En la soledad de un Café…

En escena, una mesita velador incómoda de un café de la ciudad, da cobijo a una taza de té como única compañía. Es allí donde comienzan a fraguarse ensueños y veleidades. Desde mi silla, apoyada débilmente sobre la pared, observo con timidez. Dos viejos pulidos, de buen ver, limpios y aseados, al amor de un chocolate caliente, charlan sobre el uso y desmesura de hormonas y medicinas y se disputan las respuestas a las preguntas que uno a otro se hacen sobre cuál de los dos responde mejor. Gesticulan, se asombran, levantan a veces la voz y recuerdan lugares, momentos o acontecimientos pasados al albur de otras esperanzas. Al cabo, salen y se prometen nueva cita. La tarde languidece con su color de plomo las calles. Caen las primeras gotas y todo el café se sume en la penumbra. El silencio se rompe cuando el camarero retira los servicios y encarama las sillas sobre los tableros de las mesas. Algo queda en el ambiente. Una nebulosa de voces como un eco machacón de dos viejos que relatan historias de aconteceres y sucesos.

img_0971

Después de una despedida con gestos y abrazos, salen y se preparan para un reencuentro. Y yo me veo de repente, entre los dos al imaginar una escena desgranando lo que podrían haberme contado de abordarles con resolución y firmeza. Y les vi alejarse como si dejara escapar mi oportunidad de oro.

Mientras mi ego va desmoronándose con recriminaciones y consideraciones varias sobre lo que hubiera o no podido hacer mal en torno a los dos viejecitos y, sopesando el caudal de información que habría procurado de no haber actuado con mayor astucia y decisión, me detengo en seco para establecer un nuevo enfoque de la historia que ahora comienza.

Después de que los viejos se retiraron, vuelvo a mi silla apartada, pero esta vez de un salto y en un suspiro, con el espíritu y la mente puestos en aquel lugar. Imagino entonces, otro ambiente, en otro tiempo, cuando las mujeres apenas frecuentaban los cafés. En aquel mundo de hombres donde habría soñado esconderme por unos instantes y contemplar desde el bolsillo de cualquier transeúnte, el espectáculo alucinante de una vida anterior, en otra época pero en los mismos lugares.

img_1932Las ideas pueden desvanecerse por la confusión y, a través del humo de un café como en un juego, aparecer para, más tarde, mostrarse de nuevo dando sentido a lo irreal. Las palabras surgen, justifican su osadía, impregnan el corazón humano de sensibilidad para hacer brotar los instintos hasta límites insospechados. Pueden llegar a castigar con dura fusta y hacer que nazca el llanto o la alegría.

Entonces, la emoción que produce un relato se hace indescriptible. Ardua tarea la de crear una historia y presentar un personaje digno de una novela.

Poco tiempo después, una mesa vuelve a ocuparse. Y sobre ella, hojas de papel, ambigüedades humanas, trágicas historias, sucesos y una luz indiscreta que deja al descubierto toda una trama profunda y llena de emoción.

 

Prólogo de El Viejo Taller. Historia de una Renuncia. Por María de Fraile. Edit. Liber Factory

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: