Misa para una Ceremonia Nupcial

“Questo giorno di tormenti, di capricci e di follia, in contenti e in allegria solo amor può terminar”.
“Este día de tormentos, de caprichos y de locuras. solo el amor puede hacerlo concluir con la dicha y la alegría”.

Finale del acto IV de Las Bodas de Fígaro
Obra compuesta en Viena en 1786

Wolfgang Amadeus Mozart escribió dos misas. La Misa de Coronación en Do Mayor (K.317), que fue estrenada el 2 de Marzo de 1779 y la Misa en Do menor (K.417a). Es esta última de la que hablaremos ahora y que, a pesar del escaso interés del compositor, tiene un valor sentimental por cuanto representó en un momento importante de su vida, su compromiso nupcial.

El compositor puso especial empeño en crearla para dedicársela a su esposa e incluso, que ella fuera la solista principal.

“Constanze tenía solo 20 años cuando Mozart se casó con ella. Aborrecida por la mayoría, criticada como liviana y atolondrada” (W. Hildesheimer), fue la ganadora entre las hermanas Weber. Ella asumió su papel de esposa y madre durante todo el período que vivió junto a Mozart y mantuvo esa fidelidad a su memoria, incluso a pesar de su segundo matrimonio, una vez fallecido el compositor, con el diplomático danés Nikolaus Nissen.

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Constanze Mozart. Óleo de Joseph Lange

 

Fue entonces cuando se volvió sensata, juiciosa y administradora de la herencia de Mozart, tal como lo atestigua su biógrafo y crítico musical W. Hildesheimer, hasta el final de su vida, en 1842, a los ochenta años de edad.

Mozart se hubiera deleitado en transformar las dos misas en óperas. Por aquellos días, la composición de música sacra no le satisfizo lo bastante como para completarlas, pero en ambas hace gala de su habilidad contrapuntística.

 

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Wolfgang Amadeus Mozart. Óleo inconcluso de Joseph Lange

 

Pero en el último pasaje del Credo Et Incarnatus est , nos revela una delicada, dulce y armoniosa aria de extremada belleza. La melodía se transforma en algo sorprendente, casi divino, de una pureza inigualable. Ahí se me mezclan la espiritualidad de lo que fue el acontecimiento bíblico con la realidad del sentimiento humano.

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El entierro de Mozart en una fosa común, según un pintura del siglo XIX

“Su esposa Constanze me abrió la puerta y me llevó a una salida que había a la izquierda, y vi al maestro muerto, dentro de un ataúd, con un traje negro y una capucha sobre la frente tapándole los rubios cabellos”.
Relato de Ludwig Gall copista de Viena y discípulo de Lorenz Lausch.
Documentado por Karl Pfannhauser en “Epilogomena Mozartiana (1971-72)

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