Reflexiones sobre un Aniversario

Me quedé a solas con la melancolía. No tanto como yo hubiera querido, pero ahí está esa experiencia que es testigo de los acontecimientos. Delataron un tiempo que se fue, momentos incuestionables de tardes inundadas de luz y noches plagadas de insatisfacciones.

Cuando el sueño hace presa de la voluntad, perturba la mente y aparecen falsas luces en la oscuridad. Surge la intranquilidad y, en un intento fallido de ahogarla con recuerdos afables, el alma se inquieta.

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Todo está apaciguado, en reposo, como falseando un ahora intenso y desmesurado. Me estremezco, vibro como la cuerda de un violín que se siente sacudida por el arco. A lo lejos resuena una hora tardía, seca, áspera. El momento se acerca. Pronto el viejo reloj cantará doce veces y entonces me haré la misma pregunta de siempre ¿Cuánto hace que llegué a este mundo? Y lo hice con un llanto pausado, como esa lluvia fina de primavera.

Las noches no son propicias a sueños vanos cuando el aire está lleno de sensaciones y nostalgias. Por un momento vuelvo al mundo de mi infancia, donde ese pequeño caos de inconsciencia e ignorancia se ajustaba con arraigo a las faldas de mi madre. Vivía rodeada de cariño pero cojeaba sin saberlo. Disciplina, austeridad, falsos convencionalismos y cantidades ingentes de ternura.

¿Algo que faltara en mi juventud? un poco de tranquilidad y cordura, una pizca de acierto y habilidad, un puñado de madurez, unas gotas de dureza y grandes dosis de sinceridad. La generosidad, imaginación y sensatez sobraron a manos llenas.

Luego llegan mis primeros estudios, mi afición por la literatura, aquellos ensayos faltos de experiencia pero rebosantes de imaginación e ingenio. Transcurren los aniversarios y cada año veo florecer con más intensidad los árboles de mi jardín. Observo a través de los pliegues de las cortinas dónde se dibujan sensaciones luminosas y esperanzas nuevas.

 

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El reloj concluye las campanadas. Llegado ese punto, algo se rompe en mí. Es como morir dulcemente para nacer de nuevo con más fuerza. Siento como si ese empuje hiciera construir un mundo y fuera el eje fundamental de mi existencia. El hilo conductor no ha de romperse nunca cuando se ha producido el mágico disparo de la imaginación. Debe seguir su trayectoria indefectible, hacia el mismo límite del horizonte donde la vida continúa.

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