta celebración. Demasiados acontecimientos, no tantas dudas, algunos temores a la cercanía de un final nada querido, esperado ni reconocido.

Los años pasan desacompasados, unas veces la tristeza los alarga, otros vuelan porque la felicidad desea encontrar su lugar y no quiere llegar tarde a la cita. Los recuerdos afloran en una madurez pletórica a pesar del rostro que cada día se ve diferente, con algunos años de más, consciente de que no hay vuelta atrás.

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Atardecer en Reykjavik, Islandia

Es una celebración que hace tiempo buscó la mirada de las estrellas, la luminosidad de los atardeceres y la sonrisa amiga de los que aman. Ahora languidece entre canas y recuerdos. El ímpetu de la primera juventud se desvaneció y la alegría de la inexperiencia se tornó en sensatez al acompañar la madurez al conocimiento.

Un acontecimiento desde otra perspectiva más sentada, cabal, juiciosa, menos entusiasta, jovial, ilusionada, tal vez. ¿Habrá perdido autenticidad? ¿Ha sucumbido frente a una crisis de identidad o se ha dejado llevar por la apatía y el desánimo?.

A mayor conocimiento y experiencia, menor pasión y entusiasmo. El resultado de este axioma es la ilicitud frente a la verdad de las cosas, que nunca estarán por encima de lo que descubramos en ellas. Sin embargo, el fluir de los acontecimientos hace que renazcan en nosotros nuevas esperanzas. ¿Nos sometemos a las leyes divinas de la naturaleza o permanecemos a la espera de algo sobrenatural que nos haga puros?.

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Auditorio Harpa, Reykjavik

¿Por qué, entonces, dejarnos llevar por los avances tecnológicos y renunciar a los conocimientos y la sabiduría de nuestros antepasados?. El culto al hedonismo y la superficialidad nos impiden reflexionar sobre el fin último de nuestra existencia. Hoy, los extremos sobre el origen y el término de la vida humana carecen de interés.

Sin embargo, estas reflexiones al hilo de otras vacilaciones sobre el raciocinio o el vacío existencial, ponen de manifiesto que no todo se ha perdido.

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Fiordo de Hardanger, Noruega

Aún queda la esencia misma del alma, nuestro compromiso con la verdad absoluta, la eternidad de las cosas, si no puras, que hayan experimentado el cambio que las mejora, la esperanza de un mundo feliz, como el que nos enseñó Aldous Huxley, el que regenerará y limpiará nuestros corazones de toda mancha.

 

María de Fraile, Octubre de 2017.-

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