El Bastón de mi Escritura

Cayó en mis manos como una disciplina de estudio. Luego, se convirtió en algo indispensable, tan habitual como el reloj de pulsera o un tic nervioso. Pudo ser un desafío, un buen aliado de mi propia vida.

La descubrí durante mis primeros años de bachillerato. Ahora en desuso, la pluma estilográfica llenaba mis dedos de tinta y emborronaba los cuadernos desluciendo las ideas y los trabajos. Hasta que un día comenzó a deslizarse sobre el papel con ligereza. Redondeaba bien los rasgos, enderezó la línea del trazo y mi pulso se tornó firme y decidido. Hizo que las ges ya no fueran tan ganchudas y feas y las zetas recobraran ese aire juvenil. Fue entonces cuando mi escritura se llenó de gracia y aplomo. A veces, se detenía con brusquedad y paralizaba mi mano como si hubiera perdido el aliento, pero al momento recuperaba el tono casi sin pensarlo.

IMG_0209Fue ella la que hizo dibujar los sortilegios de mis ideas, unas veces más caprichosos, otras menos afortunados. ¿Qué no haría por conseguir el impulso grandioso que otorga a algunos ese halo de inspiración? Cuán grande y hermoso es imaginar y soñar con la sencillez del conocimiento para saber expresarlo en su misma esencia y contenido.

Mis puntos de apoyo se transformaron en un ente mágico, las ideas brotaron como ramas de árbol joven en una primavera exuberante, pero no siempre estaba presente el puntal del ánimo encendido para sustentarlas. Ese bicho venenoso que vive en mi sangre estaba latente, silencioso, aún consciente de sentirse responsable de mis sufrimientos como de tantas frustradas iniciativas. Ese instinto que me impulsaba a derrochar caudales de tinta, ahora no derramada, y que encallecía mis dedos línea a línea.

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Y mi pluma se rió de mis miserias, de relatar cuentos sin sentido, de estrujar historias y manosear pensamientos. Se rió cuando se agotó su cargador dejándome a merced de bolígrafos insulsos que escupían tinta y manchaban mis ideas y sentimientos.

Me gusta mi pluma a pesar de todo. La adoro como quien posee un tesoro y cada noche en soledad, al abrigo de falsas miradas lo saca de su escondrijo para admirarlo una y otra vez.

Como cada día, asistí a clase en la Facultad, no importa cuál, llena de voces juveniles que esperaban la llegada del profesor. A través de la puerta entreabierta se elevaba el murmullo. Hecha un manojo de nervios, jugueteaba con una pluma casi recién estrenada, cargada de tinta azul, dispuesta a volcar sobre el papel esbozos, conceptos e ideas. Hasta que, en su afán de cumplir con fidelidad su objetivo, como el caballo de carreras que es fustigado hasta casi reventarlo, sucumbió. Se resistió, agotó la última gota de su misma esencia y no pudo terminar la carrera. Le concedí el perdón por su valentía para continuar escribiendo el próximo examen de mi vida.

La que fue homenajeada, venerada y respetada por los grandes de la literatura universal y que llegó a ser un símbolo de todas sus creaciones, la que durante largos años estuvo en manos de escolares desaprensivos e inexpertos pero que supieron reconocerla y valorarla tiempo después, ahora ocupa un hueco en algún cajón de escritorio en los despachos de hombres de negocios. Todo un lujo al alcance de cualquiera y que casi nadie reconoce.IMG_0104

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