El Valle Encantado

Johannes Brahms (1833-1897) German composer. From photograph taken in the the last year of his life. Halftone.

Johannes Brahms inmortaliza una leyenda. Largo tiempo, sin apenas hacer mención a su obra, sin consideraciones ni elogios, muy a mi pesar, al no haber hallado resquicio alguno para valorarlo y admirarlo un poco más, si cabe.

Embebida por otros sonidos que más se ajustaran a las inquietudes del momento, saboreaba otros ritmos y cadencias que reemplazaran su ausencia. Pero al final, siempre estaba ahí. Omnipresente en mis ratos de estudio de latín, cuando preparaba el ingreso a la universidad, en aquellas tardes brumosas de primavera. Mi café se enfriaba y, desde aquel refugio abuhardillado, se podían entremezclar los discursos de Cicerón con ese diálogo entre el cello y el piano de su concierto, en una radio gangosa y desajustada.

Hubo momentos fríos, estados febriles de casi inconsciencia vital, tardes de aplausos y noches de insomnio. A la luz de la luna en una noche clara de verano, o rodeada de trastos y libros en un rincón de mis dominios. todo era melodioso pero intenso, nunca vacío, sino lleno, apretado, visceral.

Aquel lugar alto, casi en el desván, la lluvia de abril sobre el tejado, un diccionario de Latín sobre mis piernas y, no muy lejos, una taza de café con la mirada perdida entre la bruma de aquel valle.

El trasto sonoro balbuceaba de rato en vez algo de Brahms y yo levantaba la vista hacia el ventanuco y admiraba de nuevo el valle. La lluvia caía con pertinacia y olía a primavera. De la tierra se desprendía cierto olor a brotes tiernos.

De un lado, Catilina y Cicerón, de otro, la tarde que avanzaba inexorable y mi café se enfriaba con sabor a fin de semana. Años más tarde, los recuerdos quedarían fundidos en estampas amarillentas.

Ya no queda nada de todo aquello. Se elevó al cielo a formar parte de una gran nube de sensaciones, para permanecer atrapado en una eternidad de momentos.

Y cuando el cielo se encrespe de truenos y relámpagos luminosos en las tardes de Abril, las nubes que escondieron recuerdos y veleidades, dispersarán sobre los campos su tesoro escondido y una lluvia fina nos embriagará de música celestial. Bienvenido seas, Johannes Brahms, en nuestros corazones.

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