Martin Heidegger

Martin Heidegger, un paradigma controvertido en el presente.

 

¿Y qué pueden esperar los jóvenes de generaciones futuras?

“El nazismo es un principio bárbaro. Ese es su mayor potencial y donde reside su grandeza”. Martin Heidegger

El hombre es un ser más en la naturaleza. Más complejo y organizado que los demás seres naturales, pero está sujeto en todas sus manifestaciones a las mismas leyes. El hombre es pues, uno más entre los seres del universo. Esta filosofía gira en torno al hombre y Heidegger descubre el existencialismo como clave para definir su teoría filosófica.

El existencialismo surge en 1927 muy próximo a las filosofías de la vida de Frederick Nietzsche. En ese año Heidegger publica “El Ser y el Tiempo” y presenta El Anuario para la Filosofía y la Búsqueda Fenomenológica, dirigido por el filósofo Edmund Husserl, su maestro indiscutible.

Esa corriente filosófica que transcurrió en el período comprendido entre la segunda guerra mundial y la posguerra, fue destructor y trágico, que en nada favoreció a filósofos y pensadores para estructurar una conciencia clara sobre la existencia del hombre.

El Existencialismo se presenta como una ideología pesimista. Su conclusión es que la existencia del hombre carece de sentido, como apunta Jean Paul Sartre “El Hombre es una pasión inútil”.

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Heidegger hacia 1933

Pero Heidegger acoge a los estudiantes judíos en sus seminarios, se convierte en el amante de Hannah Arendt, filósofa judía alemana, arrestada y enviada al campo de concentración femenino de Gurs, en el sur de Francia y, sin un resquicio de escrúpulo, se gana las simpatías de otro público, contrario o entusiasta a las consignas hitlerianas de la sociedad alemana. Por un lado, Martin Heidegger no anuncia ningún lamento o remordimiento sobre su compromiso nazi, sino que trasluce un antisemitismo sin máscara y un extremismo ideológico que no ha sido enmendado, o al menos abjurado. Lo más sorprendente es que no solo no ha destruído sus notas comprometedoras, sino que ha programado su publicación póstuma como si se tratara de entregar el testigo a la humanidad para no sufrir en vida las consecuencias de sus criticas.

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Reunión de profesores de universidad en Leipzig en noviembre de 1933

Recientemente, en Octubre pasado el semanario alemán Die Zeit publicó extractos de unas cartas que Heidegger envió a su amigo Fritz: así se confirman una vez más las convicciones racistas y extremistas del pensador.

¿Qué hacer, entonces con Heidegger?

Está claro que el filósofo acepta la adhesión al partido nazi y se vincula a él el 9 de mayo de 1933 en la ciudad alemana de Friburgo, según lo atestiguan los registros legales, sin importarle en absoluto en qué medida podrían afectarle en su carrera profesional o en su vida privada.

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En su jubilación de Todtnauberg en 1968

Los “Cuadernos Negros” sin publicar aún, podrían esclarecer muchos puntos oscuros de su vida después de años de incógnitas y condicionar en gran medida su teoría filosófica sobre el ser y el yo, el mundo del hombre y el mundo que le rodea, la preocupación del propio yo. El hecho de tener conciencia, de ser un “pour-soi” para sí, como dijera Jean Paul Sartre, frente a las cosas que carecen de conciencia y forman el “en-soi” en sí mismas.

Pequeña biografía:

Martin Heidegger nace en la ciudad de Messkirch, el 26 de Septiembre de 1889. su padre fabricaba toneles y ejercía el oficio de sacristán.

Cursa estudios en la Facultad de Teología y llega a cuestionarse el ingreso en una orden religiosa.

Estudia a Pascal, así como a los alemanes Hegel, Schelling y Hölderling. Descubre la Fenomenología de Husserl.

En 1923 consigue una plaza como profesor en la Universidad de Marbourg.

Después de publicar “El Ser y el Tiempo” en el Anuario de Filosofía y la Búsqueda de la Fenomenología, imparte diversos cursos sobre la Crítica de la Razón Pura de Kant, para más tarde suceder a Husserl en su cátedra de la Universidad de Friburgo.

Continua sus trabajos durante los años siguientes que precedieron al conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. No pierde el tiempo en reflexiones políticas y celebra conferencias, cursos y seminarios sin afectarle ni pormenorizar sobre las consecuencias de la guerra. Se convierte en un intocable durante los seis años terribles de la contienda.

 

 

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En 1968, junto a su refugio de montaña

“Merece la pena cuestionar a Occidente sobre sus propias cegueras y determinismos, así como las tentaciones tiránicas de su universalismo. Heidegger encarna los excesos de nuestra tradición y nos ayuda a reflexionar sobre ello en toda su obra”.

Patrice Bollon, Periodista y Ensayista.

María de Fraile, Agosto 2017.-

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