El Autillo Curioso

Ya llegaron las lluvias de un otoño impredecible. Pero  esas noches cálidas de un verano que se alargó hasta ayer, las hemos disfrutado con la misma fuerza y ardor que si se tratara de una fiesta interminable.

Cerrad por un momento los ojos y preparaos para observad a oscuras ese mundo nocturno, casi desconocido y silencioso que nos rodea.Volved a recreaos en una cálida y tranquila noche de estío.

 

 

Sobre mi mesa de trabajo papeles desordenados, un pequeño libro sobre la Poética de Aristóteles, el manual de estilo y otros de menor envergadura.

Han dado las once en el reloj de pared y todo parece haber enmudecido de repente. El cuarteto de Brahms suena en voz baja como un susurro. Afuera, a través de la ventana abierta por el sofoco de la noche cálida, se deja sentir el ulular de un autillo. Me visita cada noche. Viene y va. Vuelve una vez más y, desde la copa de un árbol cercano, se aproxima a curiosear. Apago la luz y le busco entre las sombras. Entonces me presiente. Se esconde y remonta el vuelo para cantar desde lejos. Y así juguetea y salta de rama en rama. Luego ya no se oye nada. Trato de olvidarle y prosigo sobre mi hoja de papel a relatar llantos, alegrías, sueños y realidad.

Vamos juntos Brahms en su Intermezzo-Allegro mientras yo deshago lentamente la vida en mil gajos. Suave, en el silencio de la noche, un ruido se escapa desde el tejado. Más tarde, seco, brusco, miedoso un escalofrío se posa sobre mi espalda en una soledad tan embriagadora como enigmática que llega a inquietarme.

El autillo prosiguió su caza nocturna. Dejó una estela de misterio en aquella noche tranquila de finales de septiembre, sin ruidos de ferias ni orquestas de verano, al abrigo de la penumbra, entre árboles preñados de hojas, algo amarillentas por la proximidad de la nueva estación, agitadas por una fina brisa de viento de poniente.

Le esperé una noche más. Esta vez clara y blanquecina como la luna llena. Y no faltó a su cita. Fiel a la consigna de esa pequeña ilusión por curiosear algo nuevo en sus dominios. Y su canto brotó enigmático sobre el fondo del claroscuro entre robles y fresnos del prado vecino.

 

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2 comentarios sobre “El Autillo Curioso

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  1. ¡Hola! ¿Qué tal estás?

    No he podido sustraerme las ganas de pasar y decirte lo bien que escribes. Es un auténtico placer leerte con ese misterio y esa delicadeza con la que cuentas las cosas. Para mí eres la Diane Setterfield española, ya lo sabes.

    Un gran abrazo y sigue deleitándonos con estas maravillas cortas pero intensas; tan intensas como tu prosa.

    Me gusta

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